Nyno Vargas, la historia de la salvación gracias a la música y su último capítulo: 'Hola, Nena', junto a Omar Montes

El cantante Nyno Vargas, en una imagen de estudio.
El cantante Nyno Vargas, en una imagen de estudio.
Juan Perez-Fajardo

El cantante Nyno Vargas cuenta las reproducciones de sus videoclips en YouTube por millones. Su último single ha sido Hola, Nena, en el que junto a Omar Montes le cantan a la infidelidad. El tema, auspiciado por Warner Music, está producido por Chus Santana (productor de Alocao de Bad Gyal y Omar Montes).

A sus 28 años Nyno Vargas, gitano del Barrio de las 613 Viviendas de Burjassot (Valencia), tiene detrás la historia de la salvación gracias a la música, de la llamada de lo viral y de la conciencia de haber encontrado el éxito en hacer lo que le gusta. Además, acaba de regresar de Supervivientes, tras lo que ha descubierto el alcance de la pandemia del coronavirus. 

¿Cómo surgió Hola, Nena?Omar y yo nos conocemos desde hace casi diez años, cuando yo entonces estaba empezando en la música y él era boxeador y trabajaba de seguridad en una discoteca que a mi me contrataba y entablamos amistad y a el le gustaba mi música. El se venía a mis conciertos y cantaba conmigo porque se sabía las canciones. Hablamos de hacer una canción juntos pero para eso él tenía también que empezar... La conclusión es que yo seguí haciendo mi camino y él el suyo y haciéndose un nombre y yo en paralelo con mi marcha.

Y lo de hacer algo juntos quedó pendiente, ¿no? Queríamos hacer una canción juntos, pero él estaba liado por una parte, yo estaba liado por otra y hasta que un día dijimos que ya iba siendo hora de hacer la canción. Así que por primera vez nos metimos juntos a un estudio. 

¿Y cómo fue el proceso? En un principio íbamos a hacer una canción de malianteo, un rollo para la calle, más rap. Pero nos vinimos arriba y pensamos en hacer un hit, algo para que la gente baile y se lo pase bien, algo con lo que la gente pudiera hacer coreografías. Para eso hacemos música, para que la gente lo baile. Creamos las melodías y teníamos una instrumental que nos pasó el productor.

Pero no le acabó de convencer... Me llevé la canción a casa para estudiarla porque quería que lo que sacara rompiera, quería estar convencido. Al principio la canción era mucho, mucho más lenta y tuve que volver a Madrid para poder acelerarla. Volvimos a grabar las voces.

¿Y cómo lo compatibilizó con el concurso de Supervivientes? Grabé el videoclip un día antes de irme a Supervivientes. No nos decían nada, sólo ‘esta semana estad prevenidos que os llevaremos’, así que sabía que tenía que grabar el vídeo esa semana. En un principio se barajó irnos a Estados Unidos a grabar el vídeo, porque queríamos hacerlo en un campus universitario y liarla, pero por tiempo era imposible, así que lo grabamos en Madrid en un día. Volví a mi casa a las cinco de la mañana, cogí la maleta y de vuelta a Madrid, donde ya nos incomunicaron.

¿Por qué el tema de la infidelidad? Porque desgraciadamente vivimos en una sociedad en la que está pasando eso, es muy común. [Me la están poniendo los vecinos, sabes?] Yo tengo canciones de todo tipo y yo antes era un poquito más romántico. Empecé haciendo rap, cosas más de la calle y poco a poco me fui moldeando. Hacía canciones con más mensaje, de amor, pero si te das cuenta lo que la gente quiere escuchar es esto. Ahí están los números. Y es que pasa mucho. Parece ser que hay un cierto público que no es feliz con su pareja y quieren vivir una aventura diferente y no se atreven a dejar a su pareja porque están cómodos, pero no se quieren, ni ellos ni ellas.

¿Este estilo de música debe tener más mensaje o más profundidad? Yo soy partidario de que una buena canción tiene que tener un mensaje, ya sea que tienes que salir a emborracharte o que tienes que valorar las pequeñas cosas que te ofrece la vida. Yo relato un mensaje, de manera directa o indirecta. Es cierto que el trap está muy ligado a otro tipo de mensaje no tan profundo.

¿Hace falta que lo tenga? El artista más trapero a lo mejor no se siente en la obligación de dar un mensaje, a lo mejor sólo quiere hacer que la gente se lo baile, lo pase bien y se distraiga, lo veo lícito. Cada artista es diferente Por mi parte siempre intento dar un poquito de aquí y un poquito de allá. La gente asocia el trap con ponérsela para salir de fiesta. Y ya está.

Omar y usted tienen la doble faceta televisiva y musical, ¿es un estilo muy ligado al famoseo? Yo soy una persona antitelevisión, de ella he huido siempre. Mi afición es la música y el boxeo y tenemos a muchos amigos que son boxeadores. Omar se decantó un poco más por la televisión pero yo siempre he intentado huir. He hecho pequeñas cosas y he salido en programas pero no al nivel de este gran reality. Siempre he pensado que la exposición te puede venir bien pero también mal. Y más cuando te expones tanto.

Usted ya era bastante conocido... Yo no soy George Clooney, pero tengo un público que cuando me voy de vacaciones a un sitio me paran, si voy al Mercadona me paran, los chavales y chavalas que me conocen. Pero llegué a un punto en mi carrera en el que dije ‘si ya me conoce mi sector’ si por donde vaya mi gente me reconoce…

¿El suyo es un estilo en el que hay que luchar contra prejuicios, porque se minusvalora? Ahora mismo el reguetón y la música urbana son el nuevo pop e incluso los artistas del pop más grandes de nuestro país han acabado cantando reguetón. Alejandro Sanz ha hecho uno, David Bisbal se ha juntado con Juan Magán, Antonio Orozco, Malú… todo cambia, la música cambia, las modas cambian y hoy en día el streaming más grande en España se lo lleva la gente que hace reguetón, con millones de oyentes mensuales. Te pones a ver las listas y de cada 10 hay 8 que somos los que hacemos música urbana.

¿También hay prejuicios por ser gitano y hacer este estilo? Es que cuando yo empecé esto no existía. Cuando empecé no había reguetón mezclado con flamenco, ni con rap, no se hacía. El primero en hacerlo fui yo en el año 2008, así que por entonces era lo más raro del mundo, porque incluso era raro el reguetón. Aún no le gustaba a nadie, se tardó en digerir.

¿Y cómo llegó a esa mezcla? Yo venía del flamenco y además me gustaban el rap y el flamenco y un colega me dijo que se había comprado un micro, uno de Messenger y que si grabábamos una canción. Nos bajamos una base instrumental de internet que tenía reguetón y le dije que lo quería mezclar. Llamé a un gitano de mi barrio, que tocaba el piano y grabamos un piano flamenquito, le metí unas palmas e hice una remezcla que quedó raro como si te comes un plato de habichuelas con mortadela.

Raro, pero a la gente le empezó a encajar, ¿es así? La canción triunfó y la gente se la pasaba por infrarrojos o por bluetooth. Yo aún era menor de edad. Y empecé a escucharla en los coches… y con un móvil que graba con 3 megapixels hicimos el vídeo y lo subimos a YouTube. Y tuvo mil visitas y yo ya me pensaba que era famoso. La sorpresa fue que al mes tenía cien mil visitas y en aquella época, donde nadie tenía ordenador y te tenías que ir a un locutorio… al final se puso en un millón de visitas y empezaron a llamarme de todos los sitios.

¿Sólo encontró oposición? Había un pequeño sector de gitanos que sí me apoyaban y me decían “en verdad es raro, pero mola” y mi padre me decía que no sabía qué estaba haciendo con mi vida (risas). A él nunca se lo enseñé, ni a mi familia, en mi casa nadie sabía que yo cantaba.

¿Cómo se enteró? Yo iba al mercado por aquel entonces, yo vendía zapatos a cinco euros, y venía la gente al mercado y me felicitaba por la canción y mi padre se quedaba todo rayado. Yo le decía que se estaban confundiendo y que yo les seguía el rollo, pero que me confundirían con algún cantante. Pero la canción ya se hizo viral y se enteró y lo único que me dijo fue que cambiara el vocabulario, que era un guarro (risas) .

¿Le hizo caso en eso de las letras? Yo era un chaval y venía del barrio y decía muchas tonterías, nada que tuviera sentido. A partir de ahí seguí su consejo, haciendo el mismo rollo, pero cambiando las letras.

Mercadillo, fútbol, informática… Ha hecho de todo. Eso es culpa de mi padre. Yo era un chaval de barrio marginal, de las 613 viviendas, que es donde hemos vivido toda la vida y cuando bajabas era lo que veías, chavales fumando porros, robando motos, los padres de la gente en la cárcel, niños que iban con medio bocadillo al colegio porque no tenían nada. Era un barrio muy difícil y complicado. Mis padres siempre han sido personas honradas, trabajadoras y humildes, con unos valores increíbles. Pero no convives con tus padres 24 horas al día. Y si tus padres te dan una educación pero vas al colegio y los mismos profesores no te quieren enseñar porque te dan por imposibles…

¿Se sintió tentado por esa dinámica? Yo tenía capacidad para aprender y era el más aplicado y la profesora le dijo a mi padre que era una pena que con lo aplicado que era estuviera en ese centro. Y mi padre empezó a apuntarme a clases de informática, a un montón de extraescolares.

El fútbol fue su primer opción, ¿no? Mientras tanto empecé en el fútbol, en el equipo de mi barrio. Y en un partido de fútbol sala un ojeador me ofreció ir a jugar en fútbol 11 y después me ofrecieron ir a hacer las pruebas para el Levante. Al final dejé los estudios, porque pasaba de curso sin estudiar y las malas compañías eran lo que eran. Ese colegio era la ciudad sin ley así que empecé a centrarme en el fútbol e incluso me hicieron una oferta del Valencia. Pero mientras tanto estaba ya haciendo música.

¿Fue ahí cuando cambió de camino? Tenía que ayudar en casa y empecé a salir al mercado. Así que estaba con el mercado, con el fútbol y con la música, que entonces era sólo un hobby, aunque pensaba que me iba a ir mejor en el fútbol. Pero la música empezó a dar frutos antes y empecé a ilusionarme más y decidí pasar más tiempo en el estudio… y decidí aprovechar toda mi energía en la música y abandoné todo lo demás. Aunque también hice un curso de soldador, de fontanería… (Risas).

¿Qué es el éxito, cuando y qué tiene que pasar para pensar que lo ha alcanzado? Yo diría que ya, sinceramente. Yo empecé de cero, no sabía lo que iba a pasar con mi vida y sólo veía a amigos cada vez peor. Y hasta que no me centré y dije ‘voy a aprovechar mi juventud y el talento que Dios me haya podido dar y el trabajo duro para labrarme un futuro, no empecé. Pasé mucho muchos años metido en un estudio, componiendo, aprendiendo música e intentando transmitir lo que sentía. Y cuando me centré al 100% vi que podía vivir de esto. Primero me llamaron para hacer apariciones en Fallas y de ahí empecé a ver que la gente iba a los sitios donde yo actuaba y creé una infraestructura seria o profesional.

Y de montárselo por su cuenta pasó a firmar por una multinacional... Cuando ya lo tenía todo montado y empecé a ganar dinero y a vivir bien recibí la propuesta de Warner de firmar con ellos como artista. Así que por lo que he luchado durante años, que era crearme un nombre en la música y ser profesional, eso ya lo he cumplido. Tengo un contrato discográfico y vivo de lo que me gusta. Mi sueño era este.

El verano y los conciertos están en el aire por culpa del coronavirus. ¿Cómo lo afronta? Yo tenía una gira de un año cerrada y ahora está todo en el aire. Yo voy a aprovechar para trabajar en un disco. Ya me he hecho a la idea de que esto va a empezar el año que viene. Así que hay que aprovechar estos momentos para bien. Quedarse en casa si hacer nada no sirve. Si este año iba a hacer conciertos en sitios de 4.000 personas y no puedo pues voy a trabajar en temas que lo revienten y el año que viene intentar hacer un WiZink Center o un Palau Sant Jordi.

Mostrar comentarios

Códigos Descuento