Por qué Japón ha tardado tanto en empezar a vacunar contra el coronavirus

  • El país inició la semana pasada la vacunación con el objetivo de inocular a toda su población antes de los Juegos de Tokio.
Una enfermera recibe una dosis de la vacuna de Pfizer contra la COVID-19, en Tokio, Japón.
Una enfermera recibe una dosis de la vacuna de Pfizer contra la COVID-19, en Tokio, Japón.
BEHROUZ MEHRI / EFE

Pese a que Japón no ha sido uno de los países más golpeados por la pandemia del coronavirus, la cercanía por la celebración este año de los Juegos Olímpicos de Tokio no ha supuesto un aliciente para acelerar la vacunación contra la Covid-19 de cara a este gran evento mundial.

El país oriental comenzó a vacunar a su población de 126 millones de habitantes la semana pasada, dos meses más tarde que otros países como Israel, Reino Unido o EE UU.

Mientras que EE UU ha inoculado ya más de 68 millones de dosis, Japón tan solo ha administrado unas 18.000, según los datos proporcionados por el Gobierno nipón y que recoge CNN.

Aunque la incidencia de casos en Japón no es tan alta como en los países occidentales —ocupa el puesto 37 en el ranking de contagios que elabora la Universidad Johns Hopkins de EE UU—, en los últimos meses ha experimentado un repunte que ha aumentado la presión en su sistema sanitario.

Por el momento, Japón está empleando en su campaña de vacunación la vacuna de Pfizer, sobre la que los reguladores japoneses tardaron dos meses en dar su visto bueno, ya que Pfizer solicitó la autorización en diciembre.

Los motivos del retraso en la vacunación contra la Covid son varios. Por un lado, Japón tiene una de las tasas más bajas de confianza en las vacunas. Una encuesta llevada a cabo por la cadena estatal NHK indicaba que el 38% de los consultados no quería ser inoculado, frente a un 50% que sí deseaba hacerlo y un porcentaje restante de encuestados no tenía una respuesta clara por ahora o preferían esperar a tener más información sobre los efectos secundarios.

Esta "percepción generalizada" de desconfianza ciudadana en las vacunas se remonta a una serie de anteriores campañas públicas de vacunación que terminaron en escándalo o polémica, según apunta Haruka Sakamoto, investigadora de Políticas Sanitarias Globales de la Universidad de Tokio.

La más reciente fue la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH), cuya aplicación generalizada dejó de ser recomendada por el Ministerio de Salud en 2013 tras la aparición de numerosas informaciones en la prensa local sobre sus efectos secundarios, pese a que su eficacia y su seguridad son reconocidas por la OMS.

A esto hay que sumar el cauteloso proceso de aprobación de las vacunas en Japón. Su normativa nacional exige que los fármacos sean sometidos a pruebas clínicas con pacientes locales, sin tener en cuenta que hayan recibido la autorización por parte de reguladores de otros países.

En este sentido, la vacuna de Pfizer solicitó la autorización para su uso en Japón en diciembre y no fue hasta mediados de febrero cuando se aprobó. Moderna y AstraZeneca han solicitado igualmente la autorización, a la espera de recibir respuesta por parte del Gobierno japonés.

La campaña de vacunación nacional en Japón ha comenzado por el personal sanitario y personas de edad avanzada y con enfermedades crónicas, para continuar con el resto de la población entre mayo y julio, según el calendario avanzado por los medios locales. 

El objetivo, según las autoridades, es inocular diariamente en torno a un millón de personas para tener cubierta a toda su población el mismo mes en que se celebren los Juegos Olímpicos de Tokio, cuya inauguración está prevista el 23 de julio.

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