La mayoría de barones del PP, salvo Ayuso, guardan silencio ante la salida de Álvarez de Toledo

Cayetana Álvarez de Toledo comparece ante la prensa tras su destitución.
Cayetana Álvarez de Toledo comparece ante la prensa tras su destitución.
EFE / Juan Carlos Hidalgo

La entrevista que dio el pasado domingo ya sonaba a despedida. Era una secreto a voces que el seno del Partido Popular quería que agosto terminase con Cayetana Álvarez de Toledo fuera de la portavocía del Grupo Parlamentario Popular en el Congreso. Para ello, llegaron a sustituir a su más estrecho colaborador en la Cámara Baja, Gabriel Elorriaga, con una versión (que no era compatible ejercer como director de la asesoría parlamentaria y diputado) que luego la propia marquesa desmintió, para forzar su salida. No lo consiguieron y al final fue Casado, quien la convenció hace un año para volver a la primera línea del partido conservador tras la polémica con la que Álvarez de Toledo puso fin a su relación política con Mariano Rajoy, quien firmó su cese.

La ya exportavoz lo confirmó después en declaraciones a los medios de comunicación. "Casado me destituye porque cree que la entrevista con El País es un ataque a su autoridad", dijo ante diferentes micrófonos en los que también contó cómo el presidente del PP le pidió que interrumpiese sus vacaciones para citarse con ella en Génova, donde le transmitió su cese en una conversación que se alargó "más de dos horas". Con todo, lo cierto es que esa entrevista estaba llena de bombas que se salían de la tónica habitual del partido. Álvarez de Toledo criticaba la salida del país del rey emérito Juan Carlos I, defendía un "gobierno de concentración constitucionalista" y pedía "independencia" del partido.

Así, pese a todos los mensajes entre líneas dirigidos a la cúpula, Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, la compartió en sus redes alabándola. "Maravillosa, como siempre, Cayetana", puso en su perfil de Twitter, donde también ayer, cuando se conocieron los cambios en la cúpula, se manifestó para darle las gracias a Álvarez de Toledo, con quien siempre ha demostrado tener una afinidad asentada. Sin ir más lejos, la dirigente la acompañó en su puesta de largo, hace justo un año, como presidenta de la autonomía madrileña en la Asamblea de Madrid.

Ese agradecimiento gana importancia si se tiene cuenta el atronador silencio de la mayoría de barones populares. Descontando el mensaje de Alejandro Fernández, presidente del PP catalán, que ha pedido públicamente "seguir contando" con su voz, es cierto que los otros dirigentes autonómicos populares han optado por no hablar.

Alberto Núñez-Feijóo, que arrasó en las últimas elecciones gallegas con una campaña en la que no participó Álvarez de Toledo, no se ha manifestado, así como tampoco lo han hecho los otros dirigentes populares con responsabilidades autonómicas: ni el presidente de Andalucía, Juan Manuel Moreno, también considerado del sector "moderado", ni Alfonso Fernández Mañueco, de Castilla y León, que ha ganado peso con su gestión de la pandemia.

Sin embargo, el silencio también ha sido abrazado por otros dirigentes nacionales abiertamente enfrentados contra Álvarez de Toledo, es el caso de Teodoro García Egea, secretario general del PP, y otros que ya no ostentan responsabilidades como Borja Sémper, exportavoz del PP en el parlamento vasco, que dimitió en enero.

"La mejor portavoz"

Quien sí ha echado un capote a Pablo Casado ha sido el eurodiputado del PP y exministro de Asuntos Exteriores José Manuel García-Margallo, que aunque calificó el cese de "noticia desgraciada", remarcó que el grupo parlamentario "está al servicio del partido y no al revés y que el portavoz tiene algunas veces que refrenar sus impulsos personales para reflejar lo que es la voluntad y deseo de la mayoría del grupo".

Por el contrario, Esperanza Aguirre, madrina política de figuras ascendidas ahora como Almeida, ha tildado a Álvarez de Toledo como "la mejor portavoz" y ha asegurado que le "entristece profundamente" su cese.

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