Cuánta gente hace falta que se manifieste para derrocar a un gobierno, según la ciencia

Manifestación en Minsk, capital de Bielorrusia, en contra del presidente, Lukashenko.
Manifestación en Minsk, capital de Bielorrusia, en contra del presidente, Lukashenko.
EFE

En muchos países, a lo largo de la historia, regímenes políticos han caído debido a la presión popular, a las protestas, a las manifestaciones. El último ejemplo es el de Bielorrusia, donde la población se ha echado a la calle contra el régimen prosoviético de Alexander Lukashenko. Aún es pronto para saber si este movimiento servirá para derrocarlo, pero se puede atisbar algo, porque la ciencia ya ha calculado cuánta gente debe salir a la calle para acabar con un gobierno.

Tal y como recoge la BBC, la politóloga de la Universidad de Harvard Erica Chenoweth ha elaborado un estudio para hallar ese dato. 

La profesora ha centrado su trabajo en dictaduras, no en democracias, porque estas últimas cuentan con las elecciones libres como mecanismo de cambio.

Con la ayuda de Maria Stephan, la profesora Chenoweth analizó protestas entre los años 1900 y 2006. 

La primera conclusión es que un movimiento tenía el doble de probabilidades de éxito si no era violento, porque la violencia reduce la base de apoyo de un movimiento y porque a las protestas pacíficas acude más gente, tienen menos riesgo, requieren menos capacidad física, ningún entrenamiento y menos tiempo.

Además, participan ancianos, mujeres, niños y personas con discapacidad en mayor proporción. Esto además sirve para algo: que los medios represivos de las dictaduras, bien sean policiales o militares, no intervengan con tanta facilidad.

Es obvio que a mayor participación de la gente, más posibilidades hay de que una revolución triunfe, pero Erica Chenoweth cree que la cifra que casi lo garantiza es un 3,5% de la población.

Aunque parezca una cifra pequeña, no lo es. En el caso de España, sería más de 1,5 millones de personas en la calle.

En cuanto a tendencias actuales, la investigación de Chenoweth apunta a que cada vez, las protestas son más pacíficas y menos violentas, pero por otro lado, también triunfan menos que antes, bien sean violentas o no violentas.

Chenoweth cree que internet y las redes sociales han supuesto un arma de doble filo, en tanto los regímenes las usan también para contrarrestar los movimientos de protesta con infiltración, propaganda y desinformación.

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