'Arrugas'
Imagen del cómic 'Arrugas'. FOTO: ASTIBERRI EDICIONES ASTIBERRI EDICIONES
Aún no tiene muy claro por qué le han concedido el Premio Nacional de Cómic de este año. Un galardón menor de edad –cuenta sólo con dos años de vida– que al fin pone a este género "a la misma altura que otros", como la Literatura o el Cine.

Porque el dibujante valenciano Paco Roca, autor de
Arrugas (Astiberri Ediciones, 15 euros), la obra reconocida, asegura tener una trayectoria demasiado «corta». Hablando con 20 minutos, sin embargo, rezuma "alegría" por los cuatro costados y se muestra encantado por haber vencido a consagrados del ramo como Alfons López o Miguel Gallardo; "es lo más".

Sus padres y sus miedos

Paco Roca 230Quizá, lo que aprecie por encima de todo es el reconocimiento a una historia de sentimientos y de ancianidad. Un reflejo de su propia vida, de la de sus padres y sus problemas -"me hacen un informe detallado cada vez que hablo con ellos"-.

Ese miedo compartido a la vejez le ha hecho reflexionar, por ejemplo, sobre el alzheimer. Y le ha llevado a empatizar con su público de una manera muy directa, sea éste francés, italiano o español, ya que el volumen, protagonizado por un entrañable abuelo llamado Emilio que da con sus huesos en una residencia, ha sido editado en los tres países.

Lo dice alguien que se crió entre Mortadelo y Filemón y Tintín, un personaje que le enseñó "a amar la aventura y el cómic".

Real, experiencias humanas

Luego cayeron en sus manos los geniales trabajos de Frank Miller y otros que le "impactaron" sobremanera, clásicos que le contagiaron esa emoción que transmite desde aquellos comienzos suyos en las revistas de Kiss Comix y El Víbora, allá por finales de la década de los 90.

'Arrugas' 230Siempre, eso sí, tratando de que el resultado final sea, "además de interesante, muy real" recalca, repleto "de experiencias humanas y realismo". Es su defensa de un arte antes menor, el cómic, al que le ha costado sangre, sudor y lágrimas sacar la cabeza del agujero.

"En los 80 hubo un boom, pero más de revistas", explica, apostillando que ahora vive su mejor momento, una era en la que títulos indiscutibles como "Maus –de Art Spiegelman –, Píldoras azules – de Frederik Peeters– o Paracuellos –de Carlos Giménez– interesan" a la gente de a pie, que no tiene que avergonzarse de leerlos.

Lo de buscar historietas por las librerías era en otro tiempo "demasiado especializado, como entrar en un sex shop"; ahora las grandes superficies ya les dedican un lugar destacado al lado de las novelas y los ensayos de renombre. La utopía, cree, es tener una conciencia a la francesa, "donde apenas se distingue" un género de otro.

Más premios para la obra

'Arrugas' 230Roca ya está terminando una nueva historia, Las calles de arena, y tiene un poco de "miedo" acerca de lo que pasará con ella si profesionales de la talla de Max (Francesc Capdevila) o Miguelanxo Prado, jurados en la edición de este año del premio del Ministerio de Cultura, dotado con 20.000 euros, deben poner sus ojos en ella.

Es el vértigo de la fama que está cosechando Arrugas. El libro, documentado de manera estricta con una profunda investigación en geriátricos, también ha recibido sendos reconocimientos en el Salón del Cómic de Barcelona; otro del festival de Lucca; y dos premios Dolmen.

Sus otros dibujos, GOG (La Cúpula, 2000) El juego lúgubre (2001) o Hijos de la Alhambra (Planeta, 2007) no desmerecen. El Faro, ya con Astiberri, era hasta hoy su obra más sonada. Hablaba de los sueños, de la libertad.