Congreso Vacío
El Congreso, vacío el 17 de mayo de 2007, en plena campaña para las elecciones municipales y autonómicas. (Ángel Díaz / EFE). EFE

La imagen del hemiciclo del Congreso casi vacío, demoledora para la clase política, salta a los medios de comunicación de forma recurrente, aunque los múltiples cometidos de los diputados explicaría gran parte de las ausencias. Pero también subyace la desmotivación de algunos de ellos.

Al pleno se va a escuchar, y en él sólo trabajan algunos ponentes

La última de estas imágenes se produjo el pasado 12 de noviembre durante una de las sesiones plenarias que el Congreso ha dedicado a debatir los Presupuestos Generales del Estado.

Ese día la ministra de Defensa, Carme Chacón, antes de defender las cuentas de su departamento, informó sobre el atentado que tres días antes había costado la vida a dos militares españoles en Afganistán ante una Cámara mermada, sólo con un 20% de sus efectivos (de 350 diputados, sólo había 70).

Y esto después de que las ausencias en el pleno del 29 de octubre provocaran la reacción de Soraya Saénz de Santamaría, portavoz de grupo popular en el Congreso, que anunció un endurecimiento de las sanciones, de momento sin consecuencias. "Quien no quiera ser diputado que renuncie a su escaño", sentenció.

La diversidad de tareas de los diputados en el desarrollo de su condición de parlamentarios es el argumento oficial esgrimido para justificar estas ausencias.

Un día con sólo 24 horas

Así lo explica Javier Barrero (PSOE), secretario primero de la Mesa del Congreso de los Diputados, quien señala en declaraciones a Efe: "Dudo que haya muchos trabajos que tengan más dedicación que el de parlamentario, aunque eso no signifique que pueda haber algunos con menos ocupaciones, o más limitadas".

"Se relaciona el trabajo del parlamentario con el pleno, y eso no es así. Al pleno se va a escuchar, y en él sólo trabajan algunos ponentes, muchos estamos trabajando en el despacho", advierte.

El parlamentario, argumenta, tiene trabajo en su circunscripción, en el ámbito del partido, y como representantes del pueblo tienen que cumplir con su "mandato popular tanto legislativo, como de control y de gestión".

"Desmotivación y frustración"

Pero fuera de micrófono las cosas cambian, y en la Cámara Baja hay quien opina que a estas circunstancias, que son reales, se une "la desmotivación y la frustración" de algunas señorías. Hay una mayoría comprometida, pero "ha habido un cambio de paradigma, y ahora lo que vale es lo mediático", explica a EFE un parlamentario con varios años de experiencia.

"A los cinco o seis meses de iniciarse la legislatura, es cíclico, se produce un bajón en la asistencia a los plenos". Justo el tiempo que tardan algunos diputados jóvenes en darse cuenta de que la política no consiste en salir en los medios, y de que algunos veteranos que no han conseguido la notoriedad, caigan en el desánimo, explica.

Los jóvenes están acostumbrados a tener una proyección pública en sus circunscripciones donde, como miembros destacados de sus partidos o por su representación en los ayuntamientos, "a poco que hacen salen en los medios regionales. Y cuando ven que aquí no tienen esa repercusión mediática, que les falta protagonismo, viene un cierto grado de frustración", agrega la fuente.