El abrazo de Juan a su enfermero al recibir el alta tras estar ingresado por coronavirus desde el 24 de marzo

  • Tanto a él como a su familia se les hace un nudo en la garganta cada vez que hablan de la labor de los sanitarios.
  • "La gente cree que esto pasa rápido, pero a él le queda un año de recuperación para poder volver a la normalidad. Ha perdido 27 kilos", cuentan.
Abrazo entre Juan, paciente de coronavirus ingresado desde el 24 de marzo, a su enfermero, Marc, tras recibir el alta.
Abrazo entre Juan, paciente de coronavirus ingresado desde el 24 de marzo, a su enfermero, Marc, tras recibir el alta.
Familia de Juan

Juan Miguel, un hombre de 53 años sin patologías previas, ingresó por coronavirus en el Hospital de Bellvitge (Barcelona) el pasado 24 de marzo. Al día siguiente, lo trasladaron a la UCI, donde pasó 55 días sedado. En total, Juan estuvo 111 días ingresado en el hospital y, cuando se encontró algo mejor, pasó al centro sociosanitario Duran i Reynals para recuperar la movilidad, ya que, tras tres meses y medio de ingreso, no puede caminar.

En el centro sociosanitario conoció a Marc, su enfermero, del que Juan no puede hablar sin emocionarse, así que su familia cuenta cómo fue la despedida: “Marc le hizo levantarse para despedirse bien y se dieron un gran abrazo. Luego, le hizo prometer que a la próxima visita llegaría caminando”.

Y es que Juan está en casa desde el 22 de julio, pero, como cuentan su mujer y sus hijas, “ahora empieza otra lucha”. La familia pidió poder llevarle a casa por seguridad, ya que, a causa de los rebrotes (el centro Duran i Reynals se encuentra en L’Hospitalet, una de las zonas más afectadas), los centros sanitarios vuelven a tener numerosos casos activos de coronavirus.

“Ahora queda mucho trabajo en casa y no estamos preparados. La gente cree que esto pasa rápido, pero a él le queda un año de recuperación para poder volver a la normalidad. Ha perdido 27 kilos. Aun así, estamos muy contentas de poder hacerlo, porque significa que está en casa y sabemos que mucha gente no ha tenido esa suerte”, explica la familia.

“Tengo que coger masa muscular. A mí, antes, no me pasaba nada. Si, cuando me ingresaron, era la primera vez que iba al médico, ¡y mira!”, cuenta Juan. “Ahora vienen un fisio y una enfermera a casa. La atención por parte de lo público es brutal. Ahora está todo empezando otra vez y los sanitarios están muy cansados. No tienen personal y no van a tener vacaciones”, comenta.

Emocionados al hablar de la labor de los sanitarios

Juan y su familia se emocionan cada vez que hablan de la labor de los sanitarios: “Hay mucha calidad humana. En el Hospital de Bellvitge, las enfermeras eran ángeles para ellos y para las familias. Las videollamadas, ver que le secaban las lágrimas al enfermo cuando se emocionaba...”.

"A mi padre tuvieron que hacerle una traqueotomía y no podía hablar. Cuando ya pudo, sus primeras palabras fueron para la enfermera, Lumi, que era muy simpática”, cuenta la hija de Juan. “Cuando lo pasaron a planta, se encontró con las enfermeras que estuvieron cuidando de él como un mes y medio en la UCI, mientras estaba sedado, y le dijeron ¡ya te podemos ver los ojos!”.

Para Juan, la atención que recibió durante sus meses de ingreso por parte del personal sanitario fue “impresionante” y de gran ayuda en los momentos en los que se sentía muy solo: “Estuve tres meses y medio solo, sin mi familia, y eso a mí me tenía amargado”.

Por todo ello, la familia remarca que quiere compartir esta historia para agradecer a todos los sanitarios su labor: “Nos llevamos un recuerdo precioso por su gran desempeño con mi padre”.

La vuelta a casa

Juan es una persona muy querida en su entorno y así quedó demostrado en su vuelta a casa. “Tuvo que volver en ambulancia porque no podía caminar. Cuando llegamos, los vecinos salieron a aplaudirle y le habían preparado un cartel en el que le daban la bienvenida”, explica la familia.

Ahora, ya en casa, el Hospital de Bellvitge sigue la evolución de Juan a través de una app con la que incluso puede comunicarse directamente con su neumólogo. “El esfuerzo que se ha hecho en la parte sanitaria es increíble, también en cosas como ésta”, señalan.

Por otra parte, Marc, el enfermero de Juan en el centro sociosanitario, les dio su número para poder ir comentado su recuperación y ayudarles con algunos consejos. Hacia él no tienen más que halagos: “Marc ha sido muy cariñoso y muy humano. Nos preguntaba también a la familia cómo estábamos y nos dio una clase magistral sobre cómo moverle y cómo hacer las curas, además de su teléfono para ir dándonos 'feedback'. Un encanto.”

“Además, fue él quien, al verle chafado de ánimo tras tanto tiempo encerrado, le sacó a la calle en silla de ruedas. Al principio, tanto el paciente como la familia se sienten muy solos, pero gracias a los enfermeros, que te acompañan y te escuchan, la cosa mejora”, añaden.

A Juan le espera ahora un año de curas y ejercicios para poder volver a la normalidad y, aunque el camino a ella es difícil, tanto él como su familia están muy agradecidos porque sea posible. “Yo, con poder dar un paseo por la montaña, cerca de un lago, tengo suficiente”, dice Juan.

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