Una simbólica imagen de los horrores de la guerra preside este blog, el Guernica de Picasso. Colby Buzzel comenzó a relatar sus experiencias en la línea de batalla, reflejando los horrores de la guerra de forma anónima.
Un mes más tarde, sus superiores lograron identificarle y, preocupados por la información que podría transmitir en su blog le ordenaron que sus entradas fueran revisadas por un oficial antes de ser publicadas.
Colby dejó de bloguear desde el frente, y según un artículo publicado en el USA Today, muchos de sus post desaparecieron.
Otro de los soldados que sufrió las consecuencias de la censura fue Jason Hartley, autor del blog “Sólo un soldado más”.
Se desconoce el número exacto de soldados que bloguean desde Irak o Afganistán, ya que muchos de ellos lo hacen desde el anonimato. Mudville Gazette, es una bitácora que funciona como directorio de este tipo de diarios de guerra, en la cual se pueden contar unos 170 blogs de militares enlazados.
Intentos de control desde el Pentágono
Los mandos militares intentan transmitir normalidad ante este tipo de crónicas no autorizadas, pero según un reportaje publicado en Wired Magazine, el Pentágono o no está dispuesto a que el fenómeno se le vaya de las manos.
Desde la pasada primavera se puso en marcha una nueva política sobre los blogs militares por la cual se obligaba a todos los bloguers a registrarse dentro de sus unidades para que sus post fueran revisados por sus superiores.
Esta nueva política obliga a los soldados a no publicar información secreta o información sobre los militares muertos en combate antes de que sus familias lo conozcan.
Además, se ha creado un departamento especial encargado de analizar todo lo que se publica en Internet referente a la guerra y según ha sabido Wired, el Ejército prepara un informe sobre las consecuencias del blogging y otras comunicaciones a través de la Red en las zonas de combate.
Leonard Clark fue el primer soldado acusado de violar la política sobre los blogs militares. Además de ser degradado de su cargo, fue multado con 1.640 dólares al entender sus superiores que había difundido información clasificada en su bitácora.
Un número creciente de hombres está empezando a preguntarse por qué debemos seguir arriesgando nuestras vidas en este lío cuando sabemos que el Gobierno probablemente saldrá de aquí
La censura militar también cayó sobre un soldado que relató las actuaciones médicas tras una explosión en Mosul en la que murieron 22 personas, entre ellos 14 soldados de EE UU: “Íbamos de paciente en paciente para determinar quien tenía peores heridas y ver quien debía ser tratado primero”.
En su blog, ahora sólo se lee este mensaje: “Mis superiores me han ordenado cerrar este sitio. Ellos dicen que la información contenida en estas páginas viola las leyes militares…”
El Pentágono intenta frenar un fenómeno que se escapa de su férreo control y a la censura militar. Según el USA Today, podrían llegar a ser 1.000 los bloguers soldados que reflejen sus crónicas en Internet a finales de año, escribiendo desde sus portátiles o desde los cibercafés en Irak. ¿Podrán controlarlos a todos?

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