La vacuna obligatoria provocaría rechazo social y querellas en masa

  • El Gobierno descarta por el momento imponer la vacunación por ley y los expertos avisan de sus desventajas.
La vacuna de AstraZeneca y Oxford demuestra eficacia del 70% contra la Covid-19
La vacuna de AstraZeneca y Oxford.
Europa Press

Ahora que parece que la vacuna contra el coronavirus está más cerca que nunca de ser una realidad, los expertos son claros: obligar a los ciudadanos a ponérsela tendría más efectos negativos que positivos. También parece creerlo el Gobierno, que pese a que el lunes pasado amagó asegurando que tenía "herramientas" para forzar la vacunación, tanto el ministro de Sanidad, Salvador Illa, como el director del Ccaes, Fernando Simón, lo han descartado posteriormente en varias ocasiones.

"Hoy por hoy, la única forma de poder obligar a una persona a vacunarse es a través de una sentencia judicial", sentencia Juan José Bestard, presidente de la Sección de Derecho Sanitario del Colegio de Abogados de Madrid. En una conversación con 20minutos, recuerda que tampoco hay un precedente claro. Si bien una ley de 1944, la de Bases de Sanidad Nacional, declaraba «obligatorias» las vacunaciones contra la viruela y la difteria, ese texto se suavizó en el texto vigente, que data de 1980 y que solo recogía la obligatoriedad como una posibilidad.

¿Deberían aplicarse más restricciones para evitar las aglomeraciones?

Pero es que, añade Bestard, aunque «teóricamente» el Ejecutivo pueda aprobar la obligatoriedad, «en la práctica», sería «casi imposible» llevarlo a cabo. También menta otros problemas legales que tendría esa opción que Francia sí ha llevado a cabo. En este punto, señala la existencia de la Ley Básica de Autonomía del Paciente. "Si hay una ley que me permite no tratarme si estoy enfermo, ¿cómo van a articular una ley que obligue a la gente a vacunarse aún estando sana?", reflexiona.

Una opinión similar mantiene Gregorio Palacios, profesor de Bioética y Medicina Legal de la Universidad Europea de Madrid, que además introduce el problema ético. "Eso, sin contar que el principio de salud pública chocaría con el principio de la libre toma de decisiones", resalta. Además, ambos creen que, en vez de "complicarse" el futuro con un posible aluvión de querellas, sería más efectivo realizar campañas de vacunación masivas para convencer a la población. Según una encuesta del Instituto DYM, hasta un 40% de la ciudadanía aún duda de si se la pondrá a partir del primer semestre del próximo año, cuando parece que comenzará la vacunación masiva.

Ruth Figueroa, médico y portavoz de vacunas de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica, se muestra convencida de que el Gobierno apostará por el camino de la concienciación, ya que también recuerda que este extremo se planteó ya hace unos años en la época de la gripe aviar y se descartó. Preguntada sobre cómo se habrían de hacer esas campañas, asegura que lo primero debería ser "una recogida de dudas» para «responder las más comunes".

Una vez realizado ese testeo, Figueroa apuesta por clarificar conceptos. Por ejemplo, entre seguridad y eficacia. "Explicaría qué es cada concepto y también cómo se consigue que una vacuna sea segura", añade para después insistir en que todas las vacunas que se aprueban, sean o no contra el coronavirus, son seguras: "Ninguna vacuna en el mundo ha matado nunca a nadie; por contra, podemos ver cómo ha salvado millones de vidas y erradicado varias enfermedades".

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