Mitos, flores y más allá en la poesía de Louise Glück

  • Premio Nobel de Literatura 2020, en sus versos experiencia íntima y ecos ancestrales se confunden en una voz única.
La poetisa Louise Glück.
La poetisa Louise Glück.
SHAWN THEW / EFE / EPA

Entre los versos de Louise Glück (Nueva York, 1943) resuenan profundos significados que se abren a la experiencia espiritual de ser mujer, escritora, hija o esposa. Y están abiertos también a los arquetipos míticos más antiguos. En sus poemas íntimos, comparados a menudo con la poesía confesional de Sylvia Plath, la autora comparte experiencias sobre la maternidad, el divorcio, la hermana muerta, la anorexia adolescente, el deseo, la comida o la naturaleza.

Capítulos vitales que son expresados en primera persona como hechos singulares, a la vez que colectivos, pues con ellos comparte lo íntimo y al mismo tiempo busca respuestas sobre el mundo físico y espiritual que la rodea. "Por su inconfundible voz poética que con austera belleza hace universal la existencia individual", según palabras de la Fundación Nobel, la poesía de Glück es merecedora del Premio Nobel de Literatura 2020.

Mitología y dramas domésticos

Esa dialéctica entre lo particular y lo común ha llevado a calificar su escritura con términos tan dispares como ordinaria y oracular, pasional y sosegada, realista y onírica, temporal y mítica. Muchos de sus poemas revelan aspectos íntimos de su vida narrados mediante los antiguos mitos griegos. En alguna ocasión, la autora americana ha confesado que sus padres le leían pasajes homéricos antes de irse a dormir. 

Ciertos relatos resuenan en su obra, como recursos narrativos, para establecer analogías con su propia vida. En su poemario Praderas (2017, Pre-Textos), la autora reinterpreta la historia de Odiseo y Penélope a través de su propio divorcio. También en Averno (2011, Pre-Textos), el descenso de Perséfone al inframundo es recreado para expresar la intensa relación con su madre, encarnada en una dominante Deméter.

Deseo y renuncia

Justicia poética

  • Cuando la obra de Louise Glück apenas era conocida en España, la editorial valenciana Pre-Textos se embarcó en la aventura de publicar sus poemarios. El primero, en 2006, fue El iris salvaje y, a pesar de que la inversión no fuera rentable, han llegado a editar siete de sus once libros. Ahora que la escritora ha ganado el Nobel, su agente ha renegociado los derechos a espaldas de los valencianos –la elegida es la editorial Visor– y exige destruir todos los ejemplares almacenados. Una decisión desleal e injusta. Por ello, mientras sigan a la venta, no dejen de leer a la poeta en los libros de Pre-Textos: 'El iris salvaje' (2006), 'Ararat' (2008), 'Las siete edades' (2011), 'Averno' (2011), 'Vita nova' (2014), 'Praderas' (2017) y 'Una vida de pueblo' (2020).

En diversos momentos, la propia autora ha expresado que su escritura, desde el principio, ha sido guiada por un hambre física y espiritual difícil de saciar. Aunque no aborda el tema a menudo, sí es fácil encontrar varias referencias a la anorexia nerviosa que sufrió de joven. Un apetito que también es metáfora de su elevada necesidad creativa, exigencia revelada como una posesión salvaje, acaso dictada por la voz oracular, que se traslada al papel a través de sus propias manos. 

Ese desbordamiento generado por la producción literaria es compensado, sin embargo, por la renuncia a la comida y al sexo. Sobre la apetencia física puede leerse Dedication to Hunger (Dedicatoria al hambre), incluido en Descending figure (Figura descendente, 1980), libro no traducido al español.

Flores y más allá

Louise Glück

  • Ha ganado numerosos premios por sus distintos poemarios. Entre ellos, el Pulitzer de poesía por ‘El iris salvaje’, el National Book Critics Circle Award por ‘El triunfo de Aquiles’ o el de la Academia Americana de Poetas por ‘El Primogénito’. Actualmente reside en Massachusetts, trabaja en el departamento de lengua inglesa del Williams College en Williamstown e imparte clases en la Universidad de Yale.

Lirios, margaritas o ipomeas son solo algunas de las flores a las que la poeta, siguiendo la estela marcada por otras como Emily Dickinson, dedicaba distintos versos. En sus poemas, como una manifestación de la voz espiritual del mundo, la naturaleza se expresa con el lenguaje del luto por la muerte de su padre o la de una hermana que no llegó a conocer. 

Pérdidas que son temas dominantes en Ararat, publicado en 1990 (Pre-Textos, 2008). En su siguiente libro, El iris salvaje (Pre-Textos, 2006), las flores hablan a la poeta confesando cómo es ser una de ellas, pero quizá también a modo de revelación de su propio estado de ánimo. El ciclo eterno de vida y muerte es personificado en las flores, metáfora, tal vez, del renacimiento que llega tras el descenso emocional que provoca la pena.

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