Colinas que desafían la gravedad: la explicación a uno de los fenómenos naturales más extraños

  • Este tipo de colinas son en realidad una elaborada ilusión casi imposible de creer que tiene una explicación científica.
Una pelota rueda sobre una cuesta en sentido contrario al que parece, creando un efecto óptico.
Una pelota rueda sobre una cuesta en sentido contrario al que parece, creando un efecto óptico.
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Se las conoce como colinas gravitacionales o colinas magnéticas, y son uno de los fenómenos naturales más extraños que existen. Ubicadas en diversos lugares por todo el mundo —EE UU, Reino Unido, Australia, Brasil o Italia—, los coches que circulan por ella parecen ir cuesta arriba mientras los ciclistas se esfuerzan en lo que parece una simple cuesta abajo.

Más allá del misterio que a priori puedan encerrar, este tipo de colinas son en realidad una elaborada ilusión óptica casi imposible de creer, señalan desde Science Alert.

"El terraplén está inclinado de manera que da el efecto de que estás yendo cuesta arriba", explicó el físico Brock Weiss, de la Universidad Estatal de Pensilvania. "De hecho, vas cuesta abajo, aunque tu cerebro te da la impresión de que vas cuesta arriba", agregó Weiss.

Algunos ejemplos de estas colinas son Confusion Hill, en California (EE UU) y Magnetic Hill, en Canadá.

El psicólogo británico Rob Macintosh, de la Universidad de Edimburgo, abunda en la explicación de cómo nuestros ojos nos engañan cada vez que encontramos una de estas colinas de gravedad. La clave está en que se pierde de vista el horizonte: "Estamos dentro de una masa de tierra inclinada", explica a Science Channel en un vídeo.

"Todo el paisaje se inclina de esta manera, y la carretera se inclina en la misma dirección, pero en una cantidad menor, por lo que la pendiente relativa parece ir en el sentido opuesto", asegura Macintosh.

Asimismo, otro estudio en 2003 sugiere que la ausencia de un horizonte ayuda a sesgar la perspectiva sobre estas colinas de gravedad al recrear una serie de lugares de 'antigravedad'. Los investigadores, de las universidades de Padua y Pavía (en Italia), descubrieron que sin un horizonte real a la vista, los puntos de referencia como los árboles o las señales juegan una mala pasada al cerebro humano.

"La pendiente percibida depende de la altura del horizonte visible. La inclinación de la superficie tiende a subestimarse en relación con el plano horizontal, y cuando está precedida, seguida o flanqueada por una pendiente empinada cuesta abajo, un tramo ligeramente cuesta abajo se percibe como cuesta arriba", indican en su investigación publicada en Psychological Science.

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