Una revolución tecnológica del siglo pasado: ¿cómo nos cambió la vida la cinta de cassette?

Las marcas Maxell y TDK popularizaron las cintas de cassette en los setenta.
Maxell y TDK popularizaron las cintas de cassette en los setenta.
M. Tyrrell - Wikipedia

Este miércoles hemos oído la triste noticia de que Lou Ottens, el inventor de las cintas de cassette, falleció el pasado sábado en Holanda a los 94 años.

Lo cierto es que para todo aquel que sea menor de 20 o 25 años, lo de las cintas puede sonar a prehistoria y poco valor sentimental tendrán para ellos. Pero hay generaciones enteras que se han criado escuchándolas en Radio Cassettes -si eran de doble pletina, mejor-, rebobinándolas con un boli -los Bic eran lo más- y grabando en ellas de la radio su mix de canciones favorito para el verano.

¿Sabías que la cinta de cassette es un invento europeo? A principios de los sesenta, Ottens dirigió el equipo que la desarrolló en la compañía Hasselt, propiedad de Philips, el orgullo de Holanda en el sector de la electrónica fundada en 1891 por Gerard Philips en Eindhoven.

En 1964 se culminó el invento, se patentó y se mandó a fabricar en masa en Alemania. Un año después empezó a comercializarse en Europa y en 1969 desembarcó en Estados Unidos.

La cinta de cassette fue toda una revolución para la época, aunque no fue instantánea. De hecho, en sus primeros días de vida, era algo más bien secundario: a finales de los años sesenta y principios de los setenta, era tan pobre la demanda que incluso se lanzaban los álbumes de música en cassette después de que se hubieran puesto a la venta los LP -algo así como lo que ocurría con las películas, que primero se estrenaban en el cine y después de un tiempo se ponía a la venta el VHS-.

A la cinta le costó entrar porque inicialmente tenía inhabilitada la función de grabar, es decir, servían solo para reproducir, no para grabar. Escuchar era una parte importante, pero también lo era tener la capacidad de registrar algo: la cassette tenía sentido porque era de mucho menor tamaño que el magnetófono, al que podemos considerar su predecesor, y era compacto, por lo que se planteaba como un equipo de fácil transporte, a diferencia de aquel. Pero sin poder grabar, la cosa no terminaba de convencer.

Finalmente llegó a mediados de los años setenta la cinta virgen, introducida por la casa japonesa Maxell. Poco después TDK se subió al carro y comenzó a comercializarlas también. Los nostálgicos seguro que recuerdan vívidamente la imagen de la cassette con cualquiera de estas dos marcas.

1979. Sony Walkman TPS-L2. Ahora es estándar llevar un MP3 minúsculo, pero hubo un tiempo en el que cargar con un walkman y comprar cintas de casete esa lo más normal. (<a href="http://blog.wired.com/wiredphotos6/2006/12/sony_has_a_repu.html" target="_blank">WIRED</a>)
Hubo un tiempo en el que llevar un walkman y comprar cassettes era lo más.
WIRED

En este terreno, en el de la grabación, el magnetófono fue el soporte que quedó condenado al olvido. Pero también hubo ‘perdedores’ en el plano de la reproducción y sin duda uno de ellos fue el LP. Los discos de vinilo, que como buena pieza del pasado y la nostalgia ahora vuelven a estar de moda, vivieron días oscuros cuando la gente se dio cuenta de que podían escuchar su música en un soporte cuatro veces más pequeño y portátil.

En 1980, apareció la cinta de metal de mayor calidad y las compañías discográficas empezaron a lanzar simultáneamente los LP y las cintas de cassette. Además, paralelamente, empezaron a aparecer los walkmans, aquellos pequeños reproductores de cassette portátiles con auriculares que marcaron a los jóvenes de los 80 y los 90. Fue un duro golpe para los vinilos porque permitían escuchar música en cualquier momento y en cualquier lugar.

¿Y qué pasó? Pues, que como todo en la vida, la tecnología siguió avanzado. En los países occidentales, comenzó su declive a finales de los noventa. 

Vinieron los miniDisc, los Compact Disc, los reproductores MP3, los USB y, finalmente, Internet y el streaming y ahora pocos recuerdan ya el peso que tuvo durante generaciones esa entonces pequeñísima pieza de tecnología que nos permitía por primera vez andar por la calle o ir en el coche escuchando nuestras canciones favoritas.

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