De vuelta al tajo

De vuelta al tajo, digiriendo estoicamente el cabreo y la desgana devolver de nuevo a la rutina del madrugón mañanero que ahora se ha dadoen llamar estres post-vacacional yque yo me meriendo a lo Juan Palomo, sin psicologo ni prozac, hagomemoria de la odisea de un pardillo, su mujer y dos crios de 2 y 4años, en Lloret de Mar.

Y ha tenido que ser precisamente estas vacaciones cuando me ha tocado aprender -en primera persona y aledaños- en qué consiste el turismo de borrachera, porque es tan barata la Costa Brava que así de devaluada y cutre está resultando ser esta zona de la deseada costa mediterránea para los sufridos curritos madrileños.

De entrada, cuatro días de mal tiempo, lloviendo a cantaros y con frío, tanto como para que comenzase las vacaciones con una infección de garganta de campeonato.

Contrariamente a la institucionalizada práctica de la automedicación que ejercemos aquí, los bordes farmacéuticos Lloretenses, no expenden antibiótico por necesitar receta médica. (Analgésicos como el algidol así lo requieren también, pero te lo venden sin problemas, pelillos a la mar).

Así que mañana perdida al ambulatorio local a por la amoxicilina que, sabiamente, ya me había autoprescrito anteriormente. Las playas, asquerosas, sucias, llenas de colillas, basura y guiris del peor género -fundamentalmente italianos- borrachos, voceras y guarros. La arena no es arena, es gravilla, molesta, movediza, polvorienta y dolorosa en los pies.

La playa en sí, antiniños por naturaleza, llena hasta los topes, cubre a los 10 cm y un asco de olas. Total, que no podías soltar a los críos de la mano ni un segundo.

La grúa, eficaz, sin duda, arbitraria hasta el absurdo, pero eficaz. No hay forma de aparcar a menos de 20 minuntos del centro, a no ser pagando, claro, como para todo en Lloret.

El celo por dejar libres en las esquinas aterrorizaría al más delicado doblefilero madrileño de bareto de caña post-currelo a las seis de la tarde, la locura. Pienso recurrir la multa.

El hotel, el Flamingo, más concretamente, cutre hasta la extremaunción. La comida, un rancho más o menos pasable, el horario, para guiris, como no. Única cala decente para ir con niños pequeños: Santa Cristina. Eso sí, echénle unas buenas piernas para subir la cuesta a la vuelta que, de todos modos, tendrían que subir aunque hiciesen uso del parking que, por unos módicos 5 euritos de nada, te permiten dejar tu coche al pairo de chorizos bajo un chamizo de mala muerte.

Conclusión, no vuelvo más. Por mí, lo pueden declarar un parque temático 24 h de la borrachera y el guiri acangrejado. Quieres marcha a tope, vente pa' Lloret.

Sean benevolos con los comentarios, soy un pardillo, lo reconozco. Para pasar diez días en Agosto en una zona de playa apta para niños y para un sueño nocturno ordenado y sin ruidos, 2.000 €, comida y estancia aparte, y cruzar los dedos. Es lo que hay. Creo que no se me ha perdido nada en la playa.

Espero que a este madrileño no le vuelven a tomar más el pelo en agosto, mes en el que por cojones, disfruto de vacaciones.

OTROS RELATOS:

Mostrar comentarios

Códigos Descuento