El presidente de Estados Unidos ha recuperado una vieja esperanza. Barack Obama pretende que el mundo quede libre de la amenaza que supone el armamento nuclear. Lo defendió ante la OTAN y lanzó una oferta de diálogo a Rusia para limitar sus arsenales atómicos.

Se trata de lograr, incluso, la firma del Tratado de Prohibición Total de Ensayos Nucleares

Se trata de lograr, incluso, la firma del Tratado de Prohibición Total de Ensayos Nucleares. Este acuerdo ya ha sido suscrito por 148 países, pero sólo entrará en vigor con la aprobación de EE UU, China, India, Indonesia, Pakistán, Israel, Egipto y Corea del Norte.

Seis décadas después de Hiroshima, la historia dice que el presidente estadounidense no lo tendrá nada fácil.

Muchos inconvenientes

  • ESTADOS UNIDOS. Pese a las buenas intenciones de Obama, su propio países es el primer escollo. En primer lugar, porque no renuncia al escudo antimisiles en Europa del Este que tantos enfrentamientos le ha provocado con Rusia. Otro inconveniente es su credibilidad limitada por ser el único que ha utilizado la bomba atómica. Pero incluso en términos internos se puede en contrar con la oposición de los políticos republicanos y quién sabe si algunos demócratas. Además, no hay que olvidar el peso que para la economía de EE UU tiene el sector armamentístico. Pese a la crisis, Obama ha decidido mantener su presupuesto militar para 2010, reduciendo el gasto en armamento pesado en favor de las tropas.

  • COREA DEL NORTE. Siempre ha utilizado la baza nuclear como moneda de cambio para lograr apoyo financiero y energético con EE UU. Su inclusión en el Eje del Mal por parte del ex presidente estadounidense George W. Bush, la expulsión de los inspectores de la ONU, su última provocación con la prueba balística, el cierre de alguna instalación nuclear, etc., son gestos de presión en la negociación. Pero lo más importante: Corea del Norte se siente cercada y usa esta amenaza ante sus potenciales enemigos.

  • PAKISTÁN Y LA INDIA. Ambos pertenecen al club de los oficiosos: no declaran su armamento nuclear, aunque lo tienen. Además, no han suscrito el Tratado de No Proliferación Nuclear. Su enfrentamiento regional les lleva a una competición de la que sólo saldrán si el otro también accede.

  • ISRAEL. Tampoco lo reconoce y, además, se ha negado a firmar en varias ocasiones el Tratado de No Proliferación. No está dispuesto a renunciar a las armas atómicas, una baza en sus constantes enfrentamientos con los países árabes del entorno.

  • IRÁN. Gracias al apoyo de Rusia, está desarrollando su propio programa nuclear con fines militares, según los datos de los inspectores de la ONU. Sin embargo, la República Islámica se defiende argumentando el uso energético de sus instalaciones e investigaciones.


De Hiroshima al 11-S

Tras las dos bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki, al final de la Segunda Guerra Mundial, comenzó la carrera atómica. La del desarme es paralela: una avanzaba mientras la otra retrocedía.

De la crisis de los misiles de Cuba (1962) se pasó a los primeros tratados de no proliferación. En los años ochenta, la guerra de las galaxias del presidente de EE UU Ronald Reagan devolvió el belicismo. En los noventa, tras el derrumbe de la URSS, volvieron los acuerdos, con Rusia como interlocutor.

El comienzo del siglo XXI ha estado marcado por los atentados del 11 de septiembre y el nacimiento de un enemigo difuso: un terrorismo que el Bush más bélico trató de combatir y que ha dejado el planeta más armado que nunca.