Del anonimato a la fama y flipando con solo atravesar un espejo, así es 'The Dancer' y su mecánica

Miguel Ángel Muñoz, Lola Índigo y Rafa Méndez, en el plató de 'The Dancer'.
Miguel Ángel Muñoz, Lola Índigo y Rafa Méndez, en el plató de 'The Dancer'.
LA 1 / FREEMANTLE

La cadena pública La 1 ya tiene en el disparadero de salida un nuevo concurso para su prime time, un talent show llamado The Dancer, en el que participarán bailarines de todo tipo y condición, tratando de hacerse con el premio final de 25.000 euros. 

The dancer es un concurso que ya se ha estrenado en otros países y que ha sido creado por Simon Cowell, el mismo ideólogo de otros concursos como Factor X o Got talent.

El concurso tiene la siguiente mecánica: El o los concursantes, pues pueden ser individuales o grupos y los hay desde los 8 años los más jóvenes a los 74 años el más mayor, llaman a un timbre situado fuera de los estudios de Freemantle, productora del formato para La 1. 

Después son recibidos por una recepcionista, llamada Mariú. Ella tiene su propia historia curiosa: Mariú es una redactora del programa, que entró para seleccionar concursantes, pero que acabó delante de las cámaras después de un casting que el programa hizo entre su propio equipo. 

Ella se encarga de recibir a los concursantes y preguntarles por su historia, sus motivaciones, interaccionar con ellos... algo que no será privado, como veremos más adelante. 

De la entrevista pasan a la llamada sala del espejo, una sala que reproduce el espacio de ensayo de cualquier escuela: suelo de tarima, luz y un gigantesco espejo para verse mientras se baila y corregir errores. 

Lo que probablemente no saben los concursantes es que detrás de ese espejo hay un gigantesco plató desde el que les están viendo los tres capitanes del concursoMiguel Ángel Muñoz, Rafa Méndez y Lola Indigo, además del público y los dos presentadores, Ion Aramendi y Sandra Cervera.  

Estos últimos, el público, son fundamentales, porque son los que decidirán quién pasa a la siguiente fase o no. 

Antes de eso, tanto los capitanes como el público ha podido ver la llegada del concursante a la recepción, por lo que conocen su historia y su personalidad. 

Los cerca de 240 personas del público tienen un botón. Si quieren que el concursante pase, pulsan un botón. 

Pero no solo la calidad del número que haga el o los bailarines cuenta: cada uno de los concursantes lleva consigo a una persona que antes del número hace un alegato a favor del artista al que acompaña. 

Si al menos al 75% del público en el plató le conmueve la historia, el alegato o el número, y vota en positivo, el gran espejo se abre y el artista pasa de estar bailando solo en una sala a estar delante de los capitanes y del público, algo que provoca muchas sorpresas, pues la mayoría piensan que tan solo están haciendo un casting. 

Así, deben seguir bailando aunque su audiencia haya pasado de 0 a casi 250 en unos segundos. O si bien no se abre el espejo, tendrán que irse por donde han venido. 

Una vez acabado su número y si han sido elegidos pasan a la segunda fase: la selección. Esta puede ocurrir por dos vías. Al final de cada gala todos los artistas seleccionados salen al escenario y los capitanes pueden elegir a uno solo para su equipo. Pero además, en cada programa uno de los capitanes podrá tener la potestad de fichar a uno de los concursantes justo después de su actuación, con lo que este irá directo a las semifinales. 

En total habrá seis galas de audiciones, una gala llamada La decisión final, donde hay otro cribado de concursantes y por último, las semifinales y la final. En total, 11 galas de dos horas aproximadamente cada una. 

En total, se verán 74 números de baile que van desde disciplinas clásicas a folklore tradicional español, flamenco, bailes de salón, baile moderno... 

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