Caza de focas
Dos pescadores canadienses agrupan los cuerpos de varias focas cazadas. Paul Darrow / REUTERS

Decenas de pescadores canadienses, armados con rifles y palos, empezaron este martes a cazar las primeras de las 280.000 focas, de un total de 5,5 millones, que este año perecerán en las aguas del Atlántico de este país, renovando la polémica entre Ottawa y las organizaciones de defensa de los derechos animales.

Rusia anunció que prohibirá la caza de focas de menos de un año en su territorio

La primera fase de la caza de focas se concentrará en los hielos flotantes que rodean las islas de la Magdalena, en el centro del Golfo de San Lorenzo, informó el Ministerio de Pesca canadiense. Las tripulaciones de entre 15 y 20 embarcaciones se encuentran en el área. Pero los fuertes vientos de la jornada están empujando los hielos flotantes, sobre los que reposan las manadas de focas, hacia las costas del archipiélago de las Magdalena, lo que permitirá que algunos pescadores cacen los animales desde tierra.

La caza de este año está marcada por la creciente presión sobre Canadá para que impida, o al menos reduzca, esta cacería que es calificada como la mayor matanza de mamíferos marinos del mundo. A principios de marzo, la comisión de Mercado Interior del Parlamento Europeo propuso prohibir totalmente la comercialización en la Unión Europea de productos derivados de foca. Y la semana pasada, Rusia anunció que prohibirá la caza de focas de menos de un año en su territorio.

Son las focas de pocas semanas de vida, todavía incapaces de nadar, los ejemplares que constituyen el grueso de los animales cazados en Canadá.

Los argumentos

Los ecologistas consideran que la caza es inhumana y el beneficio económico para los pescadores mínimo. Por su parte, el gobierno canadiense ha dicho que sus estudios avalan que las focas no sufren y sólo se protestan las actividades de los pescadores canadienses para poder recaudar decenas de millones de dólares en Estados Unidos y Europa.

Sin embargo, un informe realizado en 2007 por científicos del Panel de Salud y Bienestar Animal de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) concluyó que en la práctica los pescadores no siempre aplican las medidas para evitar el sufrimiento de las focas y que esos animales mueren de forma lenta y agónica.