Alumnos de Selectividad vuelven al instituto: "Estudiando desde casa bajó el nivel de golpe"

  • Institutos de Barcelona y Lleida han reabierto con controles de temperatura, clases con aforo máximo y otras medidas extraordinarias por la Covid-19.
  • Estudiantes de segundo de bachillerato han vuelto a las aulas para preparar la Selectividad, que este año se celebrará entre el 7 y el 10 de julio en Cataluña.
  • "Nos hemos dado cuenta de lo importantes que son las clases presenciales", asevera la directora de uno de los centros.
Alumnos de segundo de bachillerato del instituto Can Planas, durante una clase de catalán.
Clase de catalán para estudiantes que se presentan a Selectividad, en el instituto Can Planas de Barberà del Vallès (Barcelona).
Miquel Taverna

La semana pasada los institutos de las regiones sanitarias de Barcelona y Lleida reabrieron sus puertas y, con ello, los alumnos de segundo de bachillerato retomaron las clases presenciales de preparación a la Selectividad, que este año se ha aplazado por la crisis del coronavirus y tendrá lugar entre el 7 y el 10 de julio en Cataluña.

Segundo de bachillerato es uno de los cursos más intensos para todo estudiante, que se concentra en asumir una ingente cantidad de conocimientos que plasmarán en unas pruebas donde ponen juego su futuro. La presión es alta, y el ritmo de estudio también. No obstante, hace tres meses la pandemia paró en seco el ritmo de las clases y los alumnos tuvieron que asumir la responsabilidad de aprender confinados lo que no podían en las aulas.

Es el caso de María García, Alicia Leo, Naila González y Ana Carrasco, alumnas de segundo de bachillerato del instituto Can Planas de Barberà del Vallès (Barcelona). Ellas reconocen que “al principio todo fue un caos”, aunque poco a poco han aprendido a organizarse.

“Al principio del confinamiento no nos enviaron casi nada. Fue a partir de mayo cuando nos metieron caña”, explica una de ellas, a lo que una de sus compañeras añade: “Hemos bajado el ritmo de golpe y he tenido miedo, porque en clase iba haciendo exámenes y tenía la sensación de que avanzaba. Desde casa he tenido la sensación de que me enfriaba; de que, al no estar haciendo exámenes, iba a llegar fría a la Selectividad”. 

"Tenía la sensación de que, al no estar haciendo exámenes, iba a llegar fría a la Selectividad"

La vuelta a las clases presenciales, dicen, ha sido “muy rara”. De hecho, una de las jóvenes comenta que todavía se le olvida la mascarilla en casa y tiene que volver a por ella. Igualmente, asegura lo que más le afecta es “no poder tener contacto con las personas, no poder abrazar”. Y es que no hay que olvidar que el instituto es, además de un centro de estudios, un importante punto de socialización para los jóvenes.

Así mismo, las cuatro estudiantes lamentan que el aplazamiento de la selectividad por la pandemia les ha “estropeado el verano”: “No era un verano como el de primero de bachillerato, en el que tuvimos que hacer el Treball de Recerca. Era un verano libre, y ahora ya no”, dice una, mientras sus compañeras le dan la razón. Algunas explican que ya han renunciado a sus planes de trabajar o sacarse el carné de conducir durante las vacaciones, mientras otras cuentan que quieren seguir estudiando para sacarse el First Certificate.

Las estudiantes desayunan en la puerta del instituto, antes de retomar las clases presenciales de preparación a la Selectividad.
Las estudiantes desayunan en la puerta del instituto, antes de retomar las clases presenciales de preparación a la Selectividad.
Miquel Taverna

Clases con aforo máximo, separación y mascarilla

Suena el timbre. Es hora de volver a clase. Las alumnas entran al recinto del instituto por la misma puerta y acceden al edificio de bachillerato por el punto habilitado. Allí se les mide la temperatura y, en una alfombrilla impregnada de desinfectante, restriegan las suelas de los zapatos. Entonces se dirigen a sus aulas, donde en la puerta tienen colocada la solución hidroalcohólica que se dispensan en las manos antes de entrar.

Dentro del aula, donde se ha establecido un aforo máximo de 15 estudiantes, la clase se lleva a cabo con mascarillas y los pupitres separados para respetar la distancia de seguridad. Cuando termina la lección y los alumnos salen, entra la mujer de la limpieza que se encarga de desinfectar todo para la siguiente clase.

La señora de la limpieza entra a desinfectar el aula entre clase y clase.
La señora de la limpieza entra a desinfectar el aula entre clase y clase.
Miquel Taverna

Además, los alumnos que decidan acudir voluntariamente al centro tienen que traer la Declaración responsable, un formulario del Departament d'Educació que la familia tiene que firmar "dando visto bueno" y declarando "que el estudiante no tiene síntomas compatibles con la Covid-19, ni tampoco ninguna enfermedad de riesgo", según explica el Coordinador de Riesgos Laborales, Josep Àngel Méndez.

"Las clases no son un ordenador"

Al salir de su primera clase tras del confinamiento, Mónica Martínez, profesora de castellano, cuenta que se encuentra “muy afectada por no tener el contacto directo con los alumnos”. Tampoco se alegra de haber tenido que dar la lección a distancia durante el confinamiento, ya que según ella “las clases no son un ordenador. Se hacen en las aulas, pisando, escribiendo, sabiendo cómo respiran los alumnos. De repente todo eso termina, con mucha sorpresa y mucha tristeza”, explica la docente.

"Las clases se hacen en las aulas, pisando, escribiendo, sabiendo cómo respiran los alumnos"

Así mismo, Martínez apunta que esta semana ha vuelto a las aulas “con los mismos nervios del primer día de clase” y que, aunque estaba ilusionada por ver a sus alumnos, siente que ahora tiene una responsabilidad añadida: “Tanta mascarilla, tanta limpieza, tanto Plan de apertura... Con todo este despliegue, las clases tienen que estar a la altura”, dice.

clase castellano selectividad instituto can planas barberà del vallès (BCN)
La profesora Mónica Martínez durante su clase de castellano, este martes.
Miquel Taverna

Nada como las clases presenciales

Si algo ha quedado claro es que estudiar desde casa no es lo mismo, ni para los alumnos ni tampoco para los docentes. Así lo refuerza Montserrat Guiteras, la directora del instituto: “Nos hemos dado cuenta de lo importantes que son las clases presenciales. Antes, a veces se decía que lo acabarían sustituyendo por un robot. Pues no. Es súper necesario el contacto y, de hecho, hay muchos alumnos que han dejado de hacer cosas porque han sentido que no tenían el acompañamiento de los compañeros. La vida social que se hace en el instituto”, dice.

"Nos hemos dado cuenta de lo importantes que son las clases presenciales"

Igualmente, Guiteras considera que durante el confinamiento “se ha trabajado de forma bastante digna” gracias a la faena conjunta de todos los que forman parte del centro. “Aquí todo el mundo se ha tenido que poner las pilas”, dice, y apunta que cada profesor se ha organizado como ha creído oportuno para terminar el curso a distancia: “Algunos han hecho clases por videollamada, otros las han grabado y enviado, otros han optado por mandar faena a través de correos… Ha habido diversidad de metodologías”, cuenta.

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