Touriño, un presidente con idioma propio

  • A sus 60 años, Emilio Pérez Touriño aspira a renovar al frente del Gobierno gallego.
  • Con fama de tecnócrata, el socialista es un economista con experiencia en infraestructuras.
Emilio Pérez Touriño.
Emilio Pérez Touriño.

Emilio Pérez Touriño sabe lo importante que son Las infraestructuras como factor de despegue del desarrollo gallego y conoce Los efectos económicos de las autovías de Galicia. Y no porque sea el presidente de la Xunta (ahora en funciones), sino porque es un economista que desde finales de los 60 se especializó en el estudio del desarrollo regional y de la economía agraria y esos son sólo dos de sus numerosas publicaciones. Lo suyo eran los números y los gráficos y quizás por eso se ha ganado el apelativo de tecnócrata.

Nacido en A Coruña el 8 de agosto de 1948, lo cierto es que lo suyo no son sólo los papeles. Mientras estudiaba la carrera en la Universidad de Santiago ya estaba metido en política, concretamente militaba en el Partido Comunista Gallego. Y mientras daba clase en la misma facultad donde estudiara (de 1973 a 1985 fue profesor titular de Económicas), trabajaba en la elaboración del Estatuto de Autonomía de Galicia, que se aprobó en 1980. Tras casi dos décadas a la sombra, en el 85 cambió las clases por un despacho en el Ministerio de Transportes, cuyo titular era Abel Caballero, actual alcalde socialista de Vigo. Se quedó en Madrid una década no exenta de problemas.

Tras tres años en el Gobierno central decidió tomar partido oficialmente y afiliarse al PSOE. Cuando José Borrell se hizo cargo del ministerio en el 91 lo nombró secretario de Estado de Infraestructuras y en su currículum destaca la finalización de la Autopista del Atlántico y la ejecución parcial de dos autovías en Galicia. Y la acusación de que cobró comisiones ilegales por las obras del AVE entre Madrid y Sevilla. Fue Luis Roldán, ex director general de la Guardia Civil condenado por malversación y fraude, el que lo señaló, pero la causa no prosperó por falta de pruebas.

Sin embargo, este mal trago le hizo volver a Santiago, de nuevo a dar clases en la Universidad, pero no le desvinculó de la política. Fue en las listas socialistas de los comicios gallegos del 97 y ocupó plaza de parlamentario. Apenas un año después se hizo cargo del partido en Galicia, relevando al alcalde coruñés, Francisco Vázquez. Ya como secretario general del PSdeG, el paso como candidato a la presidencia de la Xunta lo dio en 2001. Sin éxito. Se quedó en la oposición, pero sólo cuatro años. En 2005, con un renovado look que eliminaba su característico bigote, y previo pacto con el BNG, se convirtió en el presidente gallego.

O presidente. Como reza el lema que desde hace días se puede ver en las vallas publicitarias de toda la comunidad. Una foto suya y un cargo. Como si en lugar de electo fuese vitalicio. Pero no. Como el resto de los candidatos, tendrá que ganarse el sillón presidencial mitin tras mitin. Para ello cuenta con el balance de su gestión, con medidas como la protección del litoral contra la especulación. Y, además, Touriño tiene un plus del que carecen sus contrincantes, un idioma propio con el que se puede sacar hierro a casi cualquier asunto. En ‘touriñés' los bomberos son un servicio de "extinción de personas" y algunas prioridades están un poco al revés, como la "loita contra a seguridade viaria" o "reducir drásticamente o emprego xuvenil". A buenos entendedores...

Como su mujer, que ya debe ser toda una especialista en este peculiar idioma. El presidente y la primera dama, maestra en un colegio compostelano, se casaron en 1972. Así pues, 37 años de matrimonio con Esther Cid y dos hijos en común: David y Andrea. Él ya le ha dado un nieto, Marcos. Y su familia es la principal afición de un hombre tranquilo y reservado. Aunque su mujer le pone otros calificativos: tozudo, trabajador y perfeccionista. Y de soso, nada, según sus amigos. No puede serlo si sus libros favoritos son los de piratas. ¿Tendrá un álter ego filibustero nuestro presidente?

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