Miguel Gallardo, tras extirparle un tumor: "Más que a morir temía no volver a dibujar"

  • Le detectaron el tumor el pasado mes de febrero tras un dolor de cabeza y decir "cosas inconexas".
El ilustrador y dibujante de cómics, Miguel Gallardo.
El ilustrador y dibujante de cómics, Miguel Gallardo.
EFE

Cuando al dibujante Miguel Gallardo le detectaron y extirparon un tumor cerebral el pasado febrero, el mundo estaba a punto de colapsar y su lógica angustia íntima quedó semisepultada bajo el alud pandémico, una paradoja que ha plasmado en Algo extraño me pasó camino de casa, un documento gráfico sobre lo inesperado, sin pizca de drama.

Hacer una entrevista a Gallardo acerca de la gestación del libro podría resultar redundante porque todo está perfectamente explicado en este "cuaderno de un viaje que no quería haber hecho": cómo ese tumor -"el boniato" le llama él- se cruzó en su vida, sin avisar, de la forma que deja entrever el título de esta obra autobiográfica que publica Astiberri, explica el autor.

Como otros muchos terrestres, el dibujante catalán (Lleida, 1955), cocreador del mítico y subversivo Makoki, pensaba que 2020 iba a ser "especial" y tenía planes para este año numéricamente tan "resultón".

"Sí, 2020, un año como redondo y tal ¿no?. 'Este va a ser mi año', pensaba yo, y luego pasa lo que pasa y te dices vaya año de mierda. Y, sin embargo, pues mira, a pesar de todo, ha sido muy activo. Durante todo este follón, no he parado de trabajar, me han sacado tres libros...", apunta el dibujante, que colabora con The New York Times y La Vanguardia entre otros medios.

Pero empecemos por el principio. Palabras de Gallardo: "En enero tuve un dolorcillo en la cabeza, entre el ojo y el oído. Fui a los especialistas y no me encontraron nada, hasta que un fin de semana a finales de febrero empecé a reaccionar de forma rara, decía cosas inconexas, como suele ser mi humor, pero mi compañera Karim, que se ha portado como una jabata, vio que aquello se salía de lo normal".

Perdía el equilibrio, tiraba cosas... cuando ya era evidente que en el cerebro de uno de los autores claves del cómic 'underground' español algo estaba fallando, le llevaron en ambulancia al Hospital de Sant Pau de Barcelona, donde, curiosamente, él mismo había dibujado un gran mural para el área de Pediatría.

"Cuando llegué ya no me enteraba de mucho. Me hicieron una resonancia magnética donde apareció la mancha, y en pocos días me intervinieron. Me levantaron la tapa de los sesos, y quitaron lo que buenamente pudieron y el resto lo trataron con quimio y radio", relata sin perder el humor, como hace en las viñetas del libro.

Pero la puntilla estaba por llegar. Tras recibir el alta, a los pocos días de salir, llegó el confinamiento.

"Fue una sensación extraña. Era como si la pandemia nos equiparara a todos. Nos había caído algo encima que no entendíamos muy bien. Se imponían reglas nuevas que venían desde arriba, en la que tu vida estaba como dirigida", comenta el historietista.

A pesar de la presión de la Covid sobre los hospitales, Gallardo, que en todo este proceso ha perdido 10 kilos, solo tiene elogios para el funcionamiento de la sanidad pública que, junto con su rutina y disciplina de trabajo, le han salvado la vida.

"Funciona súperbien, nunca fallaron las sesiones de radio y quimio... ni las consultas, ni nada", recuerda el dibujante, que incluso tiene palabras de agradecimiento para el empresario Amancio Ortega, ya que recibió tratamiento con un máquina comprada con las aportaciones que el empresario gallego hizo a los servicios de oncología. "Cuando salí tenía ganas de comprar en Zara", bromea.

Lo que tiene claro es que si 2020 va a dejar huella en las biografías de todos, en la suya, con 55 grapas y una placa de titanio en la cabeza, ocupará capítulo aparte.

"Uno de los proyectos que tengo es una especie de autobiografía y este va a ser, obviamente, un capítulo muy especial", adelanta sobre una novela gráfica que va haciendo "poquito a poquito", pero que se encuentra ya bastante avanzada.

Las noches de pre y post operatorio fueron caldo de cultivo para todo tipo de pensamientos inapropiados. "Te atacan todos los miedos habidos y por haber. Pero más que a la muerte, que incluso era bienvenida como una compañera final, los miedos más grandes fueron a la incapacidad de no poder moverme, pero, sobre todo, a no volver a dibujar", reconoce.

Temor subsanado cuando, aún en el hospital y ya operado, tuvo que dibujar y firmar autógrafos de su exitoso libro María y yo, la historia de su relación con su hija autista, a la que en estos meses ha sumado dos novelas gráficas más durante el postoperatorio.

"Vi que mi cabeza y mi capacidad para dibujar seguía intacta y respiré", comenta Gallardo, al que una amiga, que había pasado por una enfermedad muy grave, advirtió de que si quería relatar estas vivencias, huyera de lo "místico-trascendente".

"No se te ocurra ponerte ahora en plan Paulo Coelho. Si dices que el día que saliste del hospital fue el primer día de tu vida, vendré y te daré una patada en el culo', me dijo, y le he hecho caso", desvela Gallardo sobre el tono desdramatizado de su diario, que vuelve a demostrar, como en otros trabajos autobiográficos, que dibujar es su "vía terapéutica para lidiar con los problemas".

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