Los expertos expresan su "miedo" a una cuarta ola: esta es la época de inicio que se espera para el temido repunte

Una sanitaria con probetas para pruebas de PCR
Una sanitaria con probetas para pruebas de PCR
MARTIN DIVISEK / EFE

La aprobación de las primeras vacunas contra la Covid a finales del año pasado llegó como una primera y tenue luz en la larga noche pandémica y dibujó, apenas un año más tarde de que comenzara la tragedia, la posibilidad de un final. Pero el lento despliegue de las dosis y la aparición de nuevas variantes del virus están llenando de piedras el camino de vuelta hacia la normalidad.

La mayoría de países europeos se encuentran ahora en un punto bajo de la epidemia tras superar una ola que ha sido para varios de ellos -por ejemplo, Reino Unido, Alemania, Portugal, Polonia o Grecia- más letal incluso que la primera sacudida. Sin embargo, en la mayoría de estas naciones los casos se reducen cada vez más despacio, cuando no han empezado a repuntar de nuevo.

Haciendo suyo aquello de "en tiempos de paz, prepárate para la guerra", la canciller alemana, Angela Merkel, ya ha advertido de que Alemania se encuentra en una tercera ola pandémica y alerta sobre el peligro de levantar restricciones demasiado rápido. A la vez, en centroeuropa, República Checa, Eslovaquia, Hungría o Polonia ven cómo sus curvas vuelven a doblarse hacia arriba

Las señales de preocupación que llegan del Viejo Continente resuenan ya en España, donde Sanidad reconoce que la bajada de la incidencia se está ralentizando mientras comunidades como Aragón, Extremadura, Castilla-La Mancha, Galicia, Andalucía, Madrid o Comunidad Valenciana comienzan a levantar la mano con las restricciones.

En este clima de calma chicha, expertos como Margarita del Val en España (en una conversación con este periódico) o el virólogo Christian Drosten en Alemania ya han advertido sobre los riesgos de una nueva ola cuando el proceso de vacunación está aún en sus primeras fases y las nuevas variantes del virus van abriéndose paso.

Para aportar algunas claves que ayuden a entender a qué podemos enfrentarnos 20minutos.es ha conversado con tres profesionales de sociedades médicas españolas y todos coinciden: mientras no haya vacuna para todos, las 'viejas' recetas de distancia social y mascarilla siguen siendo la mejor arma.

¿Crees que debería facilitarse la movilidad para la Semana Santa y aliviar las restricciones?

¿Habrá cuarta ola?

"Llevamos un año y tres olas y el comportamiento de la pandemia es cíclico, nunca ha habido una estabilidad clara. La velocidad a la que está bajando es enorme, pero tenemos el miedo a que esto revierta. Y es un miedo fundado, no es ni mucho menos descartable". Quien habla es Manuel Franco, portavoz de la Sociedad Española de Salud Pública (Sespas) y profesor en la Universidad de Alcalá de Henares y asociado en la Johns Hopkins.

"Yo espero que la cuarta ola no sea tan dramática como las previas porque ya vamos a tener a los vulnerables vacunados y espero que se note la mejoría del tiempo, que nos permitirá hacer más actividades al aire libre. Mi apuesta es por una cuarta ola pero no de tan grandes dimensiones como la que había", apunta, por su parte, la doctora Yvelise Barrios, inmunóloga y portavoz de la Sociedad Española de Inmunología (SEI).

"La diferencia entre una cuarta ola que arrancara en las próximas dos semanas a una que lo hiciera tras el verano es muy grande, y de este hecho dependen decenas de miles de vidas".

"Todo va a depender de que vuelva a haber contactos sociales en masa como los ha habido en Navidad. Si volvemos a incurrir en el mismo fallo habrá una cuarta ola. El tema es cuál va a ser la intensidad, cómo vamos a llegar. Lo que todos tememos es que esta ola llegue después de Semana Santa", aporta Julián Olalla, portavoz de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (Seimc) y especialista en Medicina Interna.

¿Cuándo llegará? ¿Será más leve o más grave?

En un escenario en el que se espera que la llegada de vacunas dé un salto a partir del segundo trimestre con la aparición en escena de la vacuna de Janssen y la llegada de mayores partidas de Pfizer, una de las claves de un hipotético próximo incremento de casos es lo que los angloparlantes han dado en llamar el timing. 

La diferencia entre una cuarta ola que arrancara, por ejemplo, en las próximas dos semanas a una que lo hiciera tras el verano es muy grande, y de este hecho depende el destino de decenas de miles de vidas. Con solo un 2,6% de la población española inmunizada con las dos dosis, la mayoría de mayores de 65 sin vacunar y una seroprevalencia inferior al 20% a nivel nacional, una pronta y rápida escalada en la transmisión podría resultar trágica en estos momentos.

En cambio, si se consigue mantener la incidencia en niveles bajos aprovechando la inercia del descenso y se pospone todo lo posible la nueva ola, habrá más margen para proteger a grupos vulnerables. 

Todo ello dependerá de cómo avance la vacunación, las nuevas variantes, la velocidad de la desescalada y de eventos que podrían multiplicar los contagios, como es el caso de las vacaciones de Semana Santa, que previsiblemente se solaparán con la llegada masiva de vacunas prevista para abril.

"Quiero pensar que va a ser en otoño, porque tendríamos una población significativamente alta vacunada, inmune. Pero no descarto que sea antes, por desgracia. Hay que tomarse la Semana Santa con esa mirada de proteger y cuidar y no de salvar ni de relajar", opina Manuel Franco, de Sespas.

¿Qué papel jugarán las vacunas?

"Las vacunas van a ser un antes y un después", apunta la doctora Barrios. Y los datos le dan la razón. Un estudio publicado en New England Journal of Medicine sostiene que la vacuna de Pfizer logró reducir un 94% las infecciones sintomáticas tras las dos dosis y las muertes en un 72% tras una sola pasadas dos semanas.

El proceso de inmunización se enfrenta a dos grandes enemigos: los cuellos de botella en la producción y la aparición de nuevas cepas capaces de reducir su efecto. Sin embargo, aunque las mutaciones puedan reducir la eficacia a nivel de anticuerpos, no todo acaba en eso.

"Las vacunas también generan inmunidad celular, y la defensa de los individuos a través de estas células citotóxicas es menos dependiente de los cambios. Creemos que va a suponer una diferencia considerable respecto a la protección que vamos a tener", señala la portavoz de la SEI.

A falta de que aparezcan estudios que arrojen luz sobre en qué medida las vacunas pueden reducir la transmisión -y no solo mitigar la gravedad de la enfermedad-, conseguir que los más de 9 millones de españoles mayores de 65 años, muchos de ellos enfermos crónicos, estén inmunizados cuanto antes es el primer paso hacia el fin de la epidemia.

¿Y las nuevas variantes?

La aparición de la variante británica (B.1.1.7) primero, las sudafricana (B.1.351) y brasileña (P1) más tarde y ahora otras dos en Nueva York y California, que parecen lograr que el virus se transmita con más facilidad, hacen presagiar que la aparición de mutaciones que hagan al coronavirus más peligroso no será una rareza.

No en vano, la variante británica ya está detrás de más de la mitad de los casos detectados en la última semana epidemiológica en Galicia (53,3%) y en Cataluña (47,6%) o Canarias (45,7%) ha alcanzado una prevalencia elevada, según datos del último informe al respecto del Ministerio de Sanidad

Ahora bien, los efectos que pueda tener la aparición de nuevas variantes en la epidemia, aunque es preocupante, aún es incierta.

"La cuarta ola puede no ser una ola pequeña si predomina la variante británica. Si en un encuentro familiar se contagiaba un 10-15% con esto casi se va a doblar el número de contactos. Es un 70% más de transmisibilidad, que no es despreciable ni mucho menos", sostiene Julián Olalla, de Seimc. 

Aunque todo apunta a que las vacunas actualmente disponibles son eficaces al menos contra la variante británica, el hecho de que haya tan pocas personas inmunizadas deja a la gran mayoría de la población expuesta a una forma del virus mucho más contagiosa y más presente entre la población, lo que podría traducirse en un rápido ascenso de los casos. 

"No nos podemos consentir como sociedad volver a pagar el precio que hemos pagado en Navidades. Ni los muertos ni los ingresos en UCI", resume el doctor Olalla, que apuesta por mantener las medidas que hasta ahora han funcionado para reducir los contagios: mascarilla, ventilación y distancia social.

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