Varios estudios rebajan el riesgo de difusión del coronavirus en los colegios: "Los niños podrían actuar como freno"

Una profesora y dos alumnos con mascarilla a las puertas de un colegio en Israel.
Una profesora y dos alumnos con mascarilla a las puertas de un colegio en Israel.
EUROPA PRESS

El cierre de centros educativos fue una de las primeras medidas que se tomó para frenar la expansión de la pandemia del coronavirus en numerosos países y, a día de hoy, sigue siendo uno de los puntos más conflictivos y que despierta mayores dudas en el lento regreso hacia la normalidad.

A pesar de que se ha considerado en muchas ocasiones a las escuelas como focos de riesgo de expansión del virus, los estudios científicos que van apareciendo contradicen esta afirmación.

El último de ellos se trata de una investigación realizada por científicos del Hospital Universitario de Dresde, en Alemania, en la que se han analizado muestras de sangre de casi 1.500 adolescentes y 500 profesores de 13 centros educativos y que ha encontrado apenas una docena de casos en los que hayan aparecido anticuerpos frente a la Covid-19.

“Los niños podrían incluso actuar como freno frente a la infección”, declaró en una rueda de prensa Reinhard Berner, miembro del equipo que ha desarrollado la investigación, la mayor llevada a cabo en Alemania en centros educativos, algunos de ellos ubicados en áreas en las que se han producido brotes.

Alemania ha sido uno de los primeros países europeos en reabrir sus escuelas, en el mes de mayo, aunque existe un debate científico y político, como en el resto de Europa, sobre el papel de los niños en la difusión de la enfermedad, especialmente a adultos vulnerables en sus casas y a profesores y personal de los centros educativos.

Otros estudios que lo respaldan

Éste no ha sido el primer artículo académico que rebaja el papel transmisor de los niños en las escuelas. A finales de abril, científicos del francés Instuto Pasteur llevaron a cabo una encuesta epidemiológica a 1340 personas vinculadas a seis colegios de Crépy-en-Valois, una localidad ubicada al norte de París.

Los resultados del estudio, publicados el 23 de junio, mostraron que solo tres niños se infectaron y ninguno había contagiado posteriormente a otros estudiantes ni a los profesores antes del cierre de las escuelas, que se produjo en febrero.

Otro de los datos que arrojó el estudio fue que la tasa de infección fue muy alta entre los padres de niños infectados -61%-, pero fue de solo un 6,9% entre los progenitores de los niños no infectados, un resultado que, según interpretaron los investigadores, indicaba que los padres fueron el origen principal de la infección y no sus hijos.

Por esas mismas fechas, se publicó un estudio elaborado por médicos de Singapur que también concluían que los niños no habían sido los principales transmisores del SARS-CoV-2 en las escuelas.

El artículo defendía que “los cierres de escuelas pueden no ser necesarios para mitigar el riesgo de brotes de Covid-19 en entornos educativos” e incluso sugerían que “podrían llegar a propagar la transmisión del SARS-CoV-2 ya que los niños que no estuvieran bajo supervisión podrían incrementar actividades sociales en la comunidad en lugar de mantener la distancia social”.

Brotes preocupantes

Ha habido, no obstante, algunos brotes importantes en centros educativos hasta la fecha que obligan a mantener cautela sobre las conclusiones de estos estudios. Un brote en una escuela islámica en las afueras de Melbourne, Australia, afecta actualmente a 147 personas, 76 de ellas, estudiantes.

Solo un brote escolar ha sido peor hasta la fecha, se dio en una escuela de Jerusalén, Israel, afectó a 153 estudiantes y 25 trabajadores a finales de mayo. En Nueva Zelanda, país que ha sido un ejemplo positivo de la gestión de la pandemia, otro brote en un instituto antes de que el país ordenara el cierre de todos los centros educativos afectó a 96 personas.

En España, el Ministerio de Educación propuso una guía para el regreso de las escuelas a la presencialidad, previsiblemente en septiembre, “en condiciones de seguridad” que ha sido adaptada por las comunidades, incluidas las fechas exactas de vuelta a las aulas.

La modificación más importante de la última versión presentada por Educación permite a las consejerías "flexibilizar" el máximo de alumnos que podrán conformar los denominados grupos burbuja, "siempre que la autoridad sanitaria de la comunidad lo autorice". El Gobierno había establecido que dicho número no supere los veinte, pero varios Ejecutivos autonómicos se opusieron. 

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