Telemedicina: cuando el bienestar no entiende de distancias

  • Consultas de control, revisiones, psiquiatría, análisis, formación... cada vez son más las especialidades y rutinas médicas que pueden realizarse a distancia manteniendo la seguridad de los pacientes.
Telemedicina
La telemedicina es una alternativa ante la limitación de la movilidad.
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En 2050, el 22% de la población mundial tendrá más de 60 años, según la Organización Mundial de la Salud (OMS); en España, alrededor de una cuarta parte de la población alcanza o supera esa edad en la actualidad, en datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Estas cifras dan una pista sobre la necesidad de implantar y desarrollar nuevos sistemas de consulta médica, tanto en el presente como en un futuro en el que, previsiblemente, habrá un aumento de la demanda de estos servicios.

Frente a este reto, existe una vía con un impulso creciente y una fiabilidad cada vez mayor: la telemedicina. Según el informe Funding the Gap 2017 publicado por ESADE, cada visita médica supone unas tres horas de media, pero siete de cada diez casos vistos en consulta podrían ser tratados de forma totalmente remota. Esta alternativa, derivada de la evolución tecnológica del sistema sanitario, supone además un plus de sostenibilidad y una accesibilidad nunca antes vistas y especialmente beneficiosas para personas residentes fuera de núcleos urbanos o que, por cuestiones diversas, encuentran dificultades a la hora de personarse en un centro médico tradicional.

¿Qué es la telemedicina?

La medicina a distancia o telemedicina se puede desarrollar en ámbitos como el diagnóstico, el tratamiento o la prevención. Además, esta variante es especialmente interesante en la vertiente de formación de profesionales sanitarios.

Una de las grandes novedades del sector es la de la implantación, a través de la plataforma Docline, de la primera receta electrónica disponible para el conjunto de sanitarios españoles. De esta forma, se ahorran desplazamientos y uso de papel dentro de una red de más de 22.000 farmacias, con un alcance que llega a unos 10 millones de españoles.

Siempre que se cuente con una aseguradora, es interesante conocer hasta qué punto ofrece estos servicios y qué especialidades cubre esta vía de comunicación. Una vez definidos esos puntos, es hora de conocer cómo funciona, paso a paso, una consulta de este tipo.

Pasos a seguir

Aunque el protocolo de cara a programar una sesión de telemedicina varía según la ubicación, la especialidad a tratar o el historial médico, existen una serie de pasos comunes a seguir si se quiere comenzar a aprovechar esta vía.

El primero de ellos puede parecer obvio, pero no está de más recordarlo, sobre todo si se trata de pacientes de edad avanzada: es necesario contar con tecnología acorde, es decir, un smartphone, tablet u ordenador conectado a internet, algo especialmente importante si se opta por la videollamada.

Teniendo eso en cuenta, es hora de programar una cita virtual. Para ello, hay dos opciones: bien llamar a la oficina de petición de cita habitual, o bien acceder al portal web o app de pacientes que las aseguradoras suelen tener habilitados. Una vez confirmada la cita, muchos servicios envían un mensaje con un enlace u otra vía alternativa para poder acceder diez minutos antes de la consulta.

En este momento, es hora de describir los síntomas. Hay aplicaciones en las que se pueden marcar o rellenar por escrito, punto tras el cual se pasará a una sala de espera virtual en caso de que el médico todavía no esté listo. Cuando la sesión comience, llegará el turno de responder a las preguntas del profesional de una forma similar a las citas presenciales.

A través de videollamada se podrán hacer muchas comprobaciones, complementadas en ocasiones -como es el caso de dermatología- por fotografías realizadas por el paciente. Otro ejemplo en el que la videollamada mejora la experiencia es en salud mental, ya que la imagen sirve para observar el lenguaje corporal y otras señales visuales.

Tras esta toma de contacto y el correspondiente análisis visual, el médico decide si da un diagnóstico y emite algún tipo de receta para obtener los medicamentos correspondientes o si necesita más pruebas para cerciorarse del diagnóstico. Estas se realizan, por lo general, en una consulta presencial.

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