Ratificada la prisión provisional para los anarquistas italianos detenidos por quemar un furgón de la Guardia Urbana

  • El magistrado confirma el encarcelamiento de los ocho arrestados decretado por el juzgado de guardia.
Arde una furgoneta de la Guardia Urbana de Barcelona durante una manifestación de Barcelona en apoyo a Pablo Hasel.
Arde una furgoneta de la Guardia Urbana de Barcelona durante una manifestación de Barcelona en apoyo a Pablo Hasel.
Europa Press

El juzgado de instrucción número 2 de Barcelona ha ratificado la prisión provisional sin fianza para los ocho detenidos que habrían actuado en grupo y organizados en los disturbios del sábado 27 de febrero en Barcelona por la libertad de Pablo Hasel y durante los cuales ardió una furgoneta de la Guardia Urbana en las Ramblas, han confirmado fuentes judiciales.

Se trata de cinco hombres y una mujer de nacionalidad italiana, otra mujer francesa y una octava de nacionalidad española, vinculados al anarquismo. La causa está abierta por los delitos de homicidio en grado de tentativa, atentado a agentes de la autoridad, desórdenes públicos, daños, manifestación o reunión ilícita y pertenencia a grupo criminal.

Los Mossos detuvieron a estas ocho personas durante los altercados del sábado y el lunes hicieron registros en dos naves industriales ocupadas de Canet de Mar y Mataró. La policía catalana informó de que formaban un grupo "violento y organizado" que dieron por desarticulado con sus detenciones, aunque en sus declaraciones aseguran que no se conocían.

En la interlocutoria de prisión, el magistrado de guardia explicaba que en la manifestación del miércoles 17 de febrero ya se detectó la presencia de un grupo compacto de personas que hablaban en italiano entre ellas y que participaban activamente en los disturbios. 

Por eso los Mossos decidieron seguirlos en las siguientes manifestaciones, y el sábado 27 de febrero había diversos agentes infiltrados. El dispositivo de seguimiento pudo observar a 15 personas que hablaban en italiano entre ellas y que, de forma “coordinada y muy violenta”, provocaban ataques a comercios y entidades bancarias. 

El grupo estaba liderado por dos jóvenes con impermeable con una franja refractante en la espalda y que daban órdenes al resto, incluso con palabras clave, órdenes acatadas inmediatamente.

Uno de los dos líderes llevaba un martillo con el que rompían los escaparates, y luego aparecía otro grupo, del que se desconoce si tenían relación entre sí, que se dedicaba a incendiar los establecimientos. Con este método asaltaron una oficina del Banc Sabadell de la calle Hospital, una de Caixabank en la avenida Drassanes, una del Santander en la plaza de la Boqueria, una del BBVA en la Rambla, y una de Kutxabank en la Rambla de Catalunya. 

También asaltaron la tienda de Zara de plaza Catalunya, con daños calculados en 500.000 euros, y el hotel NH de la Rambla Catalunya.

Los agentes que seguían al grupo pudieron observar cómo estos alborotadores no solo actuaban sobre los establecimientos, sino que también destrozaban mobiliario urbano. Así, por ejemplo, uno de los miembros abría las tapas de las farolas de la calle y otros cortaban los cables para dejar la calle a oscuras. 

Todos los miembros del grupo, además de acatar las órdenes, daban cobertura al resto de compañeros, y por eso impedían violentamente a los periodistas que grabaran sus acciones y formaban un círculo para proteger a los autores directos de los destrozos.

El grupo se dirigió a la comisaría de la Guardia Urbana de la Rambla, donde  lanzaron todo tipo de objetos contra la línea policial y los vehículos. Uno de los encarcelados, A.F., que ejercía de líder, lanzó un objeto incendiario contra los agentes, pero el cóctel impactó contra un árbol. Después lanzaron una bengala que acabó bajo la furgoneta policial, e inmediatamente después la rociaron con un líquido inflamable, lo que provocó las llamas que rodearon al vehículo. El conductor pudo salir por la puerta del copiloto cuando ya sentía el calor de las llamas, y los mossos que llegaron al lugar de los hechos pudieron apagarlas.

Según el magistrado, analizando las imágenes y el atestado policial, se deduce que había una acción coordinada para incendiar la furgoneta, sin importarles que dentro hubiese un agente.

La investigación policial apunta a A.F., italiano, como la persona que lanzó el cóctel molotov que impactó en un árbol, y S.C.C., italiana, que lanzó el líquido inflamable en la furgoneta. El primero, además, era el que llevaba el líquido inflamable momentos antes de los hechos. 

Los agentes también aseguran que una de las encarceladas llevaba una mochila que después llevaba otra de las arrestadas. En una de las mochilas que abandonó una de estas detenidas había 20 pastillas incendiarias, un bote de disolvente y un trapo impregnado de un líquido con un fuerte olor. Las dos arrestadas llevaban ropa que desprendía olor a disolvente o gasolina. Dos de los arrestados, además, fueron sorprendidos cuando se quitaban la ropa impermeable juntos.

Otros elementos para determinar que eran un grupo, según el magistrado, es que viven en el mismo domicilio y que todos llevan un encendedor idéntico y “muy singular”.

Por todo esto, por las graves penas que podrían suponer los delitos que se les atribuyen, por el hecho de que siete de ellos sean extranjeros y por tanto puedan huir y por el riesgo de reiteración delictiva en próximas manifestaciones violentas pro-Hasel, el magistrado justificaba la prisión preventiva.

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