EE UU vive otro intenso día de protestas por la muerte de George Floyd pese a las amenazas de Trump y el toque de queda

Policías se reflejan en un espejo sostenido por un manifestante durante una protesta en Nueva York por la muerte de George Floyd.
Policías se reflejan en un espejo sostenido por un manifestante durante una protesta en Nueva York por la muerte de George Floyd.
JUSTIN LANE / EFE

Las protestas por la violencia policial contra los afroamericanos cobraron fuerza este martes en distintas ciudades de EE UU, nutridas por la indignación de cientos de personas ante la amenaza de militarización del presidente, Donald Trump, y las tácticas usadas para despejar a los manifestantes.

Una multitud mucho mayor que la del lunes, con miles de personas, se congregó por la tarde en el centro de Washington, mientras los manifestantes inundaban también las calles de Nueva York, Los Ángeles o Houston, en el octavo día de protestas por el homicidio del afroamericano George Floyd a manos de un policía blanco. En muchas ciudades las protestas continuaron durante la noche, a pesar de los toques de queda impuestos para frenar los disturbios y las concentraciones

"No tenéis vergüenza, en la Casa Blanca hay un racista", coreó un grupo situado en la primera línea de la protesta en Washington, según constató Efe.

Los manifestantes se dirigían con esa frase a las fuerzas de seguridad situadas al otro lado de una enorme valla metálica, de unos dos metros y medio de altura (8 pies), instalada la mañana del martes a lo largo del extremo norte del parque Lafayette, contiguo a la Casa Blanca.

La nueva valla impidió a los manifestantes acercarse a la Casa Blanca y ocupar el parque Lafayette, que este lunes fue el escenario de una fuerte polémica cuando las fuerzas de seguridad dispersaron con gases lacrimógenos a las personas que protestaban para que Trump pudiera cruzar a pie la plaza y hacerse una foto delante de una iglesia.

El episodio generó duras críticas al presidente por parte de líderes religiosos, políticos demócratas y al menos un senador republicano, Ben Sasse; aunque el líder de la mayoría conservadora en el Senado, Mitch McConnell, bloqueó una resolución de condena a Trump impulsada por la oposición progresista.

Cientos de manifestantes protestan en Washington frente a la Casa Blanca (protegida por una valla) por la muerte de George Floyd a manos de la Policía y la violencia policial contra los afroamericanos.
Cientos de manifestantes protestan en Washington frente a la Casa Blanca (protegida por una valla) por la muerte de George Floyd a manos de la Policía y la violencia policial contra los afroamericanos.
JIM LO SCALZO / EFE

La controversia creció cuando varios medios revelaron que fue el fiscal general de EE UU, William Barr, quien dio la orden a los agentes de seguridad federales para que extendieran el perímetro vallado alrededor de la Casa Blanca, en un momento en el que había cientos de manifestantes participando en una protesta pacífica.

Eso permitió a Trump acercarse a pie a la histórica iglesia episcopal de Saint John, situada al otro extremo del parque y escenario de un pequeño incendio el domingo que no causó daños, y posar ante las cámaras con una Biblia en la mano, un gesto que muchos consideraron poco más que un guiño a sus votantes.

El jefe en funciones de la Policía de Parques de EE UU, Gregory T. Monahan, negó este martes en un comunicado que sus agentes "o los que les apoyaban" hubieran usado gas lacrimógeno para dispersar a los manifestantes, como indicaron numerosos testigos y periodistas que estaban en la zona.

Monahan afirmó que lo que emplearon los policías fueron "botes de humo y bombas de pimienta", y aseguró que lo hicieron para responder al supuesto lanzamiento contra las autoridades de "ladrillos, botellas de agua helada y líquidos cáusticos", a pesar de que las cámaras de numerosos medios no captaron ningún choque semejante.

Donde habló Martin Luther King

En cualquier caso, el suceso pareció inyectar fuerza a los manifestantes, que, ante la imposibilidad de acercarse a la Casa Blanca, se extendieron hasta el histórico monumento a Lincoln, donde el reverendo Martin Luther King Jr. dio su célebre discurso "Tengo un sueño".

Sentados al pie de la escalinata que lleva al monumento, los manifestantes se mantuvieron en silencio y después, al filo del comienzo del toque de queda de las 19:00 (23:00 GMT), pronunciaron una oración mirando a decenas de efectivos de la Guardia Nacional, que les contemplaban desde lo alto de las escaleras.

Barr, el fiscal general, advirtió de que la presencia de agentes federales se reforzaría todavía más este martes, aunque no se refirió a la amenaza de Trump de sacar a "miles y miles de militares" a las calles de Washington.

El Pentágono ha desplegado a policía militar en activo del Ejército de tierra y a ingenieros de combate en las cercanías de la capital por si fuera necesario enviarlos a la zona de las protestas, según fuentes oficiales citadas por varios medios.

Toque de queda adelantado en Nueva York

Las imágenes de multitudes también se repitieron en Los Ángeles, Boston, Houston o Nueva York, donde el toque de queda, el primero en la Gran Manzana en casi 80 años, se adelantó a las 20:00 (24:00 GMT), después de que el lunes el grueso de la violencia comenzara justo al anochecer.

Nueva York vivió este martes una nueva ola de protestas ciudadanas pacíficas reclamando justicia, pese al aviso de las autoridades de que el coronavirus se puede extender y tras una noche -la del lunes- de saqueos en Manhattan que llevó al alcalde a extender el toque de queda hasta el próximo domingo, en un intento por frenar unos disturbios que han dejado partes de la ciudad muy afectadas y que han disparado la tensión política.

En total, se efectuaron más de 700 arrestos en la ciudad, con diferencia el mayor número desde el inicio de las protestas desencadenadas por la muerte de George Floyd.

Varios miles de neoyorquinos volvieron a ignorar el toque de queda y siguieron manifestándose hasta bien entrada la noche de este martes, pero esta vez de forma pacífica, sin disturbios, más allá de algunos robos e incidentes puntuales y una acción policial más efectiva que practicó numerosas detenciones, así como gracias a la colaboración de muchos manifestantes que frenaron a los alborotadores.

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