Celdas de aislamiento, registros con desnudos integrales o abuso de medicamentos y tranquilizantes. La radiografía que refleja un informe del Defensor del Pueblo sobre los centros de menores españoles no es nada positiva descubriendo un mundo oculto en unas instituciones que, en principio, deben trabajar para garantizar a los chavales un futuro mejor.

Les daban la comida sin cubiertos para que tuvieran que comerla con las manos

La Fundación O’Belén, que cuenta con varios centros de menores en España, no ha salido muy beneficiada de dicho informe ya que sus instalaciones han sido de las peor valoradas. En Internet, incluso, existen diversas páginas (centrosdemenores.com o No a O'Belén) donde educadores y personas que pasaron por esos centros alzan su voz para contar su experiencia y denunciar las aberraciones de las que fueron testigos. El panorama no es nada alentador.

Daniel, un psicólogo de 30 años que trabajó casi dos años en un centro de O'Belén, cuenta a 20minutos que las "celdas de aislamiento" existen y su uso era muy común en la organización de su centro. "Ellos lo llaman 'separación del grupo'. Metían, por ejemplo, al menor en su propia habitación y se la vaciaban de cosas para que no tuviera nada. Incluso les quitaban las zapatillas para que no dieran golpes a la puerta y no molestaran o les daban la comida sin cubiertos para que tuvieran que comerla con las manos", relata.

Los chavales acumulaban un castigo tras otro. Podrían pasar media vida aislados

¿Y por qué ese castigo? "Por cualquier pelea o simplemente por insultar a un educador o eructar en la mesa. Los chavales acumulaban un castigo tras otro. Podrían pasar media vida aislados", explica Daniel, que no quiere dar a conocer su apellido.

En muchos casos, la situación se complicaba cuando el menor se ponía enfermo. Como dice este psicólogo, "ir al médico casi era un privilegio para ellos y a veces ha peligrado la integridad del menor por no haberle llevado a urgencias a tiempo". Además, se abusaba de los tranquilizantes para que los chavales estuvieran más tranquilos y hasta se interrumpían durante días tratamientos fuertes "porque faltaba la medicación" y se reanudaban sin ningún control.

Trato despectivo

Pero para Daniel, lo peor que vio en el centro donde trabajó fue "el trato despectivo continuo que hacían sobre los chavales, a veces en público, y usando su situación familiar para reírse de ellos". Por ejemplo, "a una chica la obligaron a desnudarse porque no quiso mirar a la cara a su educadora", recuerda.

Denunciarlo es difícil porque es complicado probarlo

La pregunta es obligada: ¿Cómo reaccionaste? ¿Lo denunciaste? "Al principio aluciné. Luego, junto a otros, intenté cambiar las cosas desde dentro pero como no cumplía con la metodología, me echaron a la calle. Y denunciarlo es difícil porque es complicado probarlo. Incluso ha habido menores que se escaparon y fueron a la Policía a denunciar lo que les pasaba y la reacción de los agentes era devolverlos al centro".

O'Belén se defiende

El presidente de la Fundación O'Belén, Emilio Pinto, por su parte, ha desmentido que en los ocho centros que gestiona su entidad se realicen prácticas contrarias a los derechos de los menores, aunque ha afirmado que "si algo hacemos mal, hay que corregirlo".

Pinto ha explicado que las llamadas salas "de contención o de baja estimulación" sólo son empleadas en los casos en los que la "descompensación" del menor puede poner en peligro su integridad o la de sus compañeros y siempre siguiendo los protocolos de actuación marcados por la Comunidad Autónoma que corresponda.

También ha desmentido que se cierren las habitaciones con llave de manera generalizada mientras los menores duermen, aunque reconoce que "en momentos de conflicto" sí se cierran, y siempre bajo "supervisión".  En cuanto a las agresiones, Pinto ha explicado que, en ocasiones, los menores "en su fantasía", pueden inventarlas "para salir de allí" y que no tiene constancia de que existan denuncias penales contra la Fundación.

Pinto ha destacado que se trata de menores con trastornos de conducta, que no suelen llegar al centro por voluntad propia y que, al ser preguntados en la encuesta elaborada por el Defensor del Pueblo, es "normal" que hayan mostrado su disconformidad.