La Caballería de Valdemoro
'Colombiano' y 'Coracero', junto a sus jinetes, patrullan un parque de Valdemoro. JORGE PARÍS

A mediados de los años cincuenta, la Guardia Civil experimentó un gran cambio en su estructura interna. Las cuadras de cada comandancia fueron dando paso a los nuevos medios de automoción, y el caballo, hasta entonces básico en el Cuerpo, fue perdiendo terreno. Es entonces cuando nace el Escuadrón de Sables y Caballería como unidad especial en Madrid.

Participan en misiones especiales de seguridad y protección del medio ambiente

De esta reducción sólo quedan los 146 de Valdemoro. Su cualidades físicas y de apariencia los hacen insustituibles en más de un centenar de misiones especiales de seguridad y protección del medio ambiente.

Sólo el año pasado, el Escuadrón realizó más de 1.200 servicios por toda España; 46 actuaciones de control de masas y orden público, 153 de seguridad ciudadana, 786 de prevención de incendios y medio ambiente. Misiones a las que habría que sumar unas 50 salidas de protocolo y honores en fiestas y desfiles.

Jornada de trabajo

En la base ecuestre de Valdemoro (sur de Madrid) todo empieza de madrugada. Hay que limpiar a los caballos, dar clases de instrucción, cursos de reciclaje, preparar los camiones, horas de monta y doma, veterinario y, eso sí, siempre preparados por si hay una emergencia. Además, con la llegada de la primavera raro es el día que no reciben la visita de algún centro escolar.

Cumpliendo con la agenda, hoy toca misión de reconocimiento. Colombiano y Coracero, junto a sus jinetes, recorrerán las inmediaciones de una urbanización de montaña del sur de Madrid.

Aprovechamos la altura del caballo para ver dentro de las viviendas"

"Utilizamos la altura del caballo para ver dentro de las viviendas. De esta forma, mejoramos la vigilancia de un coche y además, como no hacemos ruido, los ladrones no se percatan que llegamos", explica unos de los jinetes.

Mientras, el resto de los compañeros siguen en la base. El Escuadrón se ha comprometido a desfilar en las procesiones de Lorca (Murcia) y tienen que cambiar los herrajes. Otros trabajan con los caballos en el picadero, saltando obstáculos y realizando ejercicios de coordinación.