Marea
Marea, durante uno de sus conciertos. ARCHIVO

Forman uno de los grupos decanos del rock español, y han sobrevivido a casi todo. Marea tiene un público fiel que llena sus conciertos y se sabe al dedillo sus letras «difíciles».

Sin ningún nuevo proyecto en la mente, esperando que «las ganas» de hacer algo vuelvan, acaban de lanzar Las putas más viejas del mundo (Warner), un doble CD y DVD que resume su última gira en vivo, Piojoso Tour. Kutxi Romero, cantante y alma máter de la banda, nos lo cuenta así.

Toda una gira en un solo disco, ¿se les queda corto?

Claro, pero es que hay cosas que no se pueden contar (risas). A veces te pasas la gira entera haciendo tontadas. Pero hemos hecho lo que queríamos con el disco.

¿Cómo se prepara un espectáculo así? ¿O sale solo?

Es un follón de puta madre. Siempre estamos muy encima de todo, somos muy papá pitufo, aunque también lo hacíamos cuando trabajábamos doce horas en la construcción. La verdad es que nosotros no somos grandes músicos, pero sí muy tenaces. Y hay gente que nos ayuda, que diseña los escenarios y se encargan del montaje. No somos ambiciosos y vivimos con dignidad, sin bajarnos los pantalones.

Y la respuesta de su público es espectacular.

Es que nuestro público no es tonto. Cuando un grupo es transparente es interesante. Lo mismo pasa con Fito (Cabrales), que es un gran músico y no tiene trampa ni cartón. Como Rosendo.

Este año han resurgido Metallica, Extremoduro, etc. ¿El rock vuelve a estar de moda?

El rock es de minorías, y para de contar. Y si no suenas en las radios es que estás haciendo las cosas bien. Las promociones me tocan las pelotas.

¿Qué canción les gustaría haber compuesto?

Pues unas 50, de las que 48 son de Roberto Iniesta, del grupo Extremoduro.

Ustedes son navarros, ¿la tierra les tira mucho?

Somos naburros de Berriozar. Yo tengo 33 años y vivo feliz en mi barrio, que es el de los quinquis. Aquí no se magnifica nada, porque para la gente soy el hijo de la Inés. En el barrio tienes los pies en el suelo. Es un rollo tener que ejercer de músico a todas horas.

Sus encontronazos con las discográficas son míticos.

Vamos en el mismo barco, pero no al mismo sitio. Ellos, afortunadamente, no tendrán nunca que hacer canciones ni nosotros tendremos que dedicarnos a lo suyo.

¿Qué hacen para que sus letras sean tan cercanas?

Pues mira que son letras difíciles, y en los conciertos ves a todo el mundo cantándolas.

Llevan más de una década en esto, ¿cómo siguen motivándose?

La piedra angular de nuestra forma de trabajar son las ganas. Y estos años las hemos tenido algunas veces. Es así de fácil y de difícil.

¿Cómo lleva su faceta de poeta? ¿Sigue escribiendo?

Escribir me gusta. Para saber lo que pienso, escribo, y lo hago cuando tengo la necesidad fisiológica. Pero no soy de los que llevo papel y lápiz encima, ni me pongo a tomar notas en los bares. Los bares son para emborracharse. Además, lo de la escritura está mitificado. Los círculos literarios son lo peor.

Si se les acabara el chollo, ¿volverían a la obra?

Hombre, claro que volveríamos a la constru. Éramos peones ordinarios, y esa palabra te daba derecho a blasfemar y piropear a la gente. Yo sigo haciendo algunas chapuzas en casa y para amiguetes que me llaman de vez en cuando. De hambre no me voy a morir.