Celia García: "Iba a los pueblos a hacer mamografías con mi coche para no dejar a las señoras solas"

  • Antes de que las pruebas de detección las hiciera la sanidad pública , la AECC salvaba vidas con su 'mamabús'.
Celia García, actual gerente de la AECC en Cantabria, fue la organizadora de las rutas del 'mamabús'.
Celia García, actual gerente de la AECC en Cantabria, fue la organizadora de las rutas del 'mamabús'.
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Hace más de 25 años, Celia estaba de ruta por España con una única misión: salvar todas las vidas que pudiera a bordo de su 'mamabús'. La Asociación Española Contra el Cáncer de Mama (AECC) lanzó el Programa de prevención y diagnóstico precoz de cáncer de mama, un esfuerzo por concienciar a la sociedad de la importancia de la prevención para disminuir la mortalidad y la morbilidad de la enfermedad.

En una época en la que la palabra ‘mamografía’ aún era desconocida para la mayor parte de la sociedad, Celia y sus compañeros decidieron salir a la carretera para darles la oportunidad a todas las mujeres del país de someterse gratuitamente a una prueba que podía salvarles la vida.

¿Cómo empezaron a luchar contra el cáncer de mama? En el año 1983, teníamos un centro de detección en Madrid donde se hacían todo tipo de prevenciones, entre ellas, las mamografías. En esa época todavía no estábamos mentalizados de que era la prueba que realmente luego salvaría vidas, eso se fue cocinando poco a poco.

El centro era muy pequeño, la Sanidad Pública no hacía campaña de prevención de ningún tipo y nosotros, como asociación, fuimos un poco pioneros en hablar sobre ello e insistir en hacerse revisiones periódicas.

¿Por qué decidió ingresar en la asociación? Era muy jovencita cuando empecé. Mi abuelo tuvo cáncer y estaba concienciada. Me gustaba mucho el tema sanitario, estaba muy involucrada y siempre pensé que la investigación era lo mejor que se podía hacer.

Una vez que te metes en este mundo y empiezas a ver las cosas que hay, conoces a gente, sus historias... vas cambiando con lo que tienes alrededor. Hay cosas muy importantes que hacer y que te llenan, como ese contacto.

¿Qué tipo de gente respondía a su llamada durante esos primeros años? Venía gente de todas las edades y, sobre todo, quienes no tenían medios económicos para acudir a la sanidad privada. Veíamos mucha gente humilde, fundamentalmente.

No había conciencia de la autoexploración, absolutamente ninguna. A veces llegaban mujeres a las que no hacía falta hacerles ni una mamografía, cuando se quitaban la ropa ya les veías lo que tenían: un pezón retraído, la piel de naranja... Muchas veces ellas ya se esperaban lo que les fueras a decir y muchas otras no venían porque no querían que les dijéramos lo que ya sabían y les obligaban sus familiares.

¿Cómo era la detección por entonces? La gente venía por el boca a boca, se enteraban de que realizábamos revisiones gratuitas. En su mayoría, ya se habían notado hasta algún síntoma, no era una prevención como la de ahora.

Se detectaban bastantes tumores avanzados en aquella época. Esa era la diferencia fundamental, porque como no había mentalidad ni en ningún sitio te enseñaban que había que hacer prevención, pues la gente venía a nosotros cuando ya se había notado algo.

Después de Madrid, luego se fueron expandiendo al resto de España. Una vez que la prevención empezó a dirigirse a la citología y las mamografías, que ya sabíamos que podíamos detectar cánceres a tiempo y salvar vidas, comenzamos a movilizarnos y a inaugurar más centros. Las mamografías se hacían igual que en Madrid.

¿Cómo lograron esa concienciación en las mujeres? Por más que nosotros, los científicos y los sanitarios, sepamos que las mamografías salvan vidas, si no sabes comunicárselo a la población, da igual. Se notaba muchísimo el cambio cuando había campañas en la televisión, luego había avalanchas de señoras que querían venir a hacerse las pruebas con nosotros, que encima eran gratuitas.

Ahí fue cuando empezaron a concienciarse de que eso les podía salvar. Fue el cambio de chip, de pensar que si venían les iban a encontrar algo a entender que, si se lo detectábamos a tiempo, entonces les podíamos salvar la vida.

¿Qué eran los 'mamabuses'? Eran las unidades móviles que llevábamos a las puertas de los hospitales y a los pueblos para que las mujeres pudieran hacerse dentro las mamografías. En los pueblos los llamaban así, 'mamabús'. Algunas señoras venían y decían que entraban en el fotomatón [risas].

¿De qué forma funcionaban? Empezamos a hacer las campañas primero en colaboración con consejerías de Sanidad, gobiernos… Empezamos en lugares como Guadalajara, Castilla-La Mancha, zonas muy alejadas y donde las señoras no conocían nada y ni podían casi desplazarse.

Ahí cambié, y en vez de hacerlo físicamente, empecé a dedicarme a la gestión. Organizaba las rutas por donde iba el camión, que es una unidad móvil que se llevaba con una cabeza tractora y se iba colocando en las plazas de los pueblos y en sitios determinados. En la asociación hemos hecho un poco de todo, incluso si había días que te faltaban técnicos en la unidad móvil, yo iba a los pueblos a hacer mamografías con mi coche por no dejar a las señoras ahí solas, con lo que costaba que fueran.

Los gobiernos nos iban pasando los censos de población para que nosotras pudiéramos citar a todas las mujeres mediante cartas o por teléfono; incluso a veces se les iba a buscar en coche o autobús para que se acercasen al 'mamabús'.

¿Cómo las convocaban? Primero les mandabas una carta, luego el día anterior les llamabas por teléfono para ver si la habían recibido. En un principio había mucho fallo, la gente no estaba mentalizada y les parecía una locura.

Además, eran señoras mayores que no se habían desnudado nunca delante de nadie, tenían miedo por si les encontraban algo… Eso fue en la primera ronda, digamos, entre el año 1992 y el 1998. A las siguientes ya sí que iban más mujeres, porque habían hablado con la vecina, la amiga, la tía, etc., que les habían dicho que tenían los resultados en seguida y todo iba bien.

Al principio era un poco más complicado y cada lugar tenía sus historias. En algunas zonas quedaban en la plaza del pueblo para tomar el café cuando íbamos. Yo contaba una historia a las señoras para convencerlas, te decían que no podían dejar la casa sola y yo les decía: "Señora, usted tiene que dedicarse un día a sí misma, bajar al pueblo a ver a las amigas". Y me contestaban: "Pues sí, voy a aprovechar", las convencía para que vinieran.

Así fue aumentando la participación, se acostumbraban poco a poco. Luego cuando ya dejamos de hacerlo, nos llamaban y preguntaban que por qué ya no íbamos más.

¿Y cuándo se acabó el 'mamabús'? Acabar, acabar, no hemos acabado con el 'mamabús'. Lo que pasa es que, mientras lo hacíamos, había gente en la asociación que presionaba políticamente para que esto no lo asumiéramos nosotros, sino la sanidad pública. El traspaso se fue haciendo poco a poco, por provincias, luego a comunidades autónomas… Ellos asumieron este rol de citar a las mujeres y de hacerlo de una forma pública.

Después, muchas de estas unidades móviles se trasladaron directamente a las consejerías de Sanidad. La última que ha quedado con unidades móviles nuestras ha sido Madrid, donde se han estado haciendo mamografías hasta hace dos o tres años.

Después de todo lo que ha visto, ¿qué consejo les daría a las mujeres ahora? Les diría que, si reciben una carta citándolas para una mamografía, que no lo dejen. Y que practiquen la autoexploración, que se miren, pero nunca como única herramienta. Hay que ir a las revisiones periódicas sin falta.

Da igual si tienen menos de 30 años, hay mujeres a las que se les detecta un cáncer antes. Los cánceres detectados a tiempo tienen una curación casi del 100%. 

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