¿Sin ganas de sexo? Estos pueden ser los motivos de la falta de deseo

  • Determinadas enfermedades, cambios físicos u hormonales y el consumo de medicamentos pueden estar detrás de esta inapetencia.
  • El estrés de la vida diaria es una de los principales factores para dejar de lado el deseo y las relaciones sexuales.
Mujer en la cama sin deseo sexual tras el parto
La falta de deseo sexual puede tener su origen tanto en .
GTRESONLINE

Aunque con el inicio de la pandemia y el casi instantáneo confinamiento global muchos llegaron a vaticinar un baby boom para el 2021, lo cierto es que las primeras encuestas - la principal de ellas realizada en Estados Unidos a 10.000 personas- concluyó que el 50% de las parejas habían dejado de tener relaciones durante su aislamiento por culpa del coronavirus y, claro está, por el estrés y la incertidumbre que trajo consigo.

Obviamente, hay muchas otras razones por las que puede disminuir el interés por el sexo y, por desgracia, suele ser común la creencia de que ya volverá solo o bien de que no hay posible solución para este problema. Ni lo uno ni lo otro, los expertos aseguran que dejar pasar el tiempo, ocultar el problema a la pareja o dejarnos llevar por el autoengaño pueden acabar por acrecentar el problema y convertirlo en algo crónico.

Por lo tanto, el primer paso para combatir la inapetencia sexual debería ser buscar el origen para encontrar, a su vez, la posible solución en manos de un especialista médico o de un terapeuta sexual o de pareja.

¿Cuáles pueden ser las posibles causas de esta falta de deseo? Por un lado, éste podría deberse a causas físicas como alguna enfermedad, cambios físicos u hormonales o el consumo de medicamentos. Por ejemplo, enfermedades como la artritis, el cáncer, la diabetes, la presión arterial alta, la enfermedad de las arterias coronarias o las enfermedades neurológicas pueden afectar de forma importante a la sexualidad.

Además, el consumo de ciertos medicamentos, sobre todo los antidepresivos, disminuyen el deseo sexual. Por supuesto, el estilo de vida también es un factor de riesgo: un consumo excesivo de alcohol o drogas puede afectar al deseo sexual y fumar disminuye el flujo sanguíneo y, por ende, la excitación.

A esto, habría que sumar el dolor durante las relaciones sexuales o la falta de orgasmos. Si no se disfruta, las ganas de sexo caerán en picado. Y en el caso de las mujeres, habría que añadir las cirugías relacionadas con los pechos o el aparato genital - que pueden afectar a la imagen corporal y como consecuencia provocar la inhibición sexual- y los cambios hormonales relacionados con la menopausia - al bajar los niveles de estrógeno puede disminuir la libido-, el embarazo y la lactancia - por la fatiga, los cambios corporales y el estrés de cuidar al nuevo bebé-.

Cuando las causas no son físicas, la respuesta suele encontrarse en causas psicológicas. En este caso, una comunicación abierta y clara con la pareja y la ayuda de un terapeuta suelen hacerse esenciales. Pero, ¿dónde encontramos el origen de éstas?

En el estrés de la vida diaria encontramos uno de los principales enemigos: el exceso de tareas y trabajo que nos imponemos, los problemas económicos, la falta de tiempo, el cuidado de los hijos, las labores domésticas, los compromisos sociales... pueden provocar que dejemos de lado el deseo y las relaciones sexuales.

En muchas ocasiones, determinados problemas de salud mental como la depresión y la ansiedad están detrás de esta inapetencia.

Por supuesto, determinadas experiencias sexuales negativas en el pasado, la falta de educación sexual o determinados prejuicios sociales y familiares que asocian el sexo con un tabú pueden provocar esa falta de interés por las relaciones íntimas.

Otras veces, la falta de excitación está conectada de una forma muy directa con complejos propios o una falta importante de comunicación con la pareja. Por ejemplo, la frustración por no alcanzar el orgasmo, la baja autoestima en la imagen corporal, estar demasiado pendientes de cómo nos ve el otro durante la relación sexual limitando el propio disfrute o la incapacidad o incomodidad para hablar de lo que nos gusta en la cama.

A todo esto habría que añadir diferentes problemas originados por la falta de conexión con la pareja, los conflictos o peleas sin resolver o bien los relacionados con la falta de confianza.

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