El mal mantenimiento le quita accesibilidad al metro.
Consuelo (en silla de ruedas), intentando salir de la estación de Lacoma. ARCHIVO

Vagones sin rampas para sillas de ruedas, ascensores averiados o pavimentos guía para ciegos desaparecidos. Son algunos de los obstáculos que desde hace unos meses se encuentran los usuarios discapacitados de la red de Metro. Una serie de fallos debidos a la falta de mantenimiento que "llenan la red de barreras arquitectónicas", según denuncia el Comité de Entidades de Representantes de Personas con Discapacidad (Cermi).

Otro fallo son las rampas para acceder en silla de ruedas a los vagones y que tras estropearse no se vuelven a reponer

El último de estos episodios ha tenido lugar en Leganés. Este martes, una veintena de personas en silla de ruedas, en Madrid hay unos 300.000 discapacitados, se manifestaron para denunciar que el ascensor de El Carrascal lleva un mes sin funcionar, según Metro, por el retraso en la concesión de una licencia que depende de Industria.

No sólo a discapacitados

Pero no son los únicos afectados. Estas averías perjudican también a los carritos de bebés y a invidentes. Precisamente éste es el caso de un viajero que en una carta a 20 minutos protesta por esta situación: "Hace un mes colocaron en Colonia Jardín (Metro Ligero) un pavimento con relieve, pero ha desaparecido y nadie me ha explicado por qué".

Aunque la lista de problemas es más larga y extensible a toda la red de Metro, tanto en las estaciones antiguas como en las nuevas (la de Marqués de Vadillo, por ejemplo, se arregló hace poco, pero no se puso ascensor), "otro fallo son las rampas para acceder en silla de ruedas a los vagones y que tras estropearse no se vuelven a reponer", critican desde el PSOE. Metro afirma, sin embargo, que el esfuerzo en accesibilidad que se hace es "enorme" y que el 62% de las estaciones tienen ascensor.

Las denuncias, además, no se ciñen sólo al metro. La Federación de Minusválidos Físicos de Madrid (Famma) lleva tiempo criticando "la nula accesibilidad" de los autobuses y de los Cercanías-Renfe.

"Le he cogido miedo al tren"

Consuelo Rubio, de 65 años, lo pasa fatal cada vez que tiene que viajar en metro. "Le he cogido miedo al tren y al autobús. Hace unas semanas me caí de uno y me he quedado sin gafas y con la cara llena de cardenales", dice, postrada desde su silla de ruedas. La imagen de arriba ocurrió hace unas semanas, en Lacoma (L-7). El ascensor estaba averiado "y me quedé atrapada en la estación", tuvo que ser ayudada por cinco personas para salir.

Una aventura diaria (y a ciegas)

Imagínese usted que nada más salir de casa para ir a trabajar le taparan los ojos con una venda y, sólo de camino al metro, se topara con innumerables obstáculos que hacen polvo sus espinillas y su moral. Imagínese también que nada más llegar a la estación se desorientara y corriera el riesgo de caer a la vía para comprobar si el tren que oye llegar de fondo es el suyo.

Metro afirma que el esfuerzo en accesibilidad que se hace es "enorme"

Deje de imaginar, y aventúrese en acompañar a un invidente como José Pedro González en su paseo matutino hacia su trabajo en la ONCE. "Lo peor es oír el tren y no saber por qué carril viene, aunque ahora el metro está mejor que antes", nos dice mientras se acerca peligrosamente a la vía y palpa con su bastón para comprobar si viene algún vagón.

"Es en la calle donde aún hay que mejorar más, sobre todo con los malditos bolardos, y las obras. Una vez llegué a caerme en una zanja".

José es, sin embargo, un privilegiado. Ha pasado 40 de sus 50 años sin visión, pero lleva 25 trabajando en la ONCE y, aunque la estación de Puerta de Toledo (la más cercana a su casa), carece de guías señalizadoras, no las necesita, se sabe el camino de memoria, "aunque los invidentes con menos experiencia lo pueden pasar bastante peor. Sólo salir de casa resulta una aventura. Una aventura a ciegas, claro", bromea socarrón.