Bulos y desinformaciones que te intentan colar sobre los efectos de la vacuna contra la Covid y otras vacunas

Bulos que circulan por las redes
Bulos que circulan por las redes
MALDITA.ES

Ha pasado más de un mes desde que comenzó la campaña de vacunación en España y siguen moviéndose bulos y desinformaciones al respecto. Algunas de estas desinformaciones hacen referencia a otros bulos que ya han circulado con anterioridad a la pandemia. Si recibes alguno puedes enviárnoslo a nuestro servicio de WhatsApp (+34 644 22 93 19) para que lo verifiquemos.

Un bulo tan conocido como antiguo es el que afirma que las vacunas en general causan autismo. Pero en realidad no hay absolutamente ninguna evidencia científica de que sea el caso. Como ya os hemos contado en Maldita.es, es falso que un informe publicado en Estados Unidos demuestre que hay 89 casos "comprobados" de autismo por culpa de las vacunas. Las vacunas pueden tener algunos efectos secundarios que, en la enorme mayoría de los casos son leves y poco duraderos, pero el autismo no se encuentra ni siquiera entre los más graves.

Tampoco la vacuna de la gripe aumenta el riesgo de contraer la COVID-19 o alzheimer

Circula desde hace tiempo una imagen en la que se afirma que "si una persona recibe cinco vacunaciones de la gripe en su vida el riesgo de padecer alzhéimer aumenta un 600%".

Esto es otro bulo.

Bulos en la red
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No hay evidencias de que la vacuna de la gripe aumente el riesgo de padecer alzheimer y de hecho algunos estudios sugieren que la vacuna de la gripe tiene un efecto protector ante esta enfermedad, como os contamos en Maldita.es.

Durante la pandemia también han circulado en las redes sociales mensajes que indican que la vacuna contra la gripe aumenta el riesgo de infección por coronavirus o de padecer un caso de COVID-19 más grave. Tampoco hay evidencias científicas de que sea así.

Otros bulos sobre la vacuna contra la COVID-19

Unas declaraciones de una médica argentina, Chinda Brandolino, que probablemente te hayan llegado a través de tus redes sociales, decían que las vacunas contra la COVID-19 "no son propiamente vacunas. Son sustancias transgénicas. Van a utilizar ácido ribonucleico (ARN) que va a modificar el genoma, los genes, de la persona que la reciba. Van a manejar los genes de la persona, sus pensamientos, sus sentimientos, su expresión física".

Estas afirmaciones tampoco son ciertas. Brandolino afirma que las vacunas contra el coronavirus de ARN mensajero, como las de Pfizer/BioNTech y la de Moderna son capaces de alterar nuestro genoma. Pero las vacunas de ARN mensajero no alteran nuestro ADN: sólo hacen que produzcamos una proteína del virus. En el caso del coronavirus SARS-CoV-2, la vacuna de ARN mensajero provoca que se produzca la proteína S de la superficie del virus y así entrena a nuestro sistema inmune frente al coronavirus antes de que ocurra la infección.

Como explica a Maldita.es Lluís Montoliu, investigador del Centro Nacional de Biotecnología y presidente del Comité de Ética del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), hay que descartar que estas moléculas vayan "a insertarse en nuestro ADN, que sería la única manera de que nuestras células acabaran modificadas genéticamente, es decir, que se convirtieran en transgénicas. El ARN se administra, se usa y desaparece, se destruye y degrada por la propia célula, y ahí acaba su viaje".

Un artículo de la Universidad de Harvard, lo resume de forma más sencilla: "modificar el ADN sería como añadir un ingrediente extraño en una receta que ya existe, lo cual podría suponer que el plato resultante sea distinto. Pero inyectar ARN sería como añadir de forma temporal una nueva receta en el libro de cocina sin tocar las que ya tiene el libro, y por tanto no habría cambios inesperados en las recetas previas"

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