Twitter, precariedad y temáticas heterogéneas: la poesía joven española se mira en el espejo

  • Dejamos que nueve poetas jóvenes y sus dos antólogos del libro 'Cuando dejó de llover' conversen entre ellos sin saberlo sobre los motivos del apogeo poético de los últimos años. 
Portada del libro 'Cuando dejó de llover. 50 poéticas recién cortadas'.
Portada del libro 'Cuando dejó de llover. 50 poéticas recién cortadas'.
Olalla Sánchez Mateos

Sin tener constancia de ello, no le estaban contestando extrañas preguntas a un periodista, sino a sus propios compañeros de trinchera, si es que la poesía sigue siendo aquel "pequeño pueblo en armas contra la soledad" que escribió Javier Egea (si no lo es, omitimos la metáfora bélica). Con motivo de la reciente publicación de la antología Cuando dejó de llover. 50 poéticas recién cortadas (Sloper, 2021) dejamos que sean nueve de sus autores y autoras y dos de sus antólogos quienes establezcan las conexiones para explicar el sempiterno auge de la poesía joven española, la posibilidad de una generación y los motivos de esta, todo ello en un contexto completamente líquido, como la pantalla del móvil con el que pasaron su adolescencia, e irrefrenablemente digitalizado desde entonces.

"Más que auge de la poesía joven española hablaría de mantenimiento", explica Alejandro Fdez. Bruña, nacido en 1997 y uno de los antólogos, un sentimiento que se iguala al de Luis Bravo (Madrid, 1994), para quien es "una saludable continuación" pues "cada juventud poética busca su lugar e intenta aportar como mejor puede, o apartarse y dar su golpe en la mesa".

Mientras, para Alba Moon, autora cordobesa del 93, el actual apogeo poético es "una consecuencia". "El panorama actual es luminoso y próspero, pero los jóvenes siempre han escrito y compartido sus creaciones, lo que ha cambiado ha sido el canal, ahora más abierto y visible", añade. "Auge… ¿alguna vez existió tal?", deja caer Helena Pagán (Cartagena, 1997) antes de atravesar su respuesta con la siguiente pregunta planteada: ¿Hay sentimiento de generación?

"De existir ese sentimiento –cosa que ignoro–, no nos pertenece a nosotros, sino a los que vienen. Ser o no generación dependerá de los lectores del mañana, ellos leerán la producción poética de hoy bajo una rúbrica que todavía desconocemos (probablemente porque la producción, mientras está sucediendo, ignora etiquetas; estas solo constriñen, limitan)", comenta, un poco más comedida que Marta Ruiz.

¿Generación Twitter?

"El término generación poética es una falacia en sí mismo. Utilizar la disposición espacio-temporal para agrupar voces tan diversas me parece hacer una reducción simplista. Las voces son tan diversas y múltiples que usar solo el criterio generacional para establecer los nexos no sería justo", dispara esta granadina de 1998 para quien "la voz generacional se construye desde la diversidad en una unidad que no sea forzada". Luis Bravo es explícito: "Las generaciones poéticas las hacen los antólogos. En esta no creo que haya un sentimiento unitario, pues son demasiado amplios sus intereses creativos; no creo vayamos todos a una".

En contraposición, y ante la misma cuestión, muchos otros juegan la carta de las redes sociales: en mayor o menor medida, se intuye que quienes hablen de esta "generación" en el futuro no podrán omitir la importancia de Twitter o Instagram en el propio acto creativo. Mayte Martín (Córdoba, 1997): "Sí, claro que hay sentimiento de generación; independientemente de que nuestras poéticas sean más o menos parecidas, casi todas hemos crecido en Twitter, con todo lo que eso conlleva: hemos compartido lecturas, problemas, inquietudes, hemos visto cómo evolucionaban las demás y hemos creado círculos de afectos"

"No hay duda de que internet y las redes están contribuyendo a que exista un marcado sentimiento generacional. Al final, sentirse parte de una generación aporta cierta seguridad de grupo que contribuye a la creación poética", constata Carlos Asensio, mallorquín de 1986 y uno de los más veteranos del libro, quien considera que es "un poco precipitado realizar análisis generacionales" ahora mismo dado que "se ha abusado del término generación para apilar en un solo concepto a poetas o artistas a veces sin ningún tipo de relación".

La espalda arqueada
​ante el peso de un ramo de dalias
​que hace tiempo
​dejaron de estar frescas.
​Ni los niños
​son capaces de aguantar
​la carga que supone
​una naturaleza muerta.
​- María Limón

De forma paralela, aunque con cierta distancia, opina Félix Moyano: "Hablar de generación a estas alturas del partido no tiene sentido. Sí siento una conexión, en parte motivada por la ruptura de fronteras que implican las redes y el encontrarnos tan solo separados por un clic, pero también me da la sensación de que esta conexión, generalmente, es pura fachada fría y superficial. El abanico de voces, es inmenso y, si bien veo ciertos puntos en común, son más las cosas que nos separan que las que nos unen".

Resume finalmente Jorge Arroita, nacido en Salamanca en 1996, otro de los antólogos: "Con la accesibilidad a los medios de información y la visibilidad en redes, toda disciplina ve un florecimiento estadístico, cuantitativo y de heterogeneidad. Ya no hay más grupos cerrados, compartimentos estancos: todo está en-red-ado [sic]. Hoy, el sentido de generación es un sistema multisintético en constante relación y movimiento, una serie de relaciones eficientes entre individuos con génesis y formas de proceder coincidentes".

Juventud, precario tesoro

En una posición, digamos, intermedia, se sitúan María Limón y Sofía Ayllón. La primera de ellas, sevillana del año 2000, a quien no le gusta pensar "en una sola voz, sino en muchas que conversan, que discuten, que aprenden unas de las otras", opina que les une "la condición de creadores": "Ante un momento como el que vivimos, marcado por la precariedad y la inestabilidad económica, seguimos teniendo que reivindicar que la escritura se considere un trabajo que debe ser remunerado como otro cualquiera".

Ayllón (Granada, 1996), añade: "Existe en general un fuerte sentimiento de generación en todo lo que hacemos. Me refiero a todos los retos a los que nos enfrentamos los jóvenes: la precariedad, la cada día más maltrecha salud mental, la desconexión, la apatía, la sensación de aislamiento... y por supuesto eso marca el tipo de poesía que hacemos, y cualquier otra creación artística. La voz poética no surge de forma espontánea ni aislada, existe un sentimiento generalizado, unas vivencias comunes, unas mismas percepciones".

Poetas precarios. Una palabra que se repite recurrentemente en cada entrevista. "La poética de la precariedad es un espacio compartido por muchos de los autores que participan en la antología. Tenemos más de veinte años y no tenemos más expectativas que las de la precariedad, ¿cómo no vamos a dialogar sobre eso? Hablar de juventud en España y desligarlo de la precariedad sería faltar a la verdad", expone Marta Ruiz, mientras que Helena Pagán extrae que "si hoy se practica tanto el ejercicio poético es, en parte, por las condiciones laborales que tenemos los jóvenes".

A veces hablan de ella antes incluso de que se les lanzase una idea al vuelo para ver cómo la recogían: que la actual poesía joven española tiene ciertas temáticas comunes, que se solapan y entremezclan, como espacios permeables. Una sería la poética de la precariedad (relacionada con temas sociales y generacionales, como la vivienda, la incertidumbre o la lucha obrera); una poética del dolor (que verse sobre el cuerpo, las enfermedades o la maternidad); una tercera que se adentre en la familia (herencia, tradición) y otra poética de corte filosófico (con propuestas más intelectuales e inclinaciones léxico-semánticas abiertas). A todas ellas se pueden adscribir, desde sus diferentes perspectivas, el movimiento feminista o el LGTBI.

Sobre esto último, la propia Pagán: "No puedes ser queer para hablar del dolor, pero no para hablar de precariedad o la familia. Quiero decir, si es mi realidad, todo lo que toque —literariamente hablando— va a estar atravesado por ella". O Luis Bravo, que explicita que "uno de los aciertos de quienes ahora escriben" es que "no encuentran problemas a la hora de combinar sus preocupaciones ciudadanas con sus intimidades o gozos", aunque, eso sí, cierta poesía "peca de repetirse en temáticas, la precariedad sobre todo". "Pierde sentido la escritura lírica cuando comienza a asemejarse a un periódico", dictamina.

Sus palabras se pueden ver sustentadas por Félix Moyano, quien si bien tiene "una visión esperanzadora del panorama poético actual" dado que "las propuestas estéticas son cada vez más heterogéneas y divergentes", añade que "los temas son y serán siempre los mismos: amor y muerte". "En el fondo, cualquier texto guarda en sus raíces alguno de estos dos temas universales, en mayor o menor gradación. Veo un especial interés por la precariedad, pero no creo que sea algo novedoso ni característico de nuestra época", resuelve.

Los temas se desean

En cambio, Arroita, antólogo, se muestra a favor de ese mapeo del espacio poético, si bien estima necesario "abandonar la idea de los compartimentos estancos y abrazar teorías de la complejidad propias de lo indeterminado y lo ecléctico". "Los temas y las necesidades expresivas forman los estilos y las condiciones contextuales conforman los temas. La hibridez es uno de los rasgos base de nuestras literaturas actuales". Para él "esa permeabilidad es riqueza: hoy en día la genialidad está más en unir brillantemente dos ideas diferenciales que en crear una original".

Para Alba Moon, hay un elemento clave para la disrupción entre el pasado y el presente: "Todas esas temáticas son comunes en la poesía y han estado presentes a lo largo de varias tradiciones; lo que verdaderamente ha cambiado es el discurso a la hora de canalizarlas".

[...] la memoria es circular como los pozos, me dice.

​los recuerdos solo un eco que se cifra
​en el cómputo silábico de un word, respondo.
​- Helena Pagán

Carlos Asensio, desde su "experiencia como hombre LGTB+, europeo, blanco, de posición acomodada y en la treintena", entiende que si bien "la actual poesía española es riquísima en temáticas (tan apasionantes que se entremezclan)" también es cierto que "los temas no resultan radicalmente diferentes a lo que se escribía hace 20 años". "Lo que varía es la intencionalidad: hoy se escribe para denunciar, para lo diferente y lo silenciado. Y esto implica intencionalidad política de temas que antes daban vergüenza, como el cuerpo, la maternidad, lo queer, la enfermedad, el dolor, la precariedad, el capitalismo...", argumenta.

Estos motivos, juzga Mayte Martín, están muy presentes en los versos de los poetas más jóvenes de España, aun cuando "se hacen difusos a la hora de intentar encasillarlos"; de lo contario, "sacrificamos la originalidad de cada poética, que va mucho más allá de la denominación de la precariedad o del cuerpo". Por eso mismo añade que los movimientos LGTBI y feminista han "impulsado que se hable de una realidad que está aconteciendo desde una perspectiva crítica" dentro de los poemas.

Lo resume Sofía Ayllón: "Al fin y al cabo somos hijos de una misma época, no podemos escapar de los tótems y tabúes de nuestro tiempo. La precariedad condiciona la creación poética, definiendo las voces pero también los silencios. Son muchos los poetas que dejan de escribir porque no son capaces de ver un horizonte de estabilidad. Ahí es donde la posición de clase enlaza con el dolor que mencionabas: las cicatrices físicas, mentales y emocionales que imprimen la precariedad, la incertidumbre, un sentimiento brutal de indefensión, en los autores. La poesía constituye siempre una intelectualidad encarnada, palpable, que se mancha las manos. Y sobre el movimiento feminista o el LGTBI, bueno, el sentimiento subalterno, las voces que hablan desde los márgenes, siempre han estado presentes, quizás eso sí de forma menos evidente. No creo que se trate de una temática nueva, sino de una temática desvelada, redescubierta".

Cuidar cuidados

La propia Ayllón asegura que, en Cuando dejó de llover, le daba miedo "que los poemas apareciesen como edificios aislados que compiten por ver quién es el más alto, generando una ciudad estridente, individualista, feroz". Sin embargo, considera que los poemas "crean una aldea acogedora tanto para los autores como para el lector, que encontrará que hay un cierto compañerismo de desconocidos que construyen en común, que suman su voz sin pretender ahogar la de los demás".

Ese caminar de la mano, aunque sea a través de las redes sociales, es lo que hace "que escritores con las mismas inquietudes y preocupaciones puedan estar en contacto a pesar de no tener la oportunidad para desvirtualizarse", como explica María Limón, quien "no podría entender la poesía mejor que a través de la red de amistades" que esta le ha proporcionado. "Los poetas que más me han marcado son con los que mantengo un diálogo constante sobre literatura, con quienes comparto mi visión del mundo y cómo quiero plasmarla", responde.

"Compartir un espacio es, en muchas ocasiones, crear un lenguaje común. Crear un lenguaje común es establecer un lugar cómodo y de crecimiento. Creo que es una de las características más importantes al hablar de poesía joven española. Las voces se construyen a la vez que los personajes que han creado en sus redes sociales, ¿es acaso la proyección que hacen estas voces en las redes sociales también literatura?", se pregunta Marta Ruiz.

Le responden los antólogos: "Los cuidados me parecen algo esencial dentro de esa interconectividad. La importancia de la diferencia y del valor añadido entre los poemas es clave. Diálogo y dialéctica, sí, y red de cuidados y soporte o sostén. Cambiar las nociones de individualismo que nos impone el neoliberalismo es algo fundamental. Las redes sociales son fundamentales en este hacer, y sintetizan ese diálogo". 

Para Mayte Martín, "el trabajo que hay detrás de la antología está atravesado por los cuidados y el cariño que surgen de trabajar con personas que forman parte de un círculo de afectos que comienza en las redes sociales y que se expande en todas las direcciones". Una certeza que cincela finalmente Carlos Asensio: "Hoy en día es más fácil que nunca estar en contacto con tus coetáneos, leer su poesía e intercambiar consejos, descubrir diferentes formas de escribir, experimentar con las palabras y compartirlo ante cientos de personas en redes". Estas son, por tanto, "un elemento enriquecedor".

Coda marginal

Para finalizar, fragmentos de algunas de sus reflexiones sobre la actual situación de la poesía joven española. Félix Moyano: "Hace falta una oxigenación poética en cuanto a lo estrictamente textual, eso es indudable. Pero también considero que la poesía debería regenerarse, como la política, en un plano institucional: es necesario cambiar nombres, beneficiarios de becas y subvenciones de creación, ganadores y jurados de premios e invitados a festivales o eventos (sobre todo si cuenta con financiación pública)".

Luis Bravo: "El peso de los premios es un problema. Desde hace años parece que si no ganas un premio no editas tu manuscrito. Generalizo, pero la norma es premio-libro-promoción ad nauseam. Y se ven siempre los mismos nombres; cada X tiempo son fulano y mengano los que copan colaboraciones y entrevistas. La poesía de los márgenes sale del banquillo cuando toca, y mejor así, porque lo ídem para escribir es ir a la tuya. Trabajar en silencio y abierto a toda influencia. Leer constantemente, releer lo máximo posible: borrar, corregir, volver a empezar, que ya vendrá el momento. Todo lo demás es palabrería".

María Limón: "Lo peor que hemos podido heredar ha sido la idea de que la literatura es competición. Creo que se crece mucho más abriéndose a escuchar a otros poetas e intentando entender a aquel que de primeras nos parece diferente que perpetuando la endogamia dentro de los círculos".

Antólogos: "La verdadera solución no sería idealizar la periferia sino hacer del margen un nuevo centro. No debemos pensar nuestra literatura actual en los códigos de la histórica, porque entonces fallamos en el análisis. Todo cambió con la globalización, Internet y las redes sociales, y ahora esos patrones marcan los discursos, los sistemas y las formas de actuación. Hay que actualizar la literatura a los códigos actuales, y ser perspicaces, o nos estaremos equivocando".

Sofía Ayllón: "Veo muchísimo talento y lo que es más raro e importante: veo un gran compañerismo. En unos tiempos en los que establecer conexiones significativas parece cada vez más utópico, me queda la esperanza de que somos muchos los que entendemos que sin apoyo mutuo, sin redes de creación, edición y distribución, los autores jóvenes estamos a merced de los grandes conglomerados editoriales, del marketing vacío y de la poesía de usar y tirar. Quiero pensar que este auge de la poesía joven española surge como una clara resistencia a todo esto. Y que nos mantendremos a flote".

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