Aún pocos diputados, pero con algunos periodistas ya de vuelta: el Congreso inicia el camino a su 'nueva normalidad'

  • La reapertura de los plenos a un número reducido de redactores y a un grupo mayor de parlamentarios no cambia el clima de tensión de las últimas semanas.
  • Sus señorías se invitan a café mientras se lanzan durísimos reproches en un Congreso en el que aún la mayoría de diputados no acudió.
  • La trama Gürtel, el 8-M, la "purga" de Marlaska en la Guardia Civil, las muertes en las residencias o ETA salen a relucir en un pleno crispado.
El Congreso de los Diputados, este miércoles.
El Congreso de los Diputados, este miércoles.
EFE

La fase 2 de la desescalada, a la que accedió la Comunidad de Madrid el pasado lunes, ha llegado al Congreso de los Diputados. Por primera vez en meses, este miércoles la Cámara Baja celebró un pleno con presencia de periodistas, aunque aún con mucha cautela, ya que solo se permitió la entrada a una treintena de redactores y cámaras. Por su parte, tan solo un tercio de los diputados siguió la sesión presencialmente. Pero no hizo falta que el hemiciclo completara su aforo para que el tono se mantuviera igual de bronco que en las últimas semanas.

Desde que la semana pasada los grupos parlamentarios acordaron que pudieran acudir físicamente a las sesiones hasta un 25% de sus diputados, el Congreso ya no presenta una imagen tan desangelada como la de los primeros plenos durante la pandemia, a los que apenas acudieron un puñado de diputados. Este miércoles, en torno a un tercio de los parlamentarios se agruparon en el hemiciclo (más de un centenar de personas), e incluso grupos como el PP se negaron a cumplir el límite establecido y trajeron a la Cámara Baja a la mitad de sus integrantes.

La normalidad, no obstante, solo es relativa en un edificio aún con muchas zonas cerradas, carteles informativos sobre el coronavirus en cada esquina y mucho menos concurrido de lo habitual. Aunque la prudencia de los servicios de la cámara no se reprodujo en el interior del hemiciclo, ni en el plano sanitario ni en el retórico. No solo la inmensa mayoría de sus señorías prescindieron de la mascarilla -obligatoria para los trabajadores y los periodistas- en sus escaños. También se mantuvo el tono duro y el cruce de acusaciones que ha marcado los últimos plenos.

A pesar del avance de la desescalada sanitaria, la tensión siguió escalando en una sesión en la que se mencionó la trama Gürtel, el 8-M, la supuesta "purga" del ministro Fernando Grande-Marlaska en la Guardia Civil, las muertes en las residencias de ancianos e incluso a la banda terrorista ETA. De hecho, la diputada de Vox Macarena Olona exhibió una foto de Marlaska portando el féretro del magistrado José María Lidón, asesinado por ETA en 2001, para mostrar su "degradación".

Por su parte, varios ministros acusaron al PP de pretender "derrocar" al Gobierno con su agresivo estilo de oposición. Y es que el habitual tridente popular, formado por el líder, Pablo Casado; la portavoz, Cayetana Álvarez de Toledo; y el secretario general, Teodoro García Egea, compitió en dureza. Mientras Casado reprochó al presidente Pedro Sánchez su "incompetencia" y le acusó de ofrecer el mensaje de que "quien no le alaba, crispa", Egea aseguró que el Gobierno no sabe "ni contar a nuestros muertos" y aseguró que el Ejecutivo se "ríe" de los españoles.

Cafés entre Gobierno y oposición

No obstante, quizá la dirigente del PP más contundente fue Álvarez de Toledo, que volvió a protagonizar una de sus ya habituales enganchadas con la vicepresidenta primera del Gobierno, Carmen Calvo. "Usted ha insinuado que el PP apoya un golpe de Estado. ¿Es consciente de lo que ha dicho?", espetó la portavoz del PP a Calvo, a quien exigió que "diga en la cámara que fue un bulo y que el golpe de Estado fue la muerte de miles de españoles".

En respuesta a la "interesante" pregunta original de Álvarez de Toledo -que cuestionó "qué grado de compromiso tiene el Gobierno con la verdad"- , Calvo aseguró que el Gobierno tiene una "obligación" para con ella. Y, en una contestación poco habitual, pidió a la portavoz del PP que tomara un "café con un par de horas por delante" con ella para discutir una pregunta tan "filosófica". "Acéptelo", le pidió.

Álvarez de Toledo ya no pudo contestar. Y tampoco lo hizo García Egea a una invitación en los mismos términos del vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, un "pésimo vicepresidente" a quien volvió a acusar de ser el responsable de las muertes en las residencias de ancianos durante la crisis del coronavirus pese a que la competencia sobre estos centros recae en las comunidades.

Iglesias aseguró que la dura oposición del PP en estas últimas semanas "es la prueba de su derrota política". "Por eso gritan, por eso mienten, por eso patalean, y si quiere tomamos un café", zanjó. Aunque parece poco probable que esos cafés se terminaran celebrando, más aún cuando la cafetería del Congreso también funciona a medio gas en esta reactivación de la normalidad.

"¿A qué olemos las mujeres?"

Pero las invitaciones a tomar un refrigerio no fueron las únicas palabras poco habituales que se pronunciaron en el hemiciclo este miércoles. En el pleno también pudo escucharse cómo una ministra, la de Hacienda, María Jesús Montero, preguntaba retóricamente "a qué olemos las mujeres".

El interpelado era el grupo parlamentario del PP, y Montero se refería a las declaraciones de su portavoz en el Senado, Javier Maroto, que aseguró que "España huele al 8-M" y sostuvo que hay que analizar el hecho de que "en las comunidades autónomas gobernadas por el PSOE haya más fallecidos en relación al número de contagiados o más fallecidos en relación al número de hospitalizados".

"No me preocupa la posición de Vox, sino la del PP. Que ayer dijera Maroto que España huele al 8-M. ¿Eso qué significa?. ¿A qué olemos las mujeres?", se preguntó Montero muy airada. Y mientras, el portavoz de Vox, Iván Espinosa de los Monteros, a quien en teoría estaba respondiendo la ministra en ese momento sobre política fiscal, sostenía un cartel pidiendo a la titular de Hacienda que se ciñiera a la pregunta. La imagen evidencia el desencuentro de unos bloques que ni siquiera se ponen de acuerdo en el tema sobre el que hablar.

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