España, el 10 de marzo de 2020: cunde el miedo al desabastecimiento y Sánchez anuncia medidas "contundentes"

Supermercado en Santiago durante la crisis del coronavirus
Supermercado en Santiago durante la crisis del coronavirus
EUROPA PRESS

Mientras la COVID-19 avanzaba imparable en España y dejaba a su paso una cantidad creciente de positivos y un rosario de actividades suspendidas, la inquietud aumentaba de manera exponencial entre la población, que el 10 de marzo arrasó en los supermercados ante el miedo al desabastecimiento. Las restricciones a la movilidad recién aprobadas en Italia y los confinamientos aplicados en China contra el virus llevaron a la ciudadanía a hacer acopio de bienes de primera necesidad, en un frenesí que provocó largas colas en muchos negocios de alimentación y dejó bajo mínimos sus estanterías ese martes. 

La incertidumbre era máxima en un país que temía que lo ocurrido en ambas naciones se replicase en España y que, en apenas una semana, había visto cómo el número de casos se multiplicaba por 10, al pasar de los 150 del 3 de marzo a los 1.622 del día 10. También la cantidad de fallecidos crecía de manera progresiva y se situaba ya en 36, al tiempo que aumentaba la incidencia acumulada (3,47 casos por cada 100.000 habitantes en los últimos 14 días) y subían los ingresos en UCI a causa del coronavirus. Todo ello llevó al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a anunciar "medidas contundentes".

En una comparecencia a última hora en la Moncloa, el presidente subrayó la "determinación máxima" del Ejecutivo para atajar el avance de la pandemia: "Haremos lo que haga falta, donde haga falta y cuando haga falta, y juntos, no les quepa duda, superaremos esta crisis". Así se expresó Sánchez en una intervención en la que avanzó algunas medidas económicas en las que trabajaba el Gobierno, como facilitar liquidez a las pymes -mediante líneas de crédito del ICO o moratorias en el pago de impuestos- y flexibilizar horarios laborales y facilitar reducción de jornadas ante el cierre de centros educativos.

"Haremos lo que haga falta, donde haga falta y cuando haga falta, y juntos, no les quepa duda, superaremos esta crisis"

Asimismo, para amortiguar un impacto que dio por hecho, pero que esperó que fuera "transitorio", anunció "ajustes temporales" para que no hubiera despidos en los sectores más afectados por la pandemia. Poco después, ya confinados y en pleno estado de alarma, se traducirían estas iniciativas iniciales se transformarían en los consabidos ERTE. Además, garantizó medidas para asegurar el suministro y la producción de medicamentos y de acceso sanitario.

Avance del coronavirus el 10 de marzo de 2020.
Avance del coronavirus el 10 de marzo de 2020.
DSN

Colas en los supermercados

Estanterías vacías y largas colas fueron las imágenes que se repitieron a lo largo del país en muchos negocios de alimentación ese martes, motivadas por las restricciones a la movilidad recién aprobadas en Italia y los confinamientos aplicados en China contra el virus. El temor a que España se convirtiera en el espejo de ambos países y el miedo al desabastecimiento generaron una afluencia desmedida a los supermercados, que llevaron a las grandes cadenas a llamar a la calma a la población. 

Ante esta coyuntura, también el Gobierno apeló a la tranquilidad de los ciudadanos a la hora de acudir a las tiendas a adquirir alimentos o productos de higiene y reiteró que no existía ningún problema de abastecimiento

Suspensión de actos y cierre de centros culturales

Cuando la ciudadanía todavía mantenía la esperanza de que la pandemia pasase de puntillas por España y las restricciones tuvieran una duración breve, llegó uno de los grandes mazazos que contribuyó a comprender la magnitud de la crisis. La Generalitat valenciana suspendió las fiestas de la Magdalena de Castellón y aplazó las Fallas, que nunca llegarían a celebrarse. Pocos días después llegaría la cancelación de otras tradiciones multitudinarias como las procesiones de Semana Santa.

Por su parte, el Ayuntamiento de Madrid ordenó el cierre durante quince días -que serían muchos más- de las bibliotecas, teatros, centros culturales y polideportivos; una decisión que se unió a la clausura de guarderías, colegios, institutos y universidades que ya había adoptado la Comunidad.

También en Madrid -y en La Rioja y las localidades alavesas de Vitoria y Labastida-, el Gobierno decidió la suspensión de todos los eventos en espacios cerrados de más de 1.000 personas y la reducción a un tercio del aforo en los recintos de menor capacidad a causa de la incidencia del coronavirus. Además, el Congreso y el Senado suspendieron la actividad parlamentaria.

Mejora Asia, mientras Europa se hunde

En el escenario internacional, la crisis originada por el coronavirus en Asia -y especialmente en China- parecía suavizarse, en una jornada en la que la ciudad donde se originó la pandemia cerró todos sus hospitales temporales para hacer frente a la COVID-19. En el extremo opuesto, Italia estrenaba ese mismo día medidas sociales y de movilidad restrictivas generalizadas, que impedían salir a la calle o desplazarse por el territorio si no era por motivos laborales, de salud o de necesidad.

En ese marco, el Gobierno nacional suspendió todos los vuelos directos entre Italia y España durante 14 días -además de cancelar todos los viajes del Imserso- para evitar la propagación del virus. Por su parte, Dinamarca desaconsejó desplazarse a Madrid, La Rioja y País Vasco, por ser las regiones más afectadas dentro del país.

Ese martes, la Organización Mundial de la Salud (OMS) informó de 113.851 casos confirmados de coronavirus en todo el mundo, de los cuales 4.274 correspondían a las últimas 24 horas, prácticamente todos ellos fuera de China. Los fallecidos por COVID-19 ascendían a 4.012, de los cuales 872 habían muerto fuera del gigante asiático. 

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