Marco, el titi pincel huérfano
Marco, el titi pincel huérfano del parque Faunia. AGENCIAS

La historia de Marco se reescribe y, aunque aún no sabe dónde está su mamá, ya ni le preocupa. De hecho, pasa olímpicamente de ella. Ahora vive encantado con su nueva familia humana, que le atiborra a queso de Burgos y a gelatina de fruta (sus platos preferidos) y que juega con él al escondite cuando le apetece.

Es como un niño travieso. No se cansa de jugar, y hace lo que quiere

Su nueva vida se asemeja más a la historia de Tarzán, aunque con los papeles invertidos. Y es que, a pesar de no medir más que un teléfono móvil, en sus apenas tres meses de vida ya se ha convertido en el rey de los humanos del parque: "Es como un niño travieso. No se cansa de jugar, y hace lo que quiere", dice Lino Pérez de Quadros, su padre... y cuidador en este parque biológico.

Marco, que debe su nombre al protagonista de la célebre serie infantil, es un tití de orejas de pincel blanco, nombre que se debe al llamativo color de su aparato auditivo, que muestra y esconde para ocultarse de los depredadores. Este ejemplar de simio es muy social, crece en pequeños clanes y, a pesar de que en Suramérica (de donde vienen) son muy apreciados como mascotas, no suelen relacionarse con humanos.

Pero el caso de Marco es diferente. Vio la luz el pasado octubre en Faunia, como tercer hijo de una familia de titís cuyos hermanos mayores, bastante más fortachones que él (al nacer pesaba lo mismo que un bolígrafo Bic), no dejaban que su madre le amamantara. "Al tercer día le adoptamos porque no podía alimentarse. Ahora se encuentra más a gusto entre humanos. A veces nos mira como si no notase diferencia, como si fuéramos igual que él, sólo que más grandes", afirma su cuidador.

Volverá a su hábitat

Lino no descarta que Marco vuelva algún día a su hábitat: "El cambio será difícil porque el resto de titís pueden verle como diferente, pero Marco es muy intuitivo y se adapta rápido", dice su padre adoptivo, con melancolía.

Sin embargo, aún queda lejos el día en el que este tití huérfano abandone el nido, ya que tanto cuidadores como él conviven en perfecta armonía: "De recién nacido le dábamos biberón con jeringuillas de insulina. Es muy expresivo, con facciones muy similares a las nuestras. La verdad es que se hace querer".