Jóvenes con Asperger reivindican "su espacio" para trabajar y estudiar en igualdad

  • En un evento online, varios jóvenes expusieron su experiencia en el mundo educativo y del trabajo.
Miembros de la confederación de Autismo en España.
Miembros de la confederación de Autismo en España.
Confederación Autismo España

Aline Bravo, Sofía Mediavilla y Breixo Santa son tres jóvenes diagnosticados de Síndrome de Asperger (autismo sin discapacidad intelectual asociada) convencidos de su derecho a estudiar y a trabajar como el resto de la ciudadanía. Es más, los tres están seguros de que, con los apoyos precisos, son capaces de lograrlo y por ello piden a la sociedad que “les haga espacio”, tal y como reza la campaña que la confederación Autismo España ha lanzado con motivo del Día Internacional del Síndrome de Asperger.

En un evento online organizado por esta entidad, los tres jóvenes expusieron su experiencia en el mundo educativo y del trabajo, aspectos sobre los que la campaña hace este año especial hincapié.

Aline Bravo nació en Brasil, aunque sus primeros años de colegio los cursó en Estados Unidos. Lleva 13 en España, donde desde hace seis trabaja como diseñadora gráfica en IBM. "Yo cursé un grado de FP de Imagen y Sonido, pero en IBM entré como administrativo, solo porque sabía inglés”, aclara.

Esta compañía "está apostando por atraer a empleados con TEA y desarrolla programas de apoyo muy interesantes", según explica. A los seis meses tuvo "la oportunidad de empezar como diseñadora gráfica, porque vieron que había estudiado para ello".

Según Aline, "este no es un puesto muy habitual para una persona con Asperger", ya que "tienden a pensar que todos somos programadores". "Lo cierto es que dentro del Asperger hay gente muy distinta, como en todas partes", apostilla.

A su juicio, la clave de su éxito en IBM radica en la colaboración por parte de sus compañeros y de la propia empresa. "Hay grupos de apoyo para personas con TEA o con TDAH, por ejemplo, y también nos ayudan desde Recursos Humanos". "Se han dado cuenta de que, si nos tratan bien, nos quedamos y trabajamos mucho", añade riendo.

Breixo Santa, que estudió un grado medio de Informática en Galicia, coincide con Aline en la importancia del apoyo del entorno. "En mi empresa (una subsidiaria de Microsoft) no hay programas específicos, pero yo he recibido mucha ayuda de mis compañeros. Ellos comprendieron mi manera de aprender y de hacer las cosas", apunta, y "cuando ha habido situaciones que me han creado ansiedad o estrés, me han ayudado mucho".

Desde hace un año, Breixo se dedica a dar soporte a clientes de Oriente Medio y de otros países. Está contento, "aunque esto de hablar con gente a la que no conoces de nada no es el punto más fuerte de los Asperger", bromea con sorna gallega.

Faltan apoyos

Tanto Aline como Breixo empezaron sus estudios en Estados Unidos y, al llegar a España, echaron de menos "más adaptaciones" en el sistema educativo.

Según Breixo, él pasó de tener un profesor que le ayudaba continuamente en clase a "quedarse solo". Además, declara que en el instituto donde quiso cursar una FP Superior de Programación le recomendaron dejarlo. "No querían hacer el esfuerzo de formar a sus profesores para que me enseñasen a mí", subraya.

Aline cree también que el tránsito entre el mundo educativo y el mercado laboral "es muy rígido" en España, a la vez que lamenta la falta de estructura dentro del proceso.

Sofía Mediavilla estudia en la actualidad un grado de Historia, y denuncia también la ausencia de apoyos durante su etapa previa. "Durante la ESO y el Bachillerato, tenía que hacer el doble o el triple de esfuerzo para aprobar", recuerda. "Tenía clases particulares de todas las asignaturas hasta en vacaciones".

Diagnóstico tardío

Tanto es así que el sobresfuerzo físico y mental que hubo de hacer para superar el Bachillerato le pasó factura y cayó en una depresión. De hecho, fue una de las psiquiatras quien le dijo "que podía presentar síntomas de asperger", recuerda Sofía. Así "fue como me diagnosticaron".

Hasta entonces, nada. También Aline fue diagnosticada de adulta, mientras que cuando Breixo era niño, pensaban que tenía síndrome de Tourette.

Los tres coinciden en que el diagnóstico tardío ha sido parte de sus dificultades, porque les impidió recibir la ayuda y las adaptaciones que hubiesen necesitado.

Logopedia, psicoterapia para el estrés y la ansiedad, entrenamiento en habilidades sociales y de comunicación… son parte de las terapias que los tres realizan deforma habitual. Sin embargo, han logrado hacerse un hueco en la empresa y en la universidad, y saben que las personas con Síndrome de Asperger "son tan válidas como cualquier otra".

Por eso, piden a las administraciones, las empresas y el conjunto de la sociedad "una oportunidad" para demostrarlo, como Aline y Breixo ya han conseguido en sus respectivos empleos y Sofía aspira a lograr cuando concluya la formación universitaria.

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