Rosa López: el sacrificio de la voz que unió a España

Rosa López, en una actuación en 2018 en Madrid.
Rosa López, en una actuación en 2018 en Madrid.
GTRES

Rosa López tiene novio. Y lo ha presentado en sociedad a través de una exclusiva en la Biblia del corazón con un reportaje fotográfico color pastel que ha hecho las delicias de sus seguidores.

Poco acostumbrada a hablar sobre sus relaciones, quiebra sus principios porque, confiesa, Joaquín es el amor más seguro y sincero que ha encontrado nunca. Y eso que el gazpacho estuvo a punto de arruinar su primera cita cuando el ajo se interpuso en un beso robado. Rosa supo escabullirse de esa incómoda situación explicando a su contrario lo que había sucedido. Con naturalidad y sin complejos.

La misma actitud que le sirvió para coronarse como una de las voces más queridas –y admiradas– de nuestro país cuando, hace veinte años, se enroló en aquella aventura que fue Operación Triunfo. Una experiencia que la obligó a aprender a vivir de nuevo tras tropezarse con una fama que llegó a provocarle situaciones de estrés incontrolado al regresar del festival de Eurovisión.

Presión mediática

Rosa de España nos hizo vivir momentos de gloria en el certamen de la canción –quedó en sexta posición con el inolvidable Europe’s living a celebration–, pero la presión mediática fue, para ella, un arma de doble filo.

Tanto es así que pensó en tirar la toalla y reabrir el asador de pollos familiar en el pueblo granadino que la vio crecer. No fue fácil sortear las trampas de aquella popularidad que le hizo perder cantidades ingentes de dinero y también la voz, con giras inacabables en las que lo menos importante eran los actuantes.

Tímida y reservada, fue hace poco cuando consiguió verbalizar que, después de aquel ‘show de Truman’ que protagonizó, hubo sombras económicas y emocionales que apagaron incluso su voz.

Récord de ventas con temas tan inolvidables como Caradura o La apuesta, su primer disco en el año 2002 –titulado Rosafue el inicio de una inesperada desescalada que terminó con una pérdida progresiva de capacidades que ella justificó con una inyección recibida durante un concierto.

Problemas con la voz

Un médico le inyectó una sustancia que pretendía rebajar la inflamación de sus cuerdas vocales, pero que, sospechosamente, limitó sus admiradas tonalidades y la hizo frenar en seco. Un parón que también le afectó en lo anímico y que supuso un bache profundo en un camino ya de por sí muy angosto.

Dicen que, aunque ha buscado respuestas, nadie ha sabido explicarle el motivo por el que dejó de poder jugar con las tesituras y los registros. Sin embargo, Rosa nunca ha dejado de soñar. Se ha reinventado tantas veces como discos o singles ha sacado al mercado. Y sigue amando la música con la misma intensidad de aquella joven rehecha que cambió su vida, su cuerpo y sus aficiones, pero no su escala de valores.

Protegida por los suyos, la muerte de su padre le hizo tocar fondo y entender que debía superarse para hacerle sentir orgulloso. Su familia es su verdadera fortificación, su refugio en los momentos más difíciles, como cuando tuvo que escribir el final de sus relaciones sentimentales o hacer frente a las acusaciones de uno de sus amantes, el futbolista José Luis Luna. Rosa López nunca entendió que el hombre que había formado parte de su vida desvelara públicamente, incluso, sus deseos más carnales.

Ahora, cuando prepara un nuevo proyecto y abre la puerta de su intimidad de par en par, se muestra más amiga de una prensa entre la que no siempre se sintió cómoda. Y que también le adjudicó romances nunca aceptados, como el de Manu Tenorio, con quien grabó una de las canciones más recordadas. Ambos siguen en contacto, como también lo hacen con el resto de compañeros de la Academia.

Con todos menos con David Bisbal, quien parece seguir fuera de ese chat de Whatsapp en el que los triunfitos hacen bromas, felicitan las fechas clave y siguen recordando instantes de un pasado compartido que parece ya otra vida.

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