Más de la mitad de los estudiantes con discapacidad temen un retroceso en su inclusión en el nuevo curso

  • Creen que la distancia física puede derivar en distancia psicológica y reforzar el aislamiento.
  • Un 65% encuentra barreras psicológicas y 1 de cada 4, dificultades económicas.
Alumnos Universitarios Ciegos ONCE
Una alumna ciega durante una clase en la universidad.
ONCE

Hace apenas unos días dio comienzo el curso más atípico de la historia. De forma escalonada, híbrida y con mascarilla, los estudiantes llegan a unas aulas muy diferentes a las habituales. ¿Cómo repercuten estas nuevas medidas en los estudiantes con discapacidad?

Más de la mitad de los estudiantes con discapacidad temen un retroceso en su inclusión en el nuevo curso. Es la principal conclusión de la encuesta que la Fundación Adecco ha realizado entre 200 jóvenes con discapacidad, entre 18 y 35 años que están cursando diferentes niveles formativos (secundaria, Formación Profesional o Universidad).

Aunque la mayoría (93%) coincide en que las medidas de distanciamiento social son necesarias para contener al coronavirus, casi 6 de cada 10 (58%) teme que, como efecto colateral, supongan también un retroceso para la plena inclusión social y laboral de las personas con discapacidad.

Los que así opinan creen que la distancia física podría convertirse en “distancia psicológica”, reforzando el aislamiento y dificultando la interacción de las personas con discapacidad con el entorno, dificultando la normalización.

Un 1,9% de los jóvenes con discapacidad tiene estudios universitarios, frente al 11,9% general

Frente al 58% que considera que se producirá un retroceso, un 32% cree que la COVID-19 no tendrá ningún impacto en la plena inclusión de las personas con discapacidad, mientras que solo un 10% opina que repercutirá positivamente, ante una apuesta por lo digital que minimiza las barreras arquitectónicas y un refuerzo de la empatía y el espíritu integrador.

Solo uno de cada diez menores de 25 años con discapacidad tiene empleo y existe un importante desfase en el nivel formativo que dificulta sus oportunidades profesionales. Así, una cifra residual de jóvenes con discapacidad (1,9%) ha llegado a la universidad y tiene estudios superiores, frente al 11,9% general, mientras que el 27,4% se queda en los estudios primarios, cifra que desciende al 8,4% entre la población sin discapacidad de esta franja de edad.

El complicado acceso al mercado laboral

El nivel formativo es un factor decisivo a la hora de garantizar el acceso al mercado laboral, cumpliéndose la premisa de a mayor nivel de formación, mayor ocupación y menor desempleo. La menor formación de los jóvenes con discapacidad, se ve, además, agravada por importantes prejuicios y estereotipos sociales que frenan su acceso al empleo.

Solo uno de cada diez menores de 25 años con discapacidad tiene empleo

En este desfase formativo influyen barreras físicas, psicológicas, económicas, digitales o cognitivas que dificultan el acceso de las personas con discapacidad a la formación, particularmente cuando se trata de estudios superiores.

En concreto, cerca de la mitad de los encuestados (44%) encuentra obstáculos en su formación: un 65% de los que así responde destaca las barreras psicológicas, indicando que, en general, existe gran desconocimiento del equipo docente y el alumnado a la hora de dar respuesta a las necesidades específicas de las personas con discapacidad.

Por su parte, un 33% encuentra barreras físicas y/o arquitectónicas, un 25% apunta dificultades económicas – insuficiente poder adquisitivo para costear sus estudios-, seguidos de un 20% que destaca la brecha digital -falta de accesibilidad o desconocimiento a la hora de manejar las nuevas tecnologías- como grandes obstáculos para acceder y/o cursar sus estudios-. Por último, un 13% destaca otras barreras, siendo una de las más señaladas la de índole cognitivo (mayores dificultades en el proceso de aprendizaje).

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