Anne Igartiburu
Anne Igartiburu 20MINUTOS.ES

Mona, rubia, disciplinada, cordial, trabajadora, inquieta, políglota, cariñosa, modosa, pero sexy; natural, desenvuelta, ambiciosa, ligeramente pija, tatuada, echada para ‘alante', correcta, incombustible...

Con el porte de una sirena nórdica y una suave dicción, Anne Igartiburu entibia cada día los almuerzos de los españoles a medida que va repasando la vida secreta de los famosos o las últimas tendencias de moda.

Antes de que probemos el primer plato, nos llama "corazones" y nos concede unos minutos para que observemos su peinado -con flequillo o sin él, planchado, atrapado en una tirante coleta, en cascada... - y su vestido, seguramente alegre y coqueto. Es la antesala para relatar, con deferencia, los rifirrafes de una Belén Esteban que no siempre tiene suerte en el amor, o el ultimátum de Isabel Pantoja a Julián Muñoz para que abandone su chalé de Marbella.

Para reconfortar el ecuador de nuestro menú, intercala una broma y nos dirige una sonrisa resplandeciente y afectuosa. Todavía elogiará a ese actor "honesto" -uno de sus adjetivos favoritos- y mostrará una galería de mujeres imponentes entre las que, piensan los espectadores, esta presentadora podría figurar.

Chica... para todo

Desde que en febrero concluyera el programa Mira quién baila, las apariciones de Igartiburu en la pequeña pantalla se han moderado. No es lo habitual: el dorado talismán de la televisión pública acostumbra a saltar entre franjas horarios y platós donde se transforma, por exigencias del guión, en minifaldera anfitriona de baile, en reina de las transparencias durante las campanadas de fin de año, en eventual conductora de telemaratón solidario, o en guía de una gala especial.

Hace un tiempo confesó que su objetivo inmediato eran trabajar sin descanso con el fin de poder retirarse mucho antes de que cumpliera la edad de la jubilación. Quizá por ello, esta vasca que iba para directiva de multinacional emplea el escaso tiempo libre que le queda en explotar su faceta de actriz (acaba de rodar en euskera la película La felicidad perfecta de Jabi Elortegui). En otras ocasiones, se ha dedicado a ampliar sus conocimientos en master de gestión, amadrinar proyectos benéficos o redondear sus ingresos con trabajos publicitarios (fue musa de Lancia y embajadora de la ciudad de vacaciones Marina d'Or). También cuida de su hija Noa, la pequeña que adoptó en la India hace casi cinco años.

Sin amor, pero con corazón

Aún le quedan algunas asignaturas pendientes. Como, por ejemplo, liderar un espacio "que aborde sentimientos", en la línea del desaparecido El diario de Patricia, al que le gustaría aportar "un toque personal", según desveló hace unos años. También el granjearse el respeto de los críticos de cine, quienes echan pestes sobre sus cortas apariciones en el celuloide. Su corazón, además, no está ocupado.

Respecto al programa que presenta desde hace once años, la vizcaína ha admitido a veces que puede resultar "blando", pero defiende las virtudes del "no tomar partido" y el ofrecer "la cara amable de la noticia". Detesta los rumores en el periodismo, quizá porque su propia vida se ha visto enredada en ellos.

Fuera del medio, algunos veneran a esta mujer elegante que "sonríe a todos". Para otros, es cursi y melosa. Por su parte, los que la conocen cuentan que tiene varios tatuajes recorriéndola el cuerpo -hubo que ocultarlos cuando posó desnuda en Interviú -, unas cuantas relaciones a sus espaldas, debilidad por las Harleys y el Athletic de Bilbao, y que sus tortillas de patatas se cuentan entre las mejores del mundo. Ahí es nada.

Amores y maletas

El rodaje de La felicidad perfecta ha obligado a Igartiburu a tomar hasta cuatro vuelos semanales. Sin embargo, no teme que su hija le eche en cara sus ausencias, ya que el tiempo que le dedica es "intenso".

Hacer y deshacer el petate no es nuevo para ella: a los 16 se fue a EE UU, donde se graduó en Empresas. Más tarde vivió en Luxemburgo y Francia. Al volver a España, la comunicación la atrapó y trabajó en ETB, Telecinco y TVE, donde hoy continúa. Mientras se suceden sus éxitos laborales, en el amor ha tenido menos suerte y aún no ha encontrado su media naranja.

En su currículo amoroso figura un romance con el fallecido Fernando Martín, un breve matrimonio con el bailarín Igor Yebra, otra corta relación con el empresario Álvaro Fuster y supuestos affaires con toreros o tenistas que ella no ha confirmado.  Sí, habla el lenguaje de la prensa rosa pero, sobre todo, ama su privacidad.