José Guardiola, María Romero, Simón Ramírez, María Masip, Jesús Puente, María del Puy y Antolín García.
José Guardiola, María Romero, Simón Ramírez, María Masip, Jesús Puente, María del Puy y Antolín García. ARCHIVO
"Vamos al cine... ¿Película doblada o en versión original?". En otros lugares del mundo esa pregunta ni se plantea:  no se doblan los filmes, a menos que sean infantiles. Pero sí en la mayoría de salas de nuestro país. Sin embargo, las colas en algunos cines de V. O. y el aprendizaje de otros idiomas sugieren que, quizá, habría que replantearse esta "tiranía".

El doblaje nace con el cine sonoro, e incluso antes
Desde hace mucho tiempo se acusa al franquismo de imponer esta costumbre. Efectivamente, los diálogos de las películas extranjeras fueron traducidos durante esa época, pero el doblaje ya existía.

Una leyenda franquista
Como explica Alejandro Ávila en el libro La historia del doblaje cinematográfico, el doblaje nace en España con la figura de los explicadores, profesionales escondidos tras la pantalla para aclarar el argumento y repetir los carteles del cine mudo que un sector analfabeto del público no podía comprender.  

El asunto se complica a partir de 1927, cuando se estrena en EE UU la primera película sonora: El cantor de jazz. El éxito es inmediato y la revolución, también -Cantando bajo la lluvia la explica a la perfección-. La avalancha de cine 'hablado' estadounidense llegó pronto a España, pero el público no entendía una palabra. Una solución original fue la de rodar copias de las originales con actores locales -por ejemplo, un Drácula calcado al de Lugosi-, pero no cuajó. Lógico. Así que los diálogos empezaron a traducirse primero en Hollywood, después en París y por fin, aquí.  

Los nombres de Arsenio Corsellas, Camilo García, Juan Miguel Cuesta, Ricardo Solans o Elsa Fábregas no 'suenan', pero sí sus voces: son las de Sean Connery, Harrison Ford, Alain Delon, Robert de Niro o la Escarlata O'Hara de Lo que el viento se llevó. Todos aparecen en el documental Voces en Imágenes. Su director, Alfonso S. Suárez, pretendía dos cosas: mostrar que el doblaje es anterior al franquismo y rescatar del olvido a estos profesionales.

Doblar una película exige un mes y entre 20 mil y 80 mil euros
El proceso del doblaje
Los Estudios Exa doblan unas 35 películas anuales desde 1951. Su director comercial, David Boto, explica que hay pocos estudios de doblaje fuera de Madrid y Barcelona -donde además son financiados por instituciones públicas-. Por cada película se cobran entre 20 mil y 80 mil euros. La mayor parte de los gastos se dedican a la parte artística del proceso: traductor, director de doblaje y actores, más si éstos son reconocibles.  

El doblaje de una película exige cerca de un mes. La imagen y el sonido llegan separados, este último dividido en música, efectos y diálogos. La primera semana se dedica a la traducción, a partir del guión original. Durante la segunda semana el director marca labiales y le quita literalidad al  guión. La tercera semana empiezan a registrarse diálogos. El último paso es la mezcla,  incorporándose los diálogos doblados a efectos y música.
 
Muchos definen el doblaje local como «el mejor por tradición, estudios y actores». Para Boto -que ve cine en V.O.- es "un mal necesario. Sería ideal que la gente supiese inglés. Tampoco es lo mismo un libro de poemas traducidos, y no se arma tanta polémica".

Tan actor como cualquiera
Pablo del Hoyo, presidente de Adoma (Asociación de Actores de Doblaje de Madrid), pide respeto "para el espectador, que puede elegir, y para nuestra profesión". Su labor no busca imitar la voz original ("los americanos la tienen muy nasal"), sino traducirla y adaptarla. "No somos bichos raros encerrados en una sala. Cuando salimos de aquí trabajamos, enseñando nuestra cara, como cualquier otro actor".

Directores como Woody Allen son las estrellas de la V.O.
Cinéfilos, fieles y no tan minoritarios
Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, San Sebastián... no muchas más ciudades españolas cuentan con salas exclusivas de versión original. Hace treinta años no había ninguna: como explica Enrique González Macho, propietario de los cines Renoir, "la primera película comercializada sin doblar en España fue Dersu Uzala, en 1982".

Para González Macho, este mercado "será siempre minoritario". Pero un importante directivo de Yelmo, otra de las grandes cadenas que apuestan por la V.O., es optimista. "Nosotros optamos por el cine comercial así, y hemos atraído un nuevo público. Ya no es sólo para intelectuales, sino  también para extranjeros y espectadores abiertos".

La versión original tiene sus  ‘taquillazos’. La sala 9 de los cines Ideal, en Madrid, es la decimoprimera en España con mayor recaudación, y directores como Woody Allen venden más en V.O. que doblados. Su última película, Vicky Cristina Barcelona, reunió en su primer fin de semana a cuatro mil espectadores en una sala ‘en inglés’, cuando la media por copia española era de mil quinientos.