Daniel Gascón: "La apropiación cultural es una idea estúpida"

  • La sátira y la exageración son el espejo con el que Daniel Gascón nos enfrenta a nuestras disfuncionalidades urbanitas.
Daniel Gascón, periodista, escritor y editor.
Daniel Gascón, periodista, escritor y editor.
Pippi Tetley

Un tipo al más puro estilo hipster acaba recalando en La Cañada, un pueblecito en el que sus ideas modernas se dan de bruces con la realidad... hasta que acaba convirtiéndose en alcalde y poniéndose al frente de todas las locuras que ocurren en la localidad. Así es Un hipster en la España vacía (Ramdom House, 2020) una divertida y crítica novela de Daniel Gascón.

Nacido en Zaragoza en 1981 estudió Filología Inglesa e Hispánica. Es traductor y ha publicado ensayos sobre la crisis catalana además de relatos y novelas. Es responsable de la edición española de Letras Libres. Fue coguionista de la películaTodas las canciones hablan de mí, de Jonás Trueba.

¿Es una novela, es una parábola? Tiene esa parte de contar a través de lo que sucede en un pueblo muchos temas de la política y de la cultura españolas. Pero yo la pensaba siempre como novela, entendiendo novela como ese género que te lo permite todo, como hablar con muchas voces. Es un género en el que todo cabe, incluidas las parábolas.

¿De veras somos tan distintos la gente urbanita de la gente rural? Hay muchas más coincidencias de las que pensamos, pero en los últimos años se ha convertido en un objeto de estudio de la sociología y la geografía, para reconocer las diferentes sensibilidades que hay y lo hemos visto, en Reino Unido con el tema del Brexit, o en España con la despoblación, en Estados Unidos, en Francia… quería aprovechar el contraste, usando la exageración.

¿Nos hemos alejado de lo rural? Según mi propia experiencia mucha gente tenía todavía una conexión con el mundo rural, al pasar el verano en el pueblo de los abuelos, las visitas a la familia de allí… y en los últimos años esto se ha roto un poco.

¿Es su caso? Casi toda la gente que yo conozco como poco tiene un abuelo del pueblo. En mi caso los cuatro abuelos provenían del mundo rural y tenía un contacto bastante grande con cosas concretas, como bromas orales. Si no hubiera tenido esa experiencia no habría podido escribir el libro.

El protagonista acaba por mimetizarse con el ambiente… Me gustaba este personaje porque es alguien completamente ajeno a ese entorno y que no se entera de nada y un poco de manera azarosa acaba siendo alcalde y uno más del pueblo, aunque un poco distinto, igual que los del pueblo son distintos entre sí.

El humor está muy presente en todo el libro… Sobre todo es un libro de humor, es un humor irónico, a veces fantasioso o surrealista. El objetivo era divertirme escribiéndolo y también divertir al público. Es un humor que se hace con el lenguaje del hipster, muy posmoderno y otras veces con el lenguaje de los habitantes del pueblo y a veces con historias de la trama, como que el protagonista quiera poner un huerto ecológico o como que a él le parezca que ordeñar a las ovejas sea acoso sexual.

El humor es mágico para confrontar realidades, ¿no? Muchas veces para poner de manifiesto contradicciones o para entender cosas de la realidad el humor funciona muy bien, porque se basa en mirar una misma cosa al menos desde dos sitios a la vez y eso crea perspectiva.

¿Nos hemos vuelto un poco absurdos con algunas cosas y temas en la ciudad? Como lo de las ovejas que contaba… El que llega allí, al pueblo, tiene un discurso muy de posmoderno, quizá cercano al mío y es un discurso obsesionado con los símbolos, con lo lingüístico, alejado de lo concreto y de repente eso se choca con la realidad.

¿Ha tenido referentes en eso de darse cabezazos con la realidad? Pesaba mucho en El Quijote, por ejemplo o cuento de la Ilustración. Alonso Quijano lee unos libros que acaban por distorsionarle la realidad y al protagonista de mi novela le pasa un poco lo mismo solo que en lugar de leer libros de caballerías le pasa con los discursos sobre el género, el ecologismo, por muchas ideas que son buenas y beneficiosas, pero que el no sabe aplicarlas en la realidad concreta del pueblo.

¿La Cañada es un pueblo real? Es un pueblo inventado. Mi familia viene de un pueblo que se llama Ejulve, en Teruel y mi madre fue médico rural durante mucho tiempo y vivimos en varios pueblos del Bajo Aragón, del Maestrazgo y un poco mezclé. Son todos los pueblos que conozco y a la vez no son ninguno.

Repasemos algunos de esos aspectos de la realidad que aparecen en el libro… como VOX. Sí, hay unos de VOX que van a hacer campaña y justo en el pueblo están rodando una película sobre la guerra a lo Libertarias, con gente de la república y ellos lo toman como la realidad. Creo que VOX tiene un diagnóstico bastante delirante de la realidad española. Lo que hago es exagerar esa forma de pensar que vamos a tener en España una revolución comunista o algo así.

¿Necesitó exagerar mucho? El arma del libro es la caricatura y así aparecen muchos fenómenos de la política y también tenía que estar el surgimiento de la extrema derecha, que es un fenómeno que nos preocupa a todos, porque embarra mucho el campo y hace que algunos de los contrastes que había se tambaleen y coloca en tensión a los otros partidos. Es importante que haya una derecha moderada que no sienta la presión de esa mezcla de conspiranoia e incompetencia que es VOX.

En el extremo opuesto también aparece el independentismo catalán… Tanto VOX como el independentismo son movimientos nacionalistas y el nacionalismo se dedica a mentir sobre el pasado, el presente y el futuro, usando datos falsos y el victimismo para vender la idea de una amenaza de la que ellos nos van a proteger. A la vez prometen un futuro imposible. Entre VOX y el independentismo hay muchos elementos en común que además cada día podemos ver, como en el trato a los de fuera, en la vocación de aislamiento…

¿Hay buenos y malos en ese enfrentamiento? Los nacionalistas siempre tienen que designar quiénes son los malos dentro de su propia nación, los malos españoles, los malos catalanes… son fenómenos que tienen más parecidos de lo que les gustaría y aunque se tengan tirria tienen mucho en común.

En La Cañada tienen incluso su propia exhumación… (Risas) Me parecía que la memoria histórica y su importancia en la literatura era un asunto muy importante en los últimos años y se me ocurrió que hubiera un escritor que se inventa de repente que durante la guerra en el pueblo hubo un creador que fue fusilado. Y la gente se lo cree y dado el éxito tienen que meter a alguien en una fosa para no desmentir la leyenda. Quedaba divertido y también hacía reflexionar con la broma sobre la memoria, sobre el trato que se le da a la realidad y al mito y como estamos siempre reelaborando la historia.

¿Los grandes medios de comunicación se olvidan a veces de todo lo que no sea Madrid o Barcelona? Hay libros, documentales y películas que sí que subrayan el mundo rural, pero los medios normalmente tienden a representar más los lugares donde hay más población o donde están ellos. Eso se ve mucho, por ejemplo cuando estás fuera de Madrid y ves la sobrerrepresentación que tiene la política madrileña en las noticias nacionales. Sí, es muy importante porque es un centro de poder, pero aparece mucho más que otros asuntos. También depende por comunidades, porque recuerdo que en la televisión aragonesa sí estaba el mundo rural muy representado.

Usted es editor, ¿cómo ha golpeado el coronavirus al sector? ¿Hemos leído más? Hubo una paradoja. Por un lado era más difícil consumir o conseguir libros y sin embargo la cultura tenía mucha presencia en las discusiones. Ha habido cambios que han sido coyunturales y otros que serán más duraderos, como la venta por internet, que puede hacerse ya no sólo con una gran compañía, sino con tu librería. Pero también se ha hecho que se tambalee un sector que de por sí es frágil y precario, aunque resista mejor que la música o el espectáculo, porque se consume en solitario.

También habla de la apropiación cultural de una forma muy graciosa… ¿es por hacer crítica? En algunos casos quiero hacer crítica usando la sátira. Lo bueno que tienen la ficción y el humor frente a un ensayo más analítico es que siempre tienes una cierta ambigüedad. En los últimos años hemos discutido mucho sobre la corrección política, la posmodernidad, la diversidad… que muchas veces eran impulsadas por un afán loable de igualdad y de progreso, pero que a veces ese mismo afán generaba disfuncionalidades y estupideces y la idea más estúpida de los últimos tiempos es la de la apropiación cultural.

¿Por qué? La cultura es básicamente apropiación cultural. Cómo uno toma de otros, como lo particular te permite descubrir lo común. Y esta gente que habla siempre de apropiación cultural cree que tenemos que estar viviendo en una especie de guetos culturales en los que sólo tú puedes hablar de lo tuyo y que la experiencia no es comunicable. Eso es la negación de la cultura. Y pensé en tratar eso en el libro, cuando una cantante estadounidense tipo Rihanna aparece en la tele luciendo el traje típico del pueblo.

¿Hay guiños a esa biografía suya ligada a lo rural en la novela? No uno si no muchos. Muchas cosas exagerada, claro, porque aparece una médico con muchos hijos, o que haya una zona de las eras… el libro tiene muchas referencias, aunque muchas puedas entenderlas y otras no. Aparece un pueblo que se llama Melero y yo pensaba en José Luis Melero, que es un escritor aragonés. Pero cualquier lector entiende dónde están los chistes, aunque no tenga siempre la referencia. Hay para todos los lectores.

¿Qué perfil de lector disfrutará más con el libro? Cuando escribo siempre pienso en lo que me gusta a mí, que es una medida un poco absurda, pero la más cercana. Algunas de las historias las empecé a publicar sueltas en Letras Libres y me sorprendió que gente tanto de ciudad como del campo me decían que les hacían mucha gracia y se sentían identificados y de muchas partes de España. Me encantó que el otro día la hija de una amiga, que tiene 17 años, me dijera que se había reído mucho. Me alegró que podía conectar con los jóvenes. Es un libro que tiene muchos niveles de lectura y puede divertir a lectores muy distintos.

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