Los camareros del restaurante La Torre de Fang, situado a la calle Clot, 192 de Barcelona, sirven a sus escasos clientes ataviados con casco, chaleco reflectante y gafas de soldar para protestar por los efectos de las obras del AVE, que han cortado al tráfico sus accesos y los han rodeado de vallas. «La gente que venía en coche ya no viene. Para venir hasta aquí hace falta hacerlo a pie y expresamente», ha asegurado su propietario, Manolo Pérez, a 20 minutos.

No sé cuánto podremos aguantar. No podemos dejarlo porque no tenemos adónde ir ni qué hacer

Lo mío es vender macarronesEste restaurante, abierto hace 120 años, también ha bajado los precios. Un café o una caña, que antes costaban 1,30 euros, ahora sólo valen 50 céntimos. El menú, compuesto de platos caseros como pies de cerdo, rabo de toro o callos, ha descendido desde los 25 a los 15 euros. Pese a esto, cada vez hay menos clientes. «Antes de las obras y de la crisis, servíamos unos 50 o 60 menús diarios, ahora no llegan a 15 o 20 como mucho», dice Pérez.

De hecho, ya se están planteando cerrar los domingos. «Antes estaba tan lleno que para venir un fin de semana hacía falta reservar y nos tenían que ayudar cuatro o cinco camareros extra», recuerda Pérez. El problema de este restaurante no es único. Muchos comercios del barrio barcelonés de La Sagrera yahan cerrado y los que están a punto de hacerlo piden ayudas para sobrevivir a las obras.