¿Cerrarlos o dejarlos abiertos? España se aleja de la vía estricta de otros países y opta por ser más permisivo con los bares

Varias personas sin mascarilla en terrazas en Barcelona.
Varias personas sin mascarilla en terrazas en Barcelona.
EUROPA PRESS

Los bares y restaurantes ocupan un lugar en la lista entre los locales de mayor riesgo de contagio del coronavirus. Estos establecimientos, donde es frecuente la relajación en cuanto al uso de las mascarillas y charlar durante periodos relativamente largos, son espacios cerrados, abarrotados y de continuo contacto. Además, cuando la gente podía sentarse en las terrazas, al aire libre, facilitaba los encuentros en estos locales, ahora ha llegado el frío y las cosas se complican aún más.

Los motivos son más que suficientes para restringir la entrada a estos locales. Y así lo están haciendo muchos países en plena segunda ola del coronavirus. España-el país que encabeza la segunda ola en Europa con los peores datos-, a diferencia de algunos países, no ha optado por el cierre de estos establecimientos. De hecho, se han llegado a cerrar parques pero los bares solo se han visto afectados por limitaciones de aforo, de horario, y no en todo el país.

¿Qué están haciendo los otros países países ?

En el resto de países europeos se están endureciendo más las medidas, donde por ejemplo, Islandia, con 160 nuevos casos por cada 100.000 habitantes, ha ordenado el cierre de bares, pubs, discotecas y gimnasios, mientras que la incidencia acumulada en Madrid es de más de 500.

Para no ir más lejos, nuestro país vecino, Francia, con datos muy inferiores a los que se dan en Madrid, ha decidido el cierre de bares y limitaciones en restaurantes en París y su región. Este nivel de alerta máxima llega porque la tasa de incidencia del coronavirus en la región de París es de 260 nuevos contagios por 100.000 habitantes desde el 28 de septiembre, y además un 36 por ciento de las camas de cuidados intensivos de los hospitales de la zona están ocupadas por pacientes de Covid-19. Mientras que en Madrid llega a más del 40%.

Bélgica, por su parte, anunció este martes que los bares estarán obligados a cerrar en adelante a las 23 horas en todo el país. En esos establecimientos y en los cafés las mesas serán de máximo cuatro personas, salvo para las familias que cuenten con más miembros. Pero en la región más afectada, que es Bruselas, epicentro de la explosión de casos de coronavirus, ordenó este miércoles que cerrará bares, cafés y salones de fiesta durante un mes. La incidencia acumulada en Bruselas es de 502 casos por 100.000 habitantes de media en los últimos 14 días.

En Alemania, que siempre se ha puesto de ejemplo como país que ha sabido controlar la pandemia, los bares y restaurantes de Berlín deberán cerrar a las 23.00 horas por decisión del gobierno regional de la capital y ciudad estado alemana, ante la alta incidencia de contagios en varios barrios, clasificados como "zonas de riesgo". La alta incidencia de la que se habla es de superar los 50 casos por 100.000 habitantes en los últimos siete días. 

Hasta Reino Unido, que solo hablaba de la limitación del horario y aforo, ha planteado el cierre total de los bares en el norte del país desde el próximo lunes. Mientras que Escocia ha ideado un plan distinto, donde los establecimientos hosteleros tendrán que cerrar el servicio en su interior a las 18.00 horas y no podrán ofrecer alcohol, aunque sí podrán hacerlo en las terrazas, hasta las 22.00 horas durante 16 días. 

Al contrario de lo que está ocurriendo en muchas ciudades del mundo, Italia, con características similares a España pero con niveles de contagio más bajos, seguirá con bares y restaurantes abiertos con sus habituales horarios, "para no hundir más económicamente este sector". El gobierno de Giuseppe Conte permite a los presidentes regionales que adopten medidas propias en su territorio, siempre que sean más restrictivas que la normativa general para todo el país. Por ejemplo, el presidente de Campania, Vincenzo De Luca ha ordenado el cierre de bares y restaurantes a las 23:00, sin limitación horaria para la entrega de comidas a domicilio.

El caso de Nueva York 

Aunque la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, diga que Nueva York está peor que Madrid, eso no es así. Nueva York, con 46 contagios por 100.000 habitantes en siete días, ha decidido cerrar toda la actividad no esencial, incluidos los centros educativos, en nueve barrios en los que el índice de contagios es de al menos 3% durante los últimos 7 días. Además, los restaurantes solo pueden ofrecer comida para llevar y servicio a domicilio y que se cancele el servicio en terrazas y en los comedores interiores. Cabe señalar que Madrid tiene una incidencia de 230/100.000 en la última semana (según datos de este 9 de octubre).

Concienciar a la gente, clave

Entonces, ¿qué hacemos con los establecimientos hosteleros?. Aquí es donde surge el conflicto salud-economía. Para Fátima Cortés, de la Asociación Madrileña de Salud Pública, señala que el riesgo en los bares depende de muchos factores: si se está en el interior o en el exterior, en este caso también depende de la ventilación; si los clientes llevan mascarilla cuando no están comiendo y bebiendo, etc. El problema de los bares, añade, es que son sitios cerrados, donde la circulación del aire es menor, realizando una actividad en la que se está sin mascarilla, generalmente hablando, y en las terrazas "el riesgo surge cuando se fuma".

Por su parte, el doctor Jesús Molina Cabrillana, secretario de la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene, aclara que de los "estudios y publicaciones que hay y la poca evidencia científica"- se refiere al estudio de los investigadores del CDC estadounidense (Center for Disease Control and Prevention)- respecto a los contagios en los establecimientos hosteleros, se destacan los restaurantes: sitios cerrados donde se está mucho tiempo, con aire acondicionado. "Es lo que hay de mayor evidencia. En cuanto a lo que es la lógica, lo que nos dice es que el peligro está en los sitios cerrados: bares, discotecas, restaurantes", manifiesta.

"No tiene el mismo riesgo ir a un comercio con la mascarilla puesta siempre y, generalmente, en silencio que tomar algo en un bar o comer en un restaurante"

Y la cosa se agrava con la llegada del frío. Ahora, hay que buscar soluciones como poner calefacciones, estufas, mantas, etc. para que la gente pueda seguir en el exterior. Sin embargo, Cortés sostiene que lo importante es "concienciar a la gente" sobre cómo tienen que llevar esta actividad. "Tener la mascarilla puesta cuando no se está bebiendo ni comiendo, es clave", insiste. El alcohol y sus efectos hacen que a la gente se le olvide de las medidas, y es peor si hay música dentro del local y tenemos que gritar para poder escuchar a tu compañero de mesa.

"Más que por el espacio en sí, que es un espacio cerrado igual que otros, es la actividad que se realiza en él. No tiene el mismo riesgo ir a un comercio con la mascarilla puesta siempre y, generalmente, en silencio que tomar algo en un bar o comer en un restaurante", prosigue Cortés.

"No demonicemos los espacios"

Añade que es importante que en los bares se cumplan las medidas, ya que estas no se pueden relajar. Además, cree que una buena idea sería que redujese el número de personas en una mesa, asegurar una buena ventilación y que las terrazas no pueden estar cerradas. "Entiendo que los hosteleros se sientan perjudicados, pero la actividad en sus locales es más peligrosa que en otros, ocurre lo mismo con discotecas y gimnasios", ha aclarado.

"No demonicemos el espacio, sino concienciar de que la que la actividad que se hace en él es peligrosa"

Sin embargo, existen unas medidas que tienen que interiorizar los ciudadanos. Respecto a nuestro carácter mediterráneo, la experta señala que nuestra manera de relacionarnos tiene que cambiar: reuniones con distancia, salir con un grupo de personas cerrado, al aire libre, tener la mascarilla puesta todo el tiempo posible, etc. Señala que es importante no relajar las medidas cuando estás con tus amigos o familiares, ya que ellos también pueden estar contagiados. 

Aunque no descarta la conveniencia de llevar a cabo cierres parciales en un determinado barrio, calle o zona. Insiste en que se habla de que en las reuniones sociales se suelen dar muchos casos, pero no se sabe si son en casa o en bares o en cualquier otro ámbito. "No demonicemos el espacio, sino concienciar de que la actividad que se hace en él es peligrosa", concluye.

"En Madrid, cerraría todas las actividades no esenciales"

Por su parte, el doctor Jesús Molina apuesta por el la limitación o el cierre de los bares, dependiendo del nivel de "contención que se quiera alcanza", aunque cree que con solo estas medidas "no se controla la pandemia". "Los bares y restaurantes están en la lista de sitios que cerrarían. Yo no clausularía cines, teatros, donde es fácil mantener las medidas por ser espacios amplios y se conservan las distancias de seguridad. En definitiva, son sitios completamente seguros". Para él, "los bares son los sitios idóneos para clausurar".

"En Madrid, cerraría todas las actividades no esenciales"

El doctor se muestra preocupado por la situación en la Comunidad de Madrid y agrega que no son suficientes las medidas que se han tomado hasta ahora. "Yo sería más radical. En Madrid, lo digo porque me preocupa más que cualquier zona por ser el centro de comunicaciones, yo lamentándolo mucho, cerraría todas las actividades no esenciales, mínimo durante 10 días", señala el doctor.

Molina recuerda la importancia de tomar medidas cuando la incidencia no es tan alta, que es cuando se pueden tomar medidas "menos restrictivas" ya que hay un margen de maniobra. Según él, con 500 o 400 de incidencia acumulada por 100.000 habitantes es más difícil controlar la transmisión. "Más vale sacrificar la economía en este momento que llegar al confinamiento, donde las consecuencias van a ser más severas. Lo que digo es que no pasemos de la no restricción al cierre total como pasó en marzo".

El doctor señala que el error de España desde un principio ha sido "no definir la tasa" de contagios a partir de la cual empezar a aplicar restricciones. Por otro lado, dice que "no le caben en la cabeza las cifras que está dando Madrid" y asegura que, "técnicamente", "es imposible" que las medidas que se han tomado den resultados en menos de 10 días. "Ojalá que todo esté funcionando bien, pero desde el punto de vista de las ciencias, no me lo creo", concluye.

El grito de los hosteleros: "¡Los bares no son culpables!"

Lo que paraliza a nuestro país para endurecer las medidas es que la hostelería es un sector que tiene un peso enorme en la economía española y a eso se une el carácter mediterráneo, que dificulta el cumplimiento de las medidas que se toman en estos espacios. "¡Los bares no son culpables!", gritan los hosteleros, que se han visto muy afectados en este momento tan "crítico" de la crisis. "Con el aumento de las restricciones en los establecimientos que están surgiendo a lo largo del país, se han perdido 65.000 empresas", explican a 20minutos desde la Confederación Empresarial de Hostelería de España.

"Los cierres, de seguir recrudeciéndose las restricciones y no tomarse las medidas de apoyo necesarias, podrían suponer cerca de un tercio de los más de 314.000 establecimientos hosteleros que había antes de la crisis", lamentan. En el peor de los escenarios, sostienen, prevén una pérdida de "de entre 900.000 y 1,1 millones de puestos de trabajo" directos e indirectos.

"En estos momentos constatamos unas pérdidas de facturación superiores al 50%, que puede suponer una pérdida de hasta 67.000 millones de euros al cierre de 2020 si empeora la situación", calculan.

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