Uría, llena de baches y socavones

Muchos no olvidarán el verano de 2006 en la calle Uría. El Ayuntamiento reurbanizó la principal arteria comercial de la ciudad, y aunque eligió julio y agosto para acometer las obras y evitar así el mayor número de molestias posibles, molestó.

Los comerciantes se quejaron de que bajaron sus ventas, hubo que cambiar varias líneas de autobús, y los viandantes se las tuvieron que ingeniar para pasar de un extremo a otro sin sufrir ningún accidente porque tanto el pavimento como las aceras se levantaron.

Las obras costaron 1,8 millones de euros. Dos años y medio después, Uría, no luce en todo su esplendor, a pesar de que una parte de la calle tiene restringido el tráfico y sólo pueden circular taxis y autobuses, y los coches que salen de un parking próximo.

Tapas hundidas

Las tapas de las alcantarillas están hundidas, hay socavones y los viandantes se quejan de los "grandes charcos que se forman cuando llueve mucho".

Los conductores son otros de los afectados: «No es normal que la calle esté así de mal, sobre todo este tramo», dice Marcos García refiriéndose al tramo central, desde Independencia hasta Toreno.

Los baches cada vez son más grandes

"Y si vas en bicicleta tienes que tener aún más cuidado porque los baches cada vez son más grandes", lamenta María Torres que trabaja en Uría y acude a su empleo en bici.

Las obras de 2006 dieron un aspecto nuevo a Uría, sobre todo por las baldosas de la acera que hacen dibujos simulando un tablero de ajedrez, pero no la más significativas.

La historia

Puede que la que forme parte de la historia por ser la que cambió su fisonomía de forma más considerable fuera la de 1957: el ensanche.

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