El futuro de sus cuatro hijos. Fue el primer pensamiento que tuvo Marie-Laure Picat cuando en otoño de 2008 los médicos le diagnosticaron un cáncer terminal. A esta francesa, de 36 años, tan sólo le restan unas semanas de vida.

Desde entonces no ha cesado en su empeño para garantizar que, a su muerte, sus hijos puedan crecer juntos en su entorno habitual en la localidad francesa de Puiseaux, a 40 kilómetros de París, y no sean separados en distintas familias de acogida.

Tras intensos meses de lucha implacable contra la Administración, Picat ha conseguido su objetivo. Sus hijos, con edades comprendidas entre los dos y los once años, vivirán juntos con una familia de acogida elegida por su propia madre, a apenas un kilómetro de su residencia actual. El padre biológico de los niños, un camionero que nunca se ocupó de ellos, ha renunciado a su custodia.

Yo no sé qué les va a ocurrir a mis hijos tras mi muerte. Simplemente espero que nunca les falte amor y que sean felices

Picat ha reconocido públicamente la influencia de los medios de comunicación en la resolución del conflicto. "Quise mediatizar el asunto y tres semanas después de la intervención de la prensa los papeles para la asignación de la familia de acogida ya se habían firmado", ha declarado Picat ante la prensa francesa.


Toda su experiencia y lucha contra la enfermedad aparece reflejada en El coraje de una madre, un libro recientemente publicado donde Picat asegura que la elección de los futuros padres adoptivos de sus hijos "es un derecho esencial que todos deberían tener".

"Yo no sé qué les va a ocurrir a mis hijos tras mi muerte. Simplemente espero que nunca les falte amor y que sean felices", asegura Picat en su libro, subrayando que ahora puede irse "tranquila".