Los vecinos impiden que avancen las obras de cocinas fantasma

  • En Barcelona no dejan pasar a los operarios y logran que inspecciones municipales paren los trabajos.
  • Se proyectan macrolocales de hasta 1.400 m2 en zonas vecinales.
  • Expertos, ciudadanía y partidos políticos piden regular las 'dark kitchen', que aumentan con la pandemia.
  • El auge del ‘delivery’ hace crecer las marcas sin local abierto al público, con menos coste que un restaurante tradicional.
Una de las 'dark kitchens' de Coocció en la capital catalana.
Una de las 'dark kitchens' de Coocció en la capital catalana.
COOCCIÓ

Las 'dark kitchens' o 'ghost kitchens', cocinas a puerta cerrada que solo venden mediante 'apps' de comida a domicilio y que proliferan a raíz de la pandemia, intentan hacerse fuertes en Barcelona, pero la presión vecinal les está cortando el paso. Si bien ya hace unos años que se empezaron a establecer en la capital catalana de una forma discreta, ahora la promotora Cooklane proyecta macroespacios en medio de barrios de la ciudad, lo que ha generado una oposición frontal de sus habitantes. Ocurre en Les Corts, donde quiere abrir una nave de 1.400 metros cuadrados con 40 cocinas, y en Sant Martí, distrito en el que pretende poner en marcha otra de 565 m2 con 20. En ambos casos el vecindario ha parado las obras por el momento.

"Han venido tres días operarios a intentar descargar o a hacer algún trabajo y lo hemos impedido", explica Verónica Soto, portavoz de la plataforma Vecinos Afectados por las Cocinas Fantasma, sobre las instalaciones que se quieren construir en Sant Martí, en una nave en un interior de manzana junto al mercado. "Si tiene que haber extractores de 20 cocinas, la chimenea pequeña no será, y hay balcones encima", apunta, y no solo se queja del humo, sino también de la "basura" que se puede generar, los "olores" y las posibles "cucarachas". Afirma además, que la zona se llenará de riders. "Esta es una calle pequeña y vamos a tener miles de motos y bicicletas", dice.

La nave (aún sin techo)  que se quiere destinar a 'ghost kitchens' en Sant Martí.
La nave (aún sin techo) que se quiere destinar a 'ghost kitchens' en Sant Martí.
MIQUEL TAVERNA

"No nos metemos con el modelo de negocio porque es el futuro. Cuando acabe la pandemia seguirá porque nos hemos acostumbrado a pedir que nos traigan comida a casa. Pero estas cocinas deberían estar en zonas más industriales", opina Soto. Explica que desde el Ayuntamiento les han asegurado que el proyecto no es irregular, pero pide "que se revise la normativa", porque cuando se creó, las 'dark kitchens' no existían.

Por su parte, fuentes municipales señalan que "el promotor tiene un comunicado de obras y desde el Distrito se hace seguimiento" de los trabajos.

Más del 60% de consumidores espera mantener los pedidos a domicilio al acabar la pandemia, según un informe de Bain&Company

La plataforma vecinal, sin embargo, prevé contratar un abogado para tomar medidas legales y está recogiendo firmas y organizando concentraciones semanales los jueves. "Vamos a ir a por todas, aunque sabemos que tenemos un largo camino por delante", asegura Soto.

Pancartas de protesta en Sant Martí.
Pancartas de protesta en Sant Martí.
MIQUEL TAVERNA

También las obras del macrolocal de cocinas fantasma de Les Corts, en Felipe de Paz con Emèrita Augusta, se han frenado por ahora por la movilización de la ciudadanía. Se han unido en su contra nueve entidades vecinales, con el apoyo de la Federació d’Associacions de Veïns de Barcelona (FAVB). Al percatarse del proyecto, alertaron al Distrito, que hizo una inspección técnica, detectó que no se disponía de una licencia de obras mayores y paró los trabajos, explican desde el Consistorio.

"De la noche a la mañana vimos una señora chimenea", recuerda Ana Ramon, presidenta de la Associació de Veïns del Camp Nou. Y sigue: "Va a ser un vertedero, la calle se llenará de contenedores y ya hay nueve, y luego están las ratas, las cucarachas y los malos olores. No se puede permitir. Que se lo lleven a una zona industrial".

Los vecinos, además, apuntan que esta macrococina pone en peligro los restaurantes del barrio, y que está en la superilla de Les Corts, que les "vendieron" como un espacio pacificado y se convertirá en "una entrada masiva de vehículos de mercancías y repartidores las 24 horas".

La chimenea de Les Corts que alertó a los vecinos.
La chimenea de Les Corts que alertó a los vecinos.
MIQUEL TAVERNA

Sin marco legal

Desde el Ayuntamiento explican que "no existe el concepto urbanístico ni administrativo de cocina fantasma, y por lo tanto, no hay un registro de este tipo de actividad". No entran a valorar la necesidad de regularla.

Por su parte, Josep Maria Català, profesor colaborador de los Estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), se posiciona al lado de los vecinos y afirma: "Es necesario que las administraciones regulen el sector. No son restaurantes, pero deben tener licencias propias que obliguen a un mínimo de control. Sin embargo, hoy por hoy están en un vacío legal".

Además, el grupo de ERC en Barcelona ha pedido en repetidas ocasiones al gobierno municipal "que actúe ante la proliferación de cocinas fantasma".

El Gremio de Restauración, no obstante, prefiere "no hacer declaraciones sobre el tema".

"Un 90% menos de inversión inicial"

Entre las 'dark kitchens', con origen en los Estados Unidos, las hay de restaurantes con un local abierto al público que deciden alquilar más cocinas solo para el 'delivery', y también de marcas que únicamente operan por internet. Los responsables de estos establecimientos para elaborar comida aseguran que los cocineros no los ponen ellos, aunque clientes consultados por este diario perciben a veces diferencias entre lo que comen en un determinado local y lo que les traen del mismo a casa. 

Un ejemplo de empresa en Barcelona que ofrece 'ghost kitchens' es Coocció, que abrió hace cinco años y alberga a su vez la de Glovo, que la cede a sus negocios de restauración asociados a cambio de comisiones más altas y exclusividad.

Xavi Carmona, propietario de Coocció, explica que disponen de un local de unos 500 m2 con 11 cocinas fantasma para marcas individuales y otra compartida que se alquila por horas. Además de cobrar un alquiler, la empresa se lleva comisiones por los pedidos. "Las dark kitchens permiten entrar al negocio con costes bajos. Suponen un 90% menos de inversión inicial que un restaurante tradicional y un 30% menos de costes fijos", afirma Carmona.

Un caso sin quejas

Coocció está en la calle Morales, en Les Corts, y no ha sido motivo de quejas vecinales que se hayan hecho públicas. "No tenemos ninguna", asegura Carmona, y señala que se esfuerzan para tener los pedidos listos rápido, con el objetivo de que "los riders estén en la puerta el mínimo tiempo posible" y no se arme alboroto en la vía pública. Este diario pasó por delante de Coocció hace pocos días a la hora de la cena y solo había cinco, que hacían escaso ruido. La calle, además, estaba limpia, y no tenía más contenedores que cualquier otra de Barcelona.

Los responsables de Coocció, no obstante, no permitieron a este diario acceder a hacer fotos. Prefirieron enviarlas ellos. Los de Cooklane y Glovo, por su parte, optaron por no proporcionar información para este artículo. Las 'dark kitchens', al menos en algunos casos, no solo tienen de oscuro el nombre.

"Me da para sobrevivir"

Mario Ponce, a raíz de la Covid, tiene cerrado su restaurante, Cal Màrius, y emplea su cocina como 'dark kitchen'. Una empresa le ofreció cuatro marcas de comida ya posicionadas y él elabora los pedidos. Dice que trabaja solo y únicamente tres horas al día, porque "no hay suficiente faena". Sin embargo, afirma que esta fórmula le permite "sobrevivir" y no tener que cerrar su restaurante definitivamente. "Tuve que buscarme la vida", apunta.

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