Balcones morados, protestas reducidas y pancartas: el feminismo se muestra en la calle pese a no poder manifestarse

Una familia aplaude desde su balcón en Madrid por el 8 de marzo.
Una familia aplaude desde su balcón en Madrid por el 8 de marzo.
Ricardo Rubio / EP

Mucho se ha dicho acerca de que este 8-M iba a ser diferente y sobre todo en la Comunidad de Madrid lo ha sido. La forma en la que se ha reclamado la igualdad ha distado mucho de la de otros años y también de la manera en la que el movimiento feminista tenía pensado hacerlo. Pero pese a la pandemia del coronavirus y las prohibiciones, el feminismo ha luchado por reinventarse y las reivindicaciones no han dejado de estar presentes en las calles madrileñas. 

Consciente de que en esta ocasión la Covid impedía la convocatoria de manifestaciones multitudinarias, desde la Comisión 8M Madrid habían optado por la organización de concentraciones de no más de 500 personas, distribuidas por diferentes puntos y respetando las medidas de seguridad. La jornada arrancaba sin embargo con la resolución por parte del Constitucional de mantener la prohibición de todos los actos de ese tipo. El alto tribunal corroboraba así lo dicho por la Delegación del Gobierno primero y por el Tribunal Superior de Justicia de Madrid después, bajo el argumento de que existía un "alto riesgo" de que el virus se propagase. 

Los colectivos feministas han acatado lo dictaminado por la justicia con indignación, especialmente tras ver imágenes como las de este fin de semana, en las que varios centenares de aficionados del Atleti se reunían en los alrededores del Wanda Metropolitano durante el partido contra el Real Madrid sin medidas de prevención. Esa indignación ha aumentado después de que varios murales feministas amaneciesen vandalizados este lunes por parte de la extrema derecha. 

En este contexto, mientras en otros puntos de España se han realizado marchas, en la Comunidad las mujeres estaban llamadas a llenar ventanas y balcones con símbolos y consignas. Globos, toallas, pañuelos, cartulinas en forma de corazón, pancartas, en definitiva cualquier elemento morado, ha servido para lanzar un clamor mudo en favor de los derechos de las mujeres. "Nuestra lucha no se confina. El machismo es pandemia", "Ni una menos", "Libres, iguales, diversas" o "El futuro es feminista" son algunos de los lemas que han colgado de las fachadas. 

Abajo, en la calle, los escaparates y ventanales de algunos comercios y locales se han teñido igualmente de púrpura y varios viandantes han querido sumarse también a este día vistiendo algún distintivo de ese color; camisetas, bufandas o mascarillas a las que se han sumado paraguas cuando a primera hora de la tarde ha empezado a llover con intensidad sobre la ciudad.  

Solo el Sindicato de Estudiantes y algunos grupos de activistas, no demasiado numerosos, han desafiado las prohibiciones. Al mediodía, decenas de jóvenes han protestado en la Puerta del Sol al grito de "8 de marzo sin mordazas; este Gobierno no es feminista; mujer trabajadora, libre y luchadora". Durante la sentada se ha producido un incidente, en el que ha habido una herida cuando dos mujeres, sin la mascarilla puesta, han increpado a los manifestantes y la Policía ha tenido que intervenir. A las seis de la tarde varias personas han marchado por la calle Alcalá hasta Cibeles. "Nos quieren sumisas, nos tienen combativas" y "La historia se escribe con desobediencia. Su represión no nos amedrenta" han coreado. 

La jornada se ha cerrado a las ocho, con aplausos, pitidos y caceroladas desde ventanas y portales. La Comisión del 8-M había instado a "hacer ruido" a esa hora, sin superar el límite de veinte personas que marca la ley para que una reunión pase a ser considerada concentración y requiera ser autorizada. El colectivo también ha animado a la lectura del comunicado que habían preparado. "Ante este sistema que no da respuestas a nuestras necesidades vitales, ejerce violencias contra nosotras y nos pone en riesgo, sabemos que la única forma de transformarlo todo es avanzar hacia un horizonte feminista donde entremos todas en nuestra diversidad. ¡Viva el 8 de marzo!", concluye el documento. Un 8 de marzo que el año que viene esperan poder volver a celebrar saliendo a llenar las calles. 

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