Mascarillas: entre la eficacia probada y la sensación de falsa seguridad

Una mujer con mascarilla, guantes y un carrito de la compra camina por la calle.
Una mujer con mascarilla, guantes y un carrito de la compra camina por la calle.
María José López

El uso obligatorio de mascarillas en espacios cerrados y cuando no se garantice la distancia de seguridad en la calle que el Gobierno ha aprobado este lunes supone un paso más en el uso de este método preventivo que ha pasado de ser desincentivado por las autoridades sanitarias a hacerse cada vez más extensivo tanto en España como en el resto del planeta.

La eficacia de las mascarillas quirúrgicas a la hora de evitar que los portadores contagien de la Covid-19 a otras personas está generalmente aceptada desde abril, tras la publicación de un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Hong Kong.

Sin embargo, la OMS -que recomienda solo su uso a contagiados y personas que cuiden de a pacientes con posibilidad de estar infectados- se ha resistido hasta ahora a recomendar su uso generalizado ante el riesgo de que generen una sensación de falsa seguridad que haga cumplir de manera menos estricta otras medidas más efectivas como la distancia de seguridad o la higiene de las manos.

"Si sabemos que funciona, parece que, por sentido común, sería una vía interesante para evitar el riesgo de transmisión", declara Alberto Torres, portavoz de la Sociedad Española de Medicina Preventiva (SEMPSPH).

"Entiendo el argumento en contra, pero los seres humanos nos solemos comunicar a menos distancia de dos metros, lo que es muy difícil es integrar que tenemos que estar siempre a dos metros, eso no es realista", añade el doctor Torres.

La obligatoriedad del uso de mascarillas en todo espacio público ha sido impuesta en 50 países a nivel mundial, entre ellos China, donde no llevarla puede suponer el arresto del infractor. En Europa, es obligatoria solo en algunos países de Europa del Este y en regiones específicas de Alemania, Francia o Italia.

Los riesgos de un uso inapropiado

En muchos países del Este de Asia su uso se ha normalizado sin la necesidad de una legislación específica tras años de concienciación y el paso de varias epidemias. Sin embargo, en España sigue suponiendo un elemento extraño y vinculado generalmente solo al ámbito sanitario, lo que podría aumentar las posibilidades de que se le de un mal uso.

"En sociedades donde no se está acostumbrado al uso de mascarillas podría llegar a ser contraproducente si se hace un uso inadecuado y si no va acompañada de la medida más importante de prevención de la infección que es la higiene de mano"”, señala Blanca Borrás, médico residente de medicina preventiva y salud pública.

"Si te tocas la mascarilla o parte de la cara con las manos sucias porque te pica o te da calor, sería contraproducente", explica la doctora Borrás, que es partidaria del uso de la mascarilla exclusivamente en espacios cerrados o cuando se produzcan aglomeraciones al aire libre, como finalmente ha aprobado el Gobierno.

El debate en torno a las mascarillas no solo se ha centrado en el espacio en el que debe usarse o sobre quién debe portarla, sino qué tipo de mascarilla es la idónea para el uso extensivo.

El Gobierno de la Comunidad de Madrid adquirió mascarillas de tipo FPP2 para entregar a los ciudadanos madrileños de manera gratuita, suscitando las críticas de varios jefes de medicina preventiva de hospitales de la comunidad al tratarse de mascarillas cuyo uso está solamente recomendado para personal sanitario.

El tipo de mascarilla es importante

Existen tres grandes tipos de mascarillas: higiénicas, quirúrgicas y EPI -categoría, ésta última en la que entran las mencionadas de tipo FPP2-. El Gobierno recomienda el uso de cada una de ellas dependiendo del nivel de contacto que tenga el usuario con la enfermedad.

"La utilidad real del uso generalizado de la mascarilla es simplemente reducir la expulsión de gotitas que lleven la infección, como una barrera física hacia fuera", explica el médico de familia Vicente Baos, que señala a la mascarilla quirúrgica, como la que debe usarse para este fin.

"Las mascarillas que filtran de fuera hacia dentro -como las FPP2- están reservadas para los espacios y los profesionales que trabajan con personas que sabes a ciencia cierta que están eliminando el virus, como puede ser en la atención sanitaria o en una residencia, donde el riesgo es mucho mayor", defiende el doctor Baos, que recuerda que una mascarilla FPP2 "te dura un turno y se necesitan más para renovar".

Finalmente, un último argumento favorable al uso de la mascarilla no es tanto sanitario como social. El uso generalizado de este elemento de protección, no solo por parte de personas enfermas, evitaría la discriminación social de las personas contagiadas, que serían fácilmente identificable si solo ellos estuvieran obligados a usarla.

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