Juncal Sevilla: “Las mujeres adultas con TDAH son personas extremadamente vulnerables”

  • Un 3,4% de los adultos padecen TDAH, un trastorno que puede llegar a ser devastador si no se trata.
La doctora Juncal Sevilla Vicente, psiquiatra en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz y en el Hospital Ruber Internacional.
La doctora Juncal Sevilla Vicente, psiquiatra en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz y en el Hospital Ruber Internacional.
Juncal Sevilla

Se calcula que un 3,4% de los adultos padecen TDAH, un trastorno que se ha asociado tradicionalmente a la infancia, pero que sigue afectando a la población adulta, especialmente si no se ha tratado en la niñez.

La doctora Juncal Sevilla Vicente, psiquiatra en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz y en el Ruber Internacional, nos explica qué consecuencias puede tener un diagnóstico tardío y por qué hay que estar atentos, sobre todo en el caso de las mujeres.

Se relaciona el TDAH con la infancia, pero casi un 3,4 % de los adultos lo sufren. ¿Por qué es menos visible a esa edad?

Ese porcentaje puede ser incluso mayor, porque en unos países este dato es más alto, y pensamos que está infradiagnosticado. Y el problema es que la psiquiatría de adultos no está habituada a manejarlo, a verlo y a diagnosticarlo. Nosotros en psiquiatría nos guiamos por clasificaciones diagnósticas, y tanto en la europea como en la americana, el TDAH solo se contemplaba en el bloque de diagnósticos infantil. En el adulto no aparecía porque los neurólogos y los psiquiatras pensaban que era un trastorno madurativo del neurodesarrollo que con la edad desaparecida. Sin embargo, de varios años de investigación se ha llegado a la conclusión de que, lejos de desaparecer, si no se trata en la infancia, en la edad adulta las consecuencias son muy graves para muchas personas.

Un adulto con TDAH, ¿es un niño que no fue diagnosticado en su momento?

Hay dos escenarios que es muy importante que la gente conozca. Por un lado, el niño que sí fue diagnosticado y tratado, pero que cumple 18 años y, por la escisión que hay en el sistema sanitario, se le da el alta en psiquiatría infantil, y como la idea que teníamos es que en la edad adulta desaparecía, se consideraba que no necesitaban un seguimiento. Luego hay otra situación en la que muchos de los niños nacidos en los 60, 70, 80… no se diagnosticaban porque directamente, si tenías problemas de conducta, adicciones o fracasabas en los estudios… te ponían a trabajar, pero no te llevaban a un psiquiatra.

Si un niño es diagnosticado y tratado correctamente, ¿cómo llega a la edad adulta?

En principio, debería seguir con el tratamiento salvo que, como se ha dado en algunos casos, el trastorno haya remitido. Esto ocurre a veces porque el tratamiento que se instaura en una edad temprana puede modular las redes neuronales y permitir que en la edad adulta no haya tratamiento, que esté épocas sin tomarlo… Pero, en general, no hay razón alguna para dejar el tratamiento cuando te haces mayor.

“A un niño se le exige que estudie, que se porte bien... a un adulto que trabaje, que pague una hipoteca, que tenga una familia… una serie de responsabilidades que son más difíciles de cumplir cuando tienes TDAH”

¿Por qué es más difícil de diagnosticar en la edad adulta que en la infancia o la adolescencia?

Porque no es común ver a un adulto hiperactivo, y, aunque el TDAH puede llevar asociada la hiperactividad o no, mucha gente lo asocia con niños que no están quietos, que no paran… Además, el TDAH en adultos lleva asociados síntomas o comportamientos con el que muchos neurólogos o el psiquiatra no está familiarizados desde el punto de vista médico, como personas desorganizadas, que siempre llegan tarde, que pasa por ser perezosa, que se olvida cosas, que es muy despistado, que tiene conductas adictivas, compulsivas… El psiquiatra a veces no lo identifica porque la propia sociedad estigmatiza están conductas.

¿A qué problemas se enfrenta un adulto con este trastorno?

A muchos, tiene muchas consecuencias, desde ansiedad y depresión, hasta conductas adictivas… Esto les lleva a muchos problemas, como que le cuesta conservar un trabajo, tienen más accidentes de tráfico porque les cuesta focalizar la atención… Tienen mucho más riesgo de que les pasen muchas más cosas, porque en las personas con TDAH la zona del cerebro que se ocupa de la ensoñación, de los pensamientos errantes, de divagar… están más están mucho más activa que las zonas que se centran en una tarea concreta… y es algo que no pueden controlar.

¿A veces se confunde con otros trastornos?

Más que confundirse con otros trastornos, es que, al no haber sido diagnosticados y tratados de niños, el TDAH deriva en otros trastornos, porque cuando tienes un TDAH durante toda tu vida y no te han tratado es muy habitual que derive en ansiedad, depresión, adicciones… Estas personas ven que todo a su alrededor es un desastre, que no son capaces de organizarse, que llegan tarde, desde niños se les ha estigmatizado, han sido expulsados de colegios…

¿Es distinto el trastorno entre hombres y mujeres?

Sí, y creo que es muy importante destacarlo. No es que el trastorno sea diferente, sino que hay matices que vienen condicionados por las propias cuestiones hormonales, porque los estrógenos y la progesterona afectan al cerebro de la mujer y hacen que el TDAH se manifieste de manera distintas en distintos momentos del ciclo. Y por otro, por un problema de roles y de género, porque de la mujer en la sociedad se sigue esperando cosas distintas que de los hombres, y muchas mujeres con TDAH no pueden cumplir con las expectativas que se espera de las mujeres a nivel escolar, familiar… Por este motivo, las mujeres todavía sufren más el no diagnóstico, y están más infradiagnosticadas. En las niñas, por ejemplo, se manifiesta menos con hiperactividad y conducta, y más con depresiones, ansiedad… los síntomas pasan más desapercibidos. Si a esto unimos que se les exigen unas cosas en la sociedad con las que no pueden cumplir por este trastorno sin diagnosticar, convierte a las mujeres adultas con TDAH en personas extremadamente vulnerables. Hay que tener mucho cuidado para que no se nos escapen.

“Hay sectores negacionistas que afirman que este trastorno no existe, cuando no sólo existe, sino que llega a devastar vidas muchas veces”

¿Qué diferencia y en qué parecen un niño y un adulto con TDAH?

En realidad, no hay diferencia, los síntomas son los mismos, solo que las exigencias de la sociedad a una edad y a otra son distintas. A un niño se le exige que estudie, que se porte bien y que tenga amigos, a un adulto que trabaje, que pague una hipoteca, que tenga una familia… una serie de responsabilidades que son más difíciles de cumplir cuando tienes TDAH.

Una vez bien diagnosticado, ¿cómo es tratamiento?

Es el mismo que el de los niños. El más común es el de los llamados estimulantes, que tienen muy mala fama porque la gente piensa que son drogas, y lo que son es fármacos diseñados para suplir en el cerebro de estas personas la no regulación de la dopamina y de noradrenalina, que son sustancias que nos ayudan a realizar tareas ejecutivas, de atención, de concentración, de regulación emocional… Lo que ocurre es que hay otras sustancias ilegales, que sí son drogas, como la cocaína o la metanfetamina, que a nivel molecular son muy parecidas, por eso hay personas con TDAH que cuando consumen estas sustancias, en lugar de excitarse como les ocurre a la mayoría de las personas, les calman y les ayudan, y por eso se enganchan. Y por eso tienen que estar medicados, y de una manera muy controlada, porque si no, su cerebro, instintivamente, buscará los efectos que producen esos fármacos en sustancias como el alcohol, el cannabis u otras drogas. Los fármacos son muy efectivos y actúan en el momento, son necesarios y muy seguros.

Además, los fármacos se complementan con psicoeducación, que es explicar al paciente y sus familiares el trastorno y por qué le ocurre lo que ocurre y se les ayuda a desarrollar estrategias para hacer más fácil su día a día.

¿Qué pedís los profesionales para que este trastorno se diagnostique y se trata mejor?

Yo creo que lo que habría hacer es pedírselo a los profesionales, que es básicamente que le pierdan el miedo al diagnóstico, que se formen y que lo consideren en sus diagnósticos, porque todavía hay sectores negacionistas que afirman que este trastorno no existe, cuando no sólo existe, sino que llega a devastar vidas muchas veces

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