Tintorerías, floristerías... los otros sectores golpeados por el coronavirus

Floristería Sevilla en Flor, en Los Remedios.
Floristería Sevilla en Flor, en Los Remedios.
M.G.

Casi nueve meses después de que se decretara en España el primer estado de alarma como consecuencia de la pandemia del coronavirus, nadie puede poner en duda que la crisis sanitaria ha tenido unas consecuencias devastadoras en la economía del país, una debacle que inevitablemente también ha golpeado con dureza a Andalucía.

No en vano, las estimaciones macroeconómicas de la Junta, avaladas por la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF), apuntan a una caída del Producto Interior Bruto (PIB) para este año del 11,4% y a una reducción del empleo del 4,2%

Precisamente en lo que al mercado laboral se refiere, las oficinas del Servicio Andaluz de Empleo (SAE) registraron el pasado octubre un incremento de 9.506 desempleados, hasta situarse en un total de 965.407, según los últimos datos del Ministerio de Trabajo, con 58.065 afiliados menos a la Seguridad Social respecto al mismo mes del pasado año y un aumento interanual del paro de más del 22%.

Tampoco las cifras de empresas inscritas en la Seguridad Social son halagüeñas. Y es que de las 253.734 que había en enero de este año en Andalucía se ha retrocedido hasta las 239.092 en octubre, lo que supone un descenso de casi un 6%, que ha ido acompañado de una caída de cerca del 4% en lo que a trabajadores por cuenta ajena se refiere, al pasar de 2.150.000 a poco más de dos millones.

En este contexto, el turismo y la hostelería, en tanto que son dos de los sectores que más aportan al PIB de la comunidad –14% y cerca de un 7%, respectivamente– y que más puestos de trabajo generan, se han situado como los más afectados por una crisis que ha obligado a muchos negocios a cerrar la persiana para siempre. Ambos sectores reclaman a las administraciones ayudas directas para "sobrevivir", insatisfechos en los dos casos con el plan de rescate que ha puesto en marcha la Junta, con 667 millones de euros para los sectores más afectados.

Pero ellos no son los únicos que están sufriendo en sus carnes las consecuencias de una pandemia que empezó en el peor momento posible para muchos negocios. 

Y es que las fiestas de primavera, en Andalucía en general, y en Sevilla en particular, generan el volumen más alto de facturación para establecimientos como las floristerías o las tintorerías y para profesionales como las modistas. Porque aunque tanto la Semana Santa como la Feria quedan ahora muy lejos, las consecuencias de su cancelación aún siguen pesando en las espaldas de quienes, hoy más que nunca, se enfrentan a un futuro muy incierto.

Casos en primera persona

Mari Ángeles Sánchez, propietaria de Sevilla en Flor.
Mari Ángeles Sánchez, propietaria de Sevilla en Flor.
M.A.S.

Mari Ángeles Sánchez, propietaria de la floristería Sevilla en Flor

María Ángeles acumula 30 años como florista y casi una década al frente del establecimiento Sevilla en Flor, en Los Remedios (calle Asunción 51, tramo peatonal). Y en todo este tiempo, esta es, "sin duda", la peor crisis que ha vivido. La pandemia, cuenta a 20minutos, le está afectando "mucho", porque las principales campañas, que son las de Semana Santa y Feria, "se han perdido", y la del Día de los Difuntos, "con el cierre perimetral, también ha estado perdida en gran parte".

Calcula que el volumen de negocio de su establecimiento caerá este año "un 50% o más", porque a las campañas mencionadas se suma también la "cancelación de bodas, comuniones y todo tipo de eventos". En definitiva, "muchas citas suspendidas desde que empezó la pandemia en marzo".

El año que viene tampoco pinta demasiado bien, con la Semana Santa y la Feria en el aire. Ante este panorama, Mari Ángeles afronta el futuro intentando renovarse "con otro tipo de género, haciendo más centros de flor seca...". Pero no es fácil esa reinvención, afirma, porque "vivimos sobre todo de los eventos y si todos se han anulado, lo tenemos muy difícil".

Sí admite que afortunadamente ella sigue teniendo una clientela "muy buena durante todo el año" que acude cada semana o cada diez días para decorar sus casas. Y que ese tipo de clientes, además, ha crecido con el confinamiento. "Antes la gente estaba menos en casa y se preocupaba menos de decorar sus balcones, y ahora se preocupan más y quieren más flores en casa", cuenta esta florista, pero puntualiza que eso no es suficiente para sobrevivir, aunque "gracias a ellos sí nos vamos manteniendo".

Mari Ángeles lamenta también un problema añadido de "gran competencia". Y es que "nosotros ahora tenemos que cerrar a las 18.00 horas, pero las grandes superficies, que nos están machacando, sí están abiertas y también venden plantas y flores" y otro tipo de productos, algo que considera "injusto" para los pequeños comercios, detrás de los cuales "hay muchas familias y trabajadores". Y "como esto no cambie, nos vamos todos a la ruina", sentencia.

En cuanto a las ayudas de las administraciones, las floristerías están "un poco en el aire", tanto estos negocios como los agricultores, "que son los que plantan, y si nosotros no vendemos, ellos tampoco". Por eso, Mari Ángeles hace un llamamiento, porque "no solo nos regimos por la hostelería", y reclama que "a todos, en general, nos ayuden un poco más".

Pese a lo difícil de la situación, Mari Ángeles no quiere ni pensar en cerrar. "Llevo 30 años de florista y me ha costado mucho tener mi propio negocio y mantenerlo. Voy a luchar con uñas y dientes hasta el final", concluye.

Mari Ángeles Urquiza, propietaria de la tintorería Urquiza, en Sevilla.
Mari Ángeles Urquiza, propietaria de la tintorería Urquiza, en Sevilla.
M.G.

María de los Ángeles Urquiza, propietaria de la tintorería Urquiza de Sevilla y vicepresidenta de la Asociación de Tintorerías y Lavanderías de Andalucía.

"Anímicamente estamos muy mal, son muchas noches sin dormir". Así lo expresa Mari Ángeles, propietaria de la Tintorería Urquiza de Sevilla, que precisamente este año celebra su 50 aniversario. Y ella, como tercera generación de una saga familiar de tintoreros, afirma tajante que "esta es la peor crisis" que recuerda.

La pandemia llegó en el peor momento para este tipo de negocios que, en Andalucía en general y en Sevilla en particular, viven sobre todo de las fiestas de primavera. "El porcentaje de ventas más alto lo tenemos con la Semana Santa, la Feria, las bodas, las comuniones... y todo eso se paró en seco", relata Mari Ángeles a 20minutos. "Eso es lo que nos sostiene el resto del año y ahora, en cambio, estamos trabajando al 25% de lo habitual", continúa, calculando que 2020 terminará con una caída del volumen de negocio del 75%.

También mayo es temporada alta "por el cambio de armario". Los clientes llevan a la tintorería la ropa de invierno y primavera para guardarla limpia, "pero como este año apenas se ha salido a la calle, la gente se ha vestido menos". Lo mismo sucede con el teletrabajo. "Si no vas a trabajar a la oficina, no tienes que vestirte con traje y tampoco te manchas", cuenta Mari Ángeles. En definitiva, ellos viven "de los momentos en que hay aglomeraciones en la calle, justo lo que ahora está prohibido".

Para los tintoreros, continúa, reinventarse no es fácil, pero lo intentan con "servicios a domicilio y arreglos de prendas, por ampliar un poco el negocio". Y, sobre todo, "apoyándonos mucho los unos a los otros" a través de la Asociación de Tintorerías y Lavanderías de Andalucía (Tylda), que desde el 15 de marzo ha dejado de cobrar la cuota a sus socios, "por tener un detalle con ellos".

Pero la situación es muy complicada, porque "el personal sigue en ERTE o con reducción de jornada, pero hay que seguir abonando los seguros y pagando los alquileres de los locales". Ese personal en ERTE, además, tendrá que volver a incorporarse en las mismas condiciones en las que trabajaba antes, "pero para entonces, la economía estará fatal y el volumen de trabajo será muy inferior", puntualiza la propietaria del negocio Urquiza.

Además, en el primer confinamiento "hubo mucha confusión" y "al considerarnos actividad esencial, no pudimos acogernos a las ayudas del Gobierno", lamenta Mari Ángeles, que asegura que las ayudas que hay disponibles "son totalmente insuficientes".

Las previsiones de futuro también son un poco negras, con la Semana Santa y la Feria en el aire. E, incluso, "aunque hubiera Semana Santa, las túnicas se quedaron limpias de este año, así que no nos las traerían". El único consuelo, dice Mari Ángeles, es que los ayuntamientos "cambien el periodo de festejos, como se pretendía inicialmente este año con la Feria" y su traslado a septiembre. Por lo que las esperanzas están puestas, en el mejor de los casos, para otoño de 2021.

Aún así, asegura la empresaria, "hay que ser fuertes, pensar en positivo, disminuir los gastos... pero nunca cerrar", como han hecho "muchos comercios tan emblemáticos de Sevilla, y es una pena". "Tenemos que luchar hasta el final porque la pandemia no va a poder con los tintoreros de Andalucía", concluye.

Una costurera confecciona una mascarilla
Una costurera confecciona una mascarilla.
EUROPA PRESS

Verónica, 42 años, patronista

A sus 42 años, Verónica lleva 19 dedicándose al patronaje y la costura y, en todos estos años, no ha parado de trabajar, "hasta ahora", que incluso se ha tenido que dar de baja como autónoma, aunque siga trabajando, "porque te obligan a ello, aunque una quiera hacer las cosas bien".

Ella es una más de las muchas personas que están sufriendo los efectos de la pandemia y la cancelación de todo tipo de fiestas y eventos. "La suspensión de la Feria es lo que más me ha afectado", asegura a 20minutos, aunque también ha notado la cancelación de la Semana Santa y las bodas. "Lo estoy pasando muy mal", asegura.

Y no es para menos. Su situación cambió radicalmente en marzo tras el fallecimiento de su madre, con quien vivía. "Ahora tengo que hacer frente yo sola a todos los gastos", una situación que no está resultando nada fácil en el actual contexto.

Verónica tiene un taller de costura en Sevilla, pero "me estoy planteando cerrarlo si esto sigue así". Y es que, "aunque sigo teniendo clientes, no me da para mantener el taller y mantenerme a mí misma", explica. Se da de plazo hasta enero, con la esperanza de recibir ayudas que ha solicitado al Estado. Si se las dan, "ya veré cómo salgo adelante", pero si estas no llegan, "lo dejo".

Y con dejarlo, Verónica se refiere también a su profesión. "Me gusta tanto mi taller, que si lo cierro, me veo incapaz de coser en mi casa". Una decisión que no le resultará nada sencilla porque "amo lo que hago, es mi vida, además de mi trabajo también es mi hobby, es lo único que me hace evadirme y lo único con lo que disfruto de la vida", sentencia.

¿Cómo deben aplicarse las restricciones estas Navidades?

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